La noticia llegó un mes después: el día que Tucumán se enteró de la Revolución de Mayo
¿Sabías que en Tucumán se enteraron de la Revolución de Mayo recién un mes después? La historia de cómo una ciudad colonial decidió su destino.
Mientras en Buenos Aires se gestaba la Revolución de Mayo, en Tucumán la vida seguía su curso. El 11 de junio de 1810, recién allí se conoció oficialmente la formación de la Primera Junta. Una demora que marcaría el ritmo de la adhesión tucumana al proceso independentista.
En aquellos días, San Miguel de Tucumán era una pequeña ciudad colonial de unos 6.000 habitantes. Calles de tierra, casas bajas de adobe y una vida que giraba en torno a la plaza principal —hoy Plaza Independencia—, donde se alzaban el antiguo Cabildo, la Catedral y la iglesia de San Francisco. La economía dependía del comercio, la producción agrícola y el tránsito de mercaderías hacia el Alto Perú.
Mientras los porteños debatían el futuro del virreinato, los cabildantes tucumanos discutían problemas más terrenales: en mayo de 1810, una de las mayores preocupaciones locales era la escasez de maíz por una mala cosecha. Nadie imaginaba aún la magnitud del cambio político que se gestaba.
¿Cómo llegó la noticia?
Un chasque a caballo trajo desde Buenos Aires los documentos oficiales que exigían reconocer a la Primera Junta y enviar un representante. Pero la reacción no fue inmediata. En Tucumán, sectores revolucionarios convivían con otros fieles a la Corona española.
El Cabildo local decidió esperar la postura de Salta, de la cual dependía administrativamente. Recién el 25 de junio de 1810, un mes después de los sucesos en Buenos Aires, Tucumán resolvió adherir formalmente a la Revolución de Mayo. Esa fecha quedó marcada como el ingreso oficial de la provincia al proceso revolucionario.
El apoyo inmediato y el entusiasmo popular
El respaldo fue contundente. El Cabildo comenzó a aportar armas, alimentos, animales y hombres. La Junta había solicitado 200 voluntarios para el Ejército del Norte, que marcharía hacia Córdoba y luego al Alto Perú para enfrentar a los realistas.
Los testimonios históricos describen un verdadero entusiasmo popular. Muchos jóvenes tucumanos se presentaron voluntariamente para las tropas de Juan José Castelli y Francisco Antonio Ortiz de Ocampo. Fue necesario limitar las incorporaciones ante la enorme cantidad de personas que quería sumarse a la causa.
Cuando las tropas revolucionarias llegaron a Tucumán, encontraron una ciudad movilizada y festiva. Los vecinos colaboraban con víveres, caballos y armamentos. Muchos de esos tucumanos participaron luego en la victoria patriota de la batalla de Suipacha, el primer gran triunfo militar de la Revolución.
La provincia también eligió rápidamente a su representante ante la Junta Grande: el doctor Manuel Felipe Molina, abogado y político tucumano que tendría una activa participación en los primeros años del gobierno revolucionario.
Sin embargo, no todo fue apoyo unánime. Durante los años siguientes, sectores monárquicos y discusiones políticas sobre el rumbo de la revolución generaron tensiones. En Tucumán, como en buena parte del interior, el proceso independentista fue gradual y lleno de resistencias.
A más de dos siglos, los historiadores destacan que Tucumán tuvo un papel decisivo desde el comienzo: primero con su rápido respaldo político y militar a la Primera Junta y, años después, siendo escenario central de la independencia con el histórico Congreso de 1816 en la Casa de Tucumán.