La oftalmóloga nacida en Comodoro que atiende en los centros de élite de Buenos Aires y no se olvida de Chubut
Comodoro Rivadavia la vio nacer, pero hoy atiende en dos de los centros médicos más exclusivos de Buenos Aires. Carolina Sabater revela qué encuentra en los ojos de sus pacientes que nadie había visto antes.
La prevención es la herramienta más eficaz para cuidar la visión y evitar problemas que, si no se detectan a tiempo, pueden dejar secuelas para toda la vida. Con esa convicción como bandera, la Dra. Carolina Sabater, médica oftalmóloga nacida en Comodoro Rivadavia, desarrolló una carrera que hoy la ubica en instituciones de referencia del área metropolitana, sin perder el lazo con la Patagonia.
Sabater trabaja en el Grupo Médico Lirios del Talar, tiene consultorio particular y realiza interconsultas en centros de alta complejidad. En FLENI Escobar atiende pacientes en neurorrehabilitación, mientras que en el Sanatorio Swiss Medical de Nordelta se desempeña en el área de internación general. Además integra el equipo clínico-quirúrgico Visión Norte Lirios, abocado a la atención oftalmológica y a la resolución de distintas patologías con herramientas diagnósticas y tratamientos especializados.
“Nos dedicamos a prevenir, detectar y tratar las enfermedades visuales. Contamos con herramientas diagnósticas y terapéuticas de avanzada porque nuestro fin último es preservar la visión del paciente”, explica la especialista.
Una carrera que no corta el cordón con Chubut
Formada desde sus raíces patagónicas, Sabater hoy se mueve en centros médicos de referencia del conurbano bonaerense. Aun así, su historia está atravesada por el deseo de sostener el vínculo con Comodoro Rivadavia y con la provincia donde creció.
Ese compromiso se traduce en la disponibilidad para colaborar con pacientes, profesionales e instituciones de la región. La orientación especializada, las interconsultas y el intercambio de conocimientos son algunas de las vías para acercar la experiencia adquirida en ámbitos de alta complejidad a las necesidades de la comunidad local.
El mensaje central de su trabajo es claro: cuidar la vista exige combinar tecnología, atención profesional y prevención. Los controles periódicos, la detección temprana de alteraciones y la incorporación de hábitos saludables pueden marcar una diferencia tanto en la infancia como en la vida adulta.
Pantallas, miopía y controles desde los primeros meses
Uno de los temas que más preocupa hoy a los especialistas en salud visual es el avance de la miopía, sobre todo entre niños y adolescentes. El uso prolongado de celulares, tabletas y computadoras, sumado a la reducción del tiempo al aire libre, explica en buena medida esta tendencia.
Las proyecciones internacionales indican que la miopía podría afectar a cerca de la mitad de la población mundial para 2050. Frente a ese escenario, la oftalmóloga remarca la necesidad de incorporar hábitos saludables desde los primeros años y no esperar a que aparezcan dificultades evidentes para consultar.
En la infancia, los controles permiten identificar alteraciones que pueden pasar inadvertidas para las familias. Un ejemplo es la ambliopía, conocida popularmente como “ojo vago”, una condición en la que la visión no se desarrolla adecuadamente y que puede dejar consecuencias permanentes si no se trata en la etapa oportuna.
Los chicos, además, suelen adaptarse a una visión deficiente sin expresar molestias ni reconocer que tienen dificultades para ver. Por eso la especialista recomienda evaluaciones oftalmológicas desde los primeros meses de vida y un seguimiento sostenido durante el crecimiento.
Como orientación general, los controles deben comenzar antes de los dos meses, continuar a los seis meses, al año y a los tres años, y luego realizarse anualmente durante la etapa escolar, siempre de acuerdo con la evaluación profesional y las necesidades de cada paciente.
Otra recomendación central es promover al menos dos horas diarias de actividades al aire libre. La exposición a la luz natural y el tiempo en espacios abiertos cumplen un papel protector frente al desarrollo de la miopía, por lo que fomentar estos hábitos es una medida preventiva accesible para las familias.
Cómo cuidar la vista en el trabajo y el estudio
La prevención no termina en la infancia. Los adultos también necesitan controles periódicos, incluso cuando no presentan dificultades para ver o no usan anteojos.
Sabater destaca especialmente la importancia del seguimiento en pacientes con enfermedades sistémicas como diabetes e hipertensión arterial, así como en personas con afecciones autoinmunes o neurológicas y en quienes reciben determinados tratamientos oncológicos. Estas condiciones pueden repercutir en distintas estructuras del ojo y requieren una evaluación adaptada a cada caso.
En la vida cotidiana, la exposición prolongada a pantallas puede provocar cansancio visual, sequedad e incomodidad, sobre todo cuando se mantienen durante mucho tiempo tareas que exigen enfocar de cerca.
Para reducir esas molestias, la especialista recomienda aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos de trabajo o estudio frente a una pantalla, descansar 20 segundos mirando un objeto ubicado a unos seis metros de distancia. Esa pausa ayuda a aliviar la fatiga asociada al esfuerzo visual sostenido, aunque no reemplaza los controles oftalmológicos.
La iluminación adecuada, las pausas regulares y la atención a síntomas persistentes son otros aspectos que conviene incorporar a las rutinas laborales y educativas, en particular en quienes pasan gran parte del día frente a monitores.
Cirugías refractivas: menos dependencia de los anteojos
Los avances tecnológicos también ampliaron las posibilidades de tratamiento para quienes buscan corregir defectos de refracción como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo.
Entre las alternativas disponibles se encuentran las cirugías refractivas con láser y los procedimientos que utilizan lentes intraoculares. La elección depende de factores como la graduación, las características anatómicas del ojo, la edad y las condiciones generales de salud visual de cada paciente.
Se trata de procedimientos que, en los casos indicados, pueden realizarse de manera ambulatoria y con tiempos quirúrgicos breves. Algunas intervenciones duran aproximadamente entre 10 y 15 minutos, aunque la técnica, la recuperación y los resultados varían según cada situación clínica.
Para la especialista, la evaluación previa es fundamental para determinar si una persona es candidata a una cirugía y cuál es la opción más adecuada. El objetivo no es solamente mejorar la agudeza visual, sino ofrecer una solución segura y acorde con las necesidades y expectativas de cada paciente.
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