La nena atacada por un pitbull dejó el hospital: los médicos no podían creer lo que vieron en el pasillo
¿Cómo hizo el equipo del Hospital del Niño Jesús para sacar adelante a una nena que llegó gravísima y con pronóstico reservado? La respuesta está en los pasillos de la sala 7.
Después de días en los que su vida pendió de un hilo, Luciana volvió a caminar por los pasillos del Hospital del Niño Jesús y este viernes recibió el alta. La pequeña había ingresado con lesiones gravísimas tras el ataque de un perro pitbull y ahora podrá regresar a su casa junto a su familia.
La escena, según contaron desde el centro de salud, fue de pura emoción: la nena avanzando de la mano de su abuela, Rosa Soria, mientras médicos, enfermeros y especialistas que la acompañaron desde el primer día se acercaban a abrazarla. Hubo lágrimas y risas en partes iguales.
Un ingreso al límite
La directora del hospital, Inés Gramajo, repasó cómo fue la llegada de Luciana: se produjo un día feriado, en estado crítico, con hipotensión marcada, descompensación hemodinámica y complicaciones respiratorias. Un cuadro que volvía muy difícil cualquier maniobra.
Antes de llegar al Niño Jesús, la nena había pasado por el Hospital Padilla, donde recibió una primera asistencia. Allí se definió el traslado porque necesitaba ser intubada y atendida por especialistas.
“Llegó gravísima”, recordó Gramajo. Los pediatras de guardia consiguieron estabilizarla, aseguraron la vía aérea y pidieron los estudios para dimensionar el daño. Después vino el pase a terapia intensiva.
En total, Luciana pasó nueve días con asistencia respiratoria mecánica y tres más en terapia intensiva, ya sin el respirador. Luego transitó terapia intermedia y finalmente se instaló en la sala de clínica para completar la recuperación.
Gramajo también subrayó el compromiso de los cirujanos, que se presentaron en pleno feriado para operar durante unas tres horas y media y reconstruir las estructuras dañadas del rostro.
“Una niña que llegó grave, con pronósticos reservados, que hoy se pueda ir de alta, la verdad que es digno de destacar el trabajo en conjunto que tienen nuestros médicos, nuestras enfermeras y todo el equipo del hospital”, expresó la directora.
Las lesiones y el seguimiento
Beatriz De Fusco, médica de la sala 7, detalló el cuadro que presentó la paciente: doble fractura de mandíbula, una lesión del motor ocular del ojo izquierdo y parálisis facial del lado derecho. Además, durante la internación contrajo bronquiolitis por virus sincicial respiratorio, una infección habitual en esta época, que pudo superarse sin complicaciones.
“Es una desgracia con suerte. Ella estuvo muchos días en respirador, muy grave, y cuando pasó a la sala 7 tuvo una muy buena evolución”, explicó la profesional, que no ocultó la satisfacción del equipo al verla en condiciones de volver a casa.
El alta no significa que el camino termine. Luciana seguirá con controles programados, en especial por el ojo izquierdo, y se evaluará si necesita interconsultas con otros especialistas según cómo avance.
El seguimiento involucra al cirujano plástico Martín Sánchez; al odontólogo que la operó, Martín Hilal; al equipo de oftalmología, con Marcela Judith Gonorazky; y a neurología, con Augusto Médici. También hará rehabilitación motora con fonoaudiología y quedará bajo la órbita de su pediatra de cabecera.
De Fusco precisó que el primer control estaba previsto para el lunes y que la abuela recibió todas las pautas de alarma para el cuidado en el hogar. La recuperación, dijo, fue posible por el trabajo coordinado de clínicos, especialistas, terapia intensiva y rehabilitación. “Es un equipo que trabaja en conjunto”, resumió.
El cuidado detrás de la recuperación
Marta Elena Íñigo, jefa de Enfermería de la sala 7, recordó que Luciana llegó a esa unidad después de atravesar lo peor de la internación.
“Llegó muy grave a nuestro hospital, estuvo en terapia intensiva, muy delicada, crítica, y llegó a nuestro servicio ya más estable. Nosotros hemos continuado con el cuidado humanizado que tienen nuestros enfermeros, especializados para atender a nuestros pacientitos, a nuestros niños”, relató.
El día a día exigió tareas precisas: higiene oftalmológica rutinaria, cuidado de sondas y dispositivos, siempre bajo indicación médica y con el objetivo de evitar infecciones. A medida que la nena mejoraba, los aparatos se fueron retirando y los cuidados se adaptaron a sus nuevas necesidades. La jefa de Enfermería también remarcó que no faltaron medicación ni insumos.
Pero el acompañamiento excedió los procedimientos. El afecto y la contención fueron parte del tratamiento. “Todo el equipo, el hospital, el ministro de Salud, Luis Medina Ruiz, que viene siempre a acompañarnos y nuestra directora, que recorre nuestro hospital todos los días, son un gran acompañamiento”, expresó Íñigo.
La emoción apareció al repasar los avances. “Ayer la veía caminar por acá y no lo podía creer. Es una niña muy activa, así que se nota que se va bien a su casa”, contó.
“Gracias por salvarle la vida a mi bebé”
Para Rosa Soria, el alta es mucho más que el cierre de una internación: es poder llevar otra vez a su nieta a casa después de días de miedo e incertidumbre. Consultado sobre si imaginaba este momento, fue sincera: “En los primeros días, no. Fue imposible porque ella estaba muy mal”.
Con la voz quebrada, agradeció a todos los que intervinieron en la recuperación: “Gracias a los médicos, a todo, al Ministerio, de lo que pudieron salvarle la vida a mi bebé. Estoy re agradecida”.
Ahora el desafío se traslada al hogar, con los controles, la rehabilitación y las indicaciones de los profesionales. Rosa prometió seguir las recomendaciones al pie de la letra y acompañar a Luciana en cada paso. “Muy buena atención tuvo mi bebé”, cerró.


