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Monteros
15 septiembre 2019

“La nena tomó lavandina y el colectivero no dudó qué hacer”

Delfina tiene un año y medio y en un descuido en su casa de San Pablo ingirió lavandina pura. Su mamá, Mónica, se enteró a bordo del colectivo y desesperada quiso bajarse en la ruta. Ahí apareció Raúl Díaz, el chofer.

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Raúl Díaz se despierta todos los días a las cuatro de la mañana para manejar el colectivo. Es chofer de la línea 9. Pero el sueldo no alcanza y en las horas de descanso hace unos pesos extra según la ocasión. Esta vez, en el marco de un cierre de campaña, Raúl llevaba militantes a un acto político desde San Pablo hasta Lules. Iba por la ruta cuando sonó el celular de una de las pasajeras: “¡Mónica, ¿dónde estás? ¡Vení urgente a la casa! La Delfi tomó lavandina, ¡vení por favor!”
“Raúl estaba destinado a buscarnos para llevarnos a Lules. Cuando estábamos llegando a Lules, me llaman a mí de la familia, preguntándome dónde estaba Mónica. Su hijita se había enfermado. La nena tiene 1 año y medio. Cuando se enteró, la mamá quiso bajarse en la ruta en el medio de la nada. Ahí fue que entró en acción Raúl. La nena tomó lavandina y el colectivero le salvó la vida”, relata, todavía conmovida, Luciana Albornoz, quien trabaja en la campaña de los mellizos Orellana.
La mamá de la nena insistía en bajarse antes de llegar a Lules. Raúl Díaz ya estaba al tanto del drama cuando le dijo: “No se baje, señora. Yo la llevo”. En ese momento, ocurrió lo inesperado: “Hizo bajar a todos los manifestantes que iban al acto, los dejó varados en la ruta, quedó solo en el colectivo con la señora y volvieron a toda velocidad a buscar a la nena. La señora estaba desesperada”.
Siempre con Raúl al volante y Mónica de pie a su lado mirando la ruta por delante, llegaron a la casa de la señora donde Delfina ya se encontraba en grave estado: “Subieron a la nena en el colectivo y fueron a la guardia del Hospital de San Pablo. Allí le hicieron los primeros auxilios a la nena. Había tomado lavandina pura, confirmaron los médicos. Y le dijeron a la mamá que, gracias al rápido accionar del colectivero, le salvaron la vida”.
“No sé si es algo anormal lo que hice. Estábamos yendo para ahí. La señora entró en desesperación. Uno que tiene madre, esposa, sabe lo que es. Tomé la decisión de ayudarla. Le dice que no se haga problema: ‘Vamos, yo la llevo’. Ahí nomás hicimos eso. Fuimos a su casa, la señora no tenía crédito, le presté mi teléfono, les decía que vayan preparando a la nena. Se la veía medio mal a la chiquita, pobrecita, por lo que había tomado lavandina. Yo tenía que volver con la gente, pero le dejé mi teléfono para que me tuviera al tanto. No había muchas opciones: hice lo que tenía que hacer”, le cuenta Raúl a el tucumano.
Desde San Pablo, trasladaron de urgencia a Delfina al Hospital de Niños. Le hicieron un lavaje de estómago y continúa en reposo. A las siete de la tarde empezó todo este calvario y a las 12 de la noche le dijeron a Raúl que la nena ya estaba bien. “No me importa la hora ni lo que tenía que hacer ni para lo que me habían contratado. Yo tenía que rescatar a la criatura”, cuenta ahora Raúl Díaz, el héroe sin capa al volante de un colectivo en la ruta, preocupado por Delfina, la nena de un año y medio: “¿Cómo está la chiquita?”. Se lo responde Luciana: “La gorda está bien, tiene llagas en la boquita, pero ya salió del peligro. Está bien. Y está bien gracias a él”. 

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