La noche de terror en un cumpleaños de 15: la historia de bullying que terminó en abuso

Cuatro jóvenes rompieron el silencio y contaron cómo el bullying marcó sus vidas. Una de ellas vivió un abuso en un cumpleaños de 15. ¿Qué pasó después?

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La noche de terror en un cumpleaños de 15: la historia de bullying que terminó en abuso

En el marco del Día Internacional contra el Acoso Escolar, cuatro jóvenes rompieron el silencio y contaron cómo el bullying marcó sus vidas. Galo, Julieta, Candela y Nicolás compartieron sus experiencias de violencia sostenida, humillaciones y, en algunos casos, abusos que ocurrieron dentro y fuera de las aulas.

Las historias, reunidas por Rosario3, muestran que el acoso escolar no termina cuando suena el timbre. Deja heridas que pueden durar años y que, muchas veces, no son visibles.

Galo: la risa de cinco minutos que dejó una cicatriz eterna

Galo tiene hoy 28 años, es kinesiólogo y dirige entrenamientos. Pero durante su primer año de secundaria, el infierno era diario. Las burlas por su contextura delgada escalaron hasta la violencia física: “Me llegaron a abrir un paraguas en el ojo, me lo cortaron”, recordó. La ambulancia llegó más de 100 veces en horario escolar. Un día, harto, respondió. “Sabía que si no ponía un límite, no iba a haber otra oportunidad”, dijo. Recién el año pasado se animó a sacarse la remera en una pileta sin pensar en la mirada de los demás. “El momento de risa puede durar cinco minutos, pero la herida dura toda la vida”, reflexionó.

Julieta: el bullying que desencadenó un trastorno alimenticio

Julieta, de 26 años, terapeuta ocupacional y maestra de teatro, sufrió bullying desde el jardín hasta cuarto grado por ser “gordita”. En la escuela, las divisiones entre “Las Populares” y “Las Divinas” la excluían. A los 11 años quiso ir a una nutricionista. “Quería estar bien para Carlos Paz, era muy chiquita”, confesó. Ese fue el comienzo de un trastorno alimenticio con el que aún aprende a vivir. “Siento que si en ese momento los adultos hubieran hablado más, las cosas hubieran sido distintas”, reflexionó.

Candela: el abuso en un cumpleaños de 15 y la decisión de repetir el año

Candela, de 26 años, vivió el momento más oscuro en un cumpleaños de 15. “Me invitan a una quinta, me tiran a la pileta y ahí empezó todo. Esa noche tenía miedo de quedarme dormida. Me sacaban fotos, me decían barbaridades… y un hombre más grande se metió en el baño y me manoseó”, relató. La violencia continuó en redes y en la escuela, donde la responsabilizaron. La respuesta institucional fue mínima: solo pidieron borrar comentarios de Facebook. Para sobrevivir, Candela repitió el año. “Nadie entendía que repetí porque estaba en juego mi vida”, dijo. Hoy, si pudiera hablar con su yo adolescente, le diría: “Que hable más, que sea más firme”.

Nicolás: los golpes diarios y el refugio en el teatro

Nicolás, de 32 años, coordinador de postproducción, recuerda el bullying desde el jardín. La violencia era constante: dentro de la escuela, a la salida, en el aula. “Me recagaban a palos, básicamente”, resumió. Un día le clavaron un clavo oxidado en la mano. “Muchas veces pensé que de esa no salía”, confesó. El teatro fue su salvación, un lugar donde encontró otra versión de sí mismo. Si pudiera hablar con el “Nico de chiquito”, le diría: “Que no tenga miedo, que todo va a estar bien”.

Las cuatro historias coinciden en algo: el bullying no es un momento, es un proceso. Y el rol de los adultos, las instituciones y los entornos cercanos puede cambiarlo todo.

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