La nena que quedó huérfana en la guerra y a los 14 ya volaba: el récord que todavía nadie pudo romper
Perdió a sus padres en la Segunda Guerra Mundial, unas monjas la trajeron a la Argentina y a los 14 años ya volaba sola. El récord mundial que firmó en 1951 sigue sin ser superado: la historia de Charito Germanó, la primera mujer en ganar un campeonato internacional de acrobacia aérea.
Amparo "Charito" Germanó nació en Lyon, perdió a sus padres durante la Segunda Guerra Mundial, cruzó el océano gracias a unas monjas franciscanas y se convirtió en la primera mujer del mundo en ganar un campeonato internacional de acrobacia aérea. Su marca de 963 loopings sigue vigente 75 años después.
La casa era de los años 50, con un jardín chico adelante, cerca del faro de Punta Mogotes. Ahí vivía desde 1996 junto a Julio Díaz, su segundo marido, también aviador. Cuando llegué, puntual a las cuatro de la tarde, una señora me abrió la puerta. Charito esperaba en su silla de ruedas, sonriente, contenta por el reencuentro. Hacía 18 años que no nos veíamos, desde aquella mañana de marzo de 1992 en el museo Fragata Sarmiento. Ese día me regaló una medalla dorada para que no me olvidara de ella.
Sobre una mesa grande y desordenada, tapada de papeles, había un vaso de whisky por la mitad. Cuatro perros y dos gatos nos rodeaban con curiosidad. En la pared colgaban premios, diplomas y fotos de su vida de aviadora, algo torcidos por el paso del tiempo. Ese era su mundo en octubre de 2010, la última vez que la vi.
Una vida marcada por la guerra
Nació en Lyon, Francia, en 1937. La bautizaron Marie Rosie Jeanfreu. Su padre, el capitán George Janfreu, combatió en la Segunda Guerra Mundial para liberar a Francia de los nazis en las llamadas "Blitz Krieg" o "Guerra Relámpago". Murió en combate: fue derribado cerca de Rouen, al amanecer, cuando piloteaba un caza Dewoitine D-520 de L'Armée de l'Air. Cayó al mar con su máquina.
Poco después, Marie Rosie también perdió a su madre, que viajó a París y nunca regresó. Ambos fueron parte de los casi 600 mil muertos y desaparecidos que dejó Francia durante la contienda. Quedó sola, huérfana. Una Orden de Monjas Franciscanas la protegió y la envió a la Argentina, donde empezó de cero.
"Aquellas religiosas trajeron a los huerfanitos ingleses y franceses a distintos países sudamericanos. Por suerte, a mí me tocó Argentina, donde crecí y estudié siempre con la idea de ser piloto de aviones. Eran monjas francesas, muy liberales. No sólo me dejaron hacer lo que quería, sino que me llevaron a aprender con el mejor maestro que había: Santiago Germanó, quien me enseñó todo", contó en una entrevista.
En el país, su nombre francés Rosaire se tradujo al español como Rosario, y de ahí derivó en el hipocorístico Charito, el nombre con el que la conoció el mundo. Se dice que convenció a las monjas de su ilusión de volar con un poema propio titulado "Sed de cielos y distancias". La primera estrofa decía: "Una sed insaciable/de cielos y distancias/me ilumina el espíritu/en esta tarde azul".
El récord que la puso en el mapa
Las monjas la llevaron con Santiago Germanó, experto en acrobacia aérea y su primer amor. Poco después, el ambiente aeronáutico escuchó su nombre por primera vez. Fue en San Fernando, cuando hizo 857 rizos o loopings consecutivos y batió el récord nacional. Tenía apenas 14 años. Los últimos 200 loops los hizo de noche, tomando como referencia las luces de una ambulancia.
Su consagración definitiva llegó el domingo 25 de noviembre de 1951, durante la inauguración del aeroclub de Carhué. Ante el asombro de todos, hizo 963 loops consecutivos y marcó el nuevo récord mundial para una mujer, que sigue vigente hoy, 75 años después.
La crónica de la época, guardada en los documentos del Museo Regional Dr. Adolfo Alsina, lo relata así: "Era el turno de Amparo dispuesta a batir el record de María del Carmen Romero de 887 loopings. A las 6:30 el Piper biplaza J3 de 65 caballos despertaba a muchos carhuenses comenzando a dar un rizo tras otro. La gente poco a poco, en especial los madrugadores comenzaron a mirar al cielo y muchos enfilaron hacia el aeroclub y allí, en sus autos o simplemente en el suelo la saludaban a cada giro. Y giró… y giró… hasta que el avión se quedó sin combustible, tras increíbles 2 horas y 45 minutos. La Dirección de Aeronáutica había enviado fiscalizadores que instalados en la pista habían monitoreado el acontecimiento. Cuando Charito bajó del avión le dieron las felicitaciones junto con un ramo de flores. Había batido ampliamente el record con increíbles 963 giros."
