La ofensiva en Medio Oriente que enfrenta a dos bandos y pone en jaque al mundo: el debate que divide a la Iglesia
Mientras una ofensiva militar sacude Medio Oriente, el Vaticano lanza una advertencia que cuestiona sus fundamentos. ¿Puede una “guerra preventiva” ser moralmente justa? Los papas Francisco y León XIV ya tienen una respuesta, y no es la que quieren oír en Washington y Tel Aviv.
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán abre un interrogante global sobre la legitimidad de las llamadas “guerras preventivas”. Mientras los ataques continúan, el Vaticano alza su voz con una advertencia que pone en duda los argumentos de Washington y Tel Aviv. ¿Se puede justificar moralmente una acción bélica basada en una amenaza futura?
La ofensiva conjunta estadounidense-israelí contra territorio iraní se encuentra en pleno desarrollo, con un final que aún está por escribirse. Los objetivos declarados por la administración de Donald Trump y el gobierno de Benjamín Netanyahu son ambiciosos: desde impedir el desarrollo de armas nucleares en Irán hasta neutralizar la amenaza de Hezbollah en el Líbano.
La postura del Vaticano: un rechazo frontal
Sin embargo, desde Roma surge una posición clara y contundente. Tanto el Papa Francisco como su sucesor, León XIV, han rechazado de plano el concepto de “guerra preventiva”. Al día siguiente del inicio de los bombardeos, el pontífice actual hizo un llamado urgente a detener “la espiral de violencia antes de que se vuelva una vorágine imparable”.
El secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, fue aún más directo. Lamentó que se esté sustituyendo “una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso” por una “diplomacia de la fuerza”, basada en la errónea convicción de que la paz se alcanza con las armas.
¿Qué dice la doctrina sobre la “guerra justa”?
La Iglesia católica no es pacifista. Reconoce el derecho a la legítima defensa, pero bajo condiciones estrictas. En su encíclica *Fratelli Tutti*, Francisco señala que “fácilmente se opta por la guerra detrás de todo tipo de excusas supuestamente humanitarias, defensivas o preventivas”.
El Catecismo de la Iglesia Católica, de 1992, establece que para que una guerra sea justa debe combatir un mal grave y el daño causado no puede ser mayor al mal que se pretende eliminar. Además, debe haber una seria perspectiva de éxito y agotar todas las alternativas pacíficas.
Expertos en teología moral profundizan en este punto. Taylor O’Neill, profesor del Thomas Aquinas College, apunta que se necesita una amenaza “inminente” con “algún arma de gran potencia o una acción militar que efectivamente se ejecutará”. La recta intención es clave: la guerra no está justificada si el motivo real es otro.
Las preguntas incómodas sobre el después
Joseph Capizzi, decano de Teología Moral en la Catholic University of America, introduce una variable crucial: el resultado político. Señala que “meramente decapitar un régimen no es un resultado político suficiente, ya que crea un desorden político que es muy difícil de controlar”.
Para O’Neill, debe existir “algún tipo de plan y una expectativa real de que este plan va a tener éxito”, basado en evaluaciones de inteligencia creíbles sobre lo que ocurrirá después de los ataques. De lo contrario, no se cumplirían los criterios de una guerra justa.
El análisis moral, según los expertos, debe considerar también los resultados de intervenciones previas en la región, como Afganistán, Irak, Siria y Libia. La pregunta subyacente es si estas acciones lograron realmente una situación mejor para la población y mayor seguridad regional.
Mientras las bombas caen sobre Teherán, el debate trasciende lo militar y se instala en el terreno de la ética global. Las declaraciones cambiantes del presidente Trump solo añaden más incertidumbre sobre el futuro de una vía que, según el Vaticano, podría prender fuego al mundo entero.