La planta que complica a los cultivos entrerrianos y ahora buscan convertir en remedio

En el campo la conocen como rama negra y es la pesadilla de los cultivos por su resistencia al glifosato. Ahora, un equipo de la UNER y un laboratorio entrerriano la estudia para otro fin: convertirla en un producto medicinal. Qué encontraron y qué falta.

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La planta que complica a los cultivos entrerrianos y ahora buscan convertir en remedio
La planta que complica a los cultivos entrerrianos y ahora buscan convertir en remedio

Una maleza que los productores conocen bien por su resistencia al glifosato podría tener un destino muy distinto al de los herbicidas. En Entre Ríos, un equipo de investigadores de la UNER y el Laboratorio Chilcas estudia cómo transformar especies nativas en productos medicinales con respaldo científico, y la hierba carnicera es uno de los casos que más interés despertó.

La ingeniera agrónoma Mariana Bertos, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Entre Ríos, contó los avances en diálogo con el programa Momento de Campo, que se emite por Elonce Radio & Streaming FM 98.7.

Bertos integra la cátedra de Botánica Sistemática y forma parte de un proyecto que articula a la universidad con el laboratorio. La meta: estudiar las plantas que la gente usa desde siempre con fines medicinales, asegurar que la materia prima sea la que dice ser y avanzar en los trámites para incorporarlas a productos regulados.

Del saber popular al laboratorio

El punto de partida de estas investigaciones está en los conocimientos que pasaron de generación en generación. "Mi tesis doctoral la hice en una temática que tiene que ver con rescatar usos tradicionales de distintas comunidades de la provincia. Desde el año pasado, a través de un proyecto de investigación, hacemos hincapié particularmente en el uso medicinal con la comunidad de Oro Verde", relató la especialista.

La etnobotánica, la disciplina en la que trabaja Bertos, combina el trabajo de campo con la identificación botánica y el análisis de los saberes que circulan en el folclore, la cultura tradicional y los pueblos originarios. "Hay muchísimas especies nativas", aseguró.

El proceso tiene dos etapas bien marcadas. Primero se registra lo que la gente sabe y usa. Después llega la comprobación científica: qué principios activos tiene cada planta, qué compuestos químicos contiene y qué propiedades terapéuticas se le pueden atribuir. "A partir del registro inicial de estos saberes populares, después se hace la comprobación científica", detalló.

La correcta identificación de cada vegetal no es un detalle menor: es la condición para vincular el conocimiento popular con los estudios disponibles y para controlar las materias primas que se usan en los preparados herbarios.

Chafar y carnicera, en la mira

Entre las especies que se estudian aparecen el chañar y la hierba carnicera. El laboratorio también trabaja con combinaciones de plantas para elaborar productos herbarios.

El caso de la carnicera es el más llamativo. En el campo se la conoce como rama negra y, lejos de ser bienvenida, es un dolor de cabeza para los cultivos extensivos: se trata de plantas del género Conyza que resisten al glifosato.

"Nosotros intentamos darle una vuelta de rosca, hacer un cambio de paradigma y encontrarle utilidad a estas especies que generan tanta problemática a nivel de cultivos extensivos", planteó Bertos.

La planta tiene antecedentes de uso tradicional para molestias digestivas y se vende en herboristerías. Sin embargo, llevarla a productos regulados choca con obstáculos administrativos y técnicos.

"La hierba carnicera está en el ambiente de la producción, donde se la conoce como rama negra. Son dos especies de Conyza que, desde el punto de vista productivo, son un problema porque son resistentes al glifosato", precisó.

El problema de la letra chica

Uno de los frenos para desarrollar productos con flora regional está en la normativa. El Código Alimentario Argentino tiene un listado de especies habilitadas y de qué órganos se pueden consumir, pero no contempla a las nativas.

"Adolece de un listado de especies nativas", sintetizó Bertos. Esa ausencia obliga a investigadores y laboratorios a juntar documentación técnica y recorrer procedimientos específicos antes de sumar una planta a un producto registrado.

Tampoco existe la categoría de nutracéutico. "La legislación no tiene este concepto. Simplemente tenemos la opción de inscribir como alimento o como fitomedicamento, como medicamento herbario, y hay otra categoría que es medicamento herbario tradicional", sostuvo.

Los requisitos pesan especialmente sobre los emprendimientos más chicos, sobre todo cuando trabajan con especies que todavía no encajan en ninguna categoría. "Cuando nosotros nos metemos en las nativas, que es el gran desafío, empieza el problema de tener que ir para atrás para poder después estar en regla", manifestó.

Saber de dónde viene cada hoja

Otro eje central de la investigación es la trazabilidad: conocer el origen de las plantas que se usan como materia prima. En ese punto, Bertos destacó el vínculo de Laboratorio Chilcas con productores de la zona, que permite seguir el recorrido desde el cultivo hasta el procesamiento.

El modelo habitual es otro. "Lo más común es que los laboratorios que se dedican a hacer fitomedicamentos compren a proveedores que generalmente vienen de Buenos Aires o de otros lugares. Ahí lo que se pierde es la trazabilidad", explicó.

Cuando el material llega procesado, identificar la especie se vuelve difícil. "Puede llegar mucho material sucio o contaminado. Se hacen los análisis bacteriológicos y demás, pero falta la comprobación de que la planta es lo que dice ser cuando uno la compra. Como llega deshidratada y molida, es difícil corroborarlo", advirtió.

El trabajo con productores cercanos al laboratorio cambia el panorama. "Se controla bajo buenas prácticas de manejo. Se hace todo de manera orgánica, no hay agroquímicos de por medio. Podemos tener esta trazabilidad, sabemos el origen y la calidad de la materia prima con la que después se producen esos fitomedicamentos o suplementos dietarios y, a la vez, se le da trabajo a la gente de la zona", expresó.

Una jornada abierta en Oro Verde

Los avances de estas investigaciones se presentarán el sábado 7 de noviembre, de 8:30 a 16, en el Jardín Botánico de Oro Verde, en una jornada sobre flora autóctona y nutracéuticos.

"La jornada tiene por objetivo dar a conocer lo que nosotros venimos trabajando", explicó Bertos. La idea es acercar información a profesionales de distintas disciplinas, en especial del ámbito sanitario.

Habrá exposiciones de especialistas en agronomía, medicina, nutrición e investigación farmacéutica. También participará un investigador del Conicet vinculado a la Universidad Nacional de Rosario, que abordará el estudio de los componentes químicos de las plantas.

"Va a haber una médica que va a contar un caso de uso clínico de fitomedicamentos. También va a haber una nutricionista, porque la idea es que la jornada sea interdisciplinaria", adelantó.

Además de las charlas, se hará un recorrido por el Jardín Botánico para reconocer especies nativas. "El Jardín Botánico nos ofrece este entorno de especies nativas, entonces vamos a aprovechar y hacer identificación de especies. En esa parte estoy yo", comentó.

El encuentro tendrá modalidad presencial, virtual y también diferida mediante grabaciones, para quienes no puedan viajar hasta Oro Verde. "Es abierto, principalmente destinado a profesionales del área de las ciencias agropecuarias, veterinarios, médicos, farmacéuticos y nutricionistas, pero también puede ir cualquiera que esté interesado y estudiantes, porque nos interesa ir sembrando esa semillita en los futuros profesionales", concluyó la docente.

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