El mundo a sus pies
En julio de 1954, ya con reconocimiento público, piloteó uno de los 100 aviones argentinos que volaron en la recordada "Reboada Internacional", la caravana aérea civil para celebrar el cuarto centenario de la fundación de San Pablo, en Brasil. Sin embargo, esa travesía festiva al mando de un Focke Wulff descubierto se convirtió en la experiencia más traumática de su carrera.
En octubre de 2010, cuando compartimos el último whisky, le pregunté cuál había sido el momento más difícil, el que la llevó al límite. "Fue cuando volamos hacia Brasil. Al cruzar el Golfo de Santa Catarina, un problema de contaminación de agua en el tanque de nafta hizo que el motor del avión comenzara a toser y eso me hacía perder altura. Entonces le daba toda potencia para ascender y así se volvía a mezclar con más nafta y recuperaba la potencia y la estabilidad. Sólo el hecho de pensar que podía caer al mar y ser devorada por los tiburones hizo que lograra mantener el avión en vuelo. Me desesperaba la idea de terminar como mi padre...", contestó.
Pocos meses después, ese mismo año, fue a medirse a Europa. Piloteó un avión construido íntegramente en la Argentina: el Focke Wulff Fw-44 "Stieglitz", bajo licencia alemana, con el que ganó el Campeonato Mundial de Acrobacia Aérea realizado en Coventry, Inglaterra.
Fue la primera mujer en ganar un Campeonato Mundial, y su consagración trajo el primer título en la disciplina para la Argentina. Charito, que tenía 17 años, derrotó a Franck Price, un experimentado piloto norteamericano, veterano de la Segunda Guerra y de la de Corea, que por esos días se dedicaba a doblar escenas aéreas en las películas de Hollywood. Su triunfo hizo que fuera recibida por la reina de Inglaterra. Y la Asociación Internacional de Mujeres Aviadoras de Estados Unidos, que tenía entonces 100 integrantes, la reconoció como una miembro más.
El té con Isabel II y una carrera sin techo
Charito tomó el té con Isabel II en el Palacio de Buckingham. "En Londres, los del hotel me decían que tenía que ir hasta Buckingham en tren. Les hice caso. Estaba en camino cuando un guarda me viene a buscar y me lleva al primer vagón. Cuando llegamos a destino, me recibieron con una alfombra roja. Además, me estaba esperando la banda de la reina. Pensé que iban a tocar la Marsellesa, ¡pero tocaron la Marcha de San Lorenzo! Claro, yo representaba a la Argentina. Me encantó", recordó.
Conoció a los dos hijos mayores de Isabel II, el príncipe Carlos (actual rey) y la princesa Ana, que le dijeron que querían ser aviadores. "Yo no tenía mucho inglés pero ellos eran muy cultos y me hablaban en francés. Me llenaron de preguntas y nos entendimos divinamente", contó.
La gira siguió por gran parte de Europa: voló en Italia, España, Alemania, Holanda y en su tierra de origen, Francia. Al final de ese 1954 inolvidable, recibió el más importante reconocimiento: la Fuerza Aérea Argentina le otorgó el brevet de Aviadora Militar.
Pero sus logros no la detuvieron. Hizo el curso de helicopterista en el Ejército, voló planeadores, practicó equitación, natación y compitió en motonáutica. A lo largo de su vida sumó más de 7.000 horas de vuelo, en las que rompió récords y se convirtió en una estrella de la aviación mundial. Fue recibida por reyes y presidentes. Incluso, una famosa marca de cosméticos etiquetó un perfume con su nombre: "Charito".
Francia, su país natal, le hizo una importante oferta económica para que siguiera su carrera profesional con la bandera tricolor. Pero Charito la rechazó porque siempre se sintió agradecida con la Argentina, el país que la recibió y donde aprendió a volar.
"Acá me ves, postrada. Sé que se viene el final, pero estoy feliz por la vida que tuve. Tan grande fue mi pasión por volar que no quise tener hijos para dedicarme solo a mi gran vocación", me dijo con cierta timidez y voz cansada en nuestro último encuentro. Sentí que era la despedida.
Pocos días después, el 14 de noviembre de 2010, Charito cumplió 73 años. Y nueve días más tarde, el martes 23, a las nueve de la noche, inició su último vuelo nocturno, como a ella le gustaba volar, acompañando a Jorge Newbery, Bartolomé de Palazzo, Vicente Almonacid, Benjamín Matienzo, Pedro Zanni, Carola Lorenzini y Amalia Celia Figueredo, entre otros tantos pioneros de los cielos, en una simétrica escuadra eterna. Proféticamente lo había expresado en aquel poema dado a las monjas: "Quisiera yo elevarme/perderme en el poniente/traspasar el horizonte/y embriagarme de sol/no reconocer vallas/no reconocer límites/y en mi afán de distancias/aproximarme a Dios."
Sus éxitos internacionales contribuyeron al prestigio de la aviación argentina. Consolidó la acrobacia aérea como disciplina competitiva de alto nivel. Su influencia fue decisiva para las mujeres en la aviación. En un mundo dominado por hombres, demostró que una mujer podía competir al máximo nivel. Y ganar, porque les ganó a todos.