La pregunta que los padres temen hacer tras el tiroteo escolar: ¿qué saben realmente de sus hijos?
¿Realmente conocen los padres lo que pasa por la cabeza de sus hijos adolescentes? Expertos revelan cómo la falta de diálogo genuino y la desconexión emocional pueden tener consecuencias impensadas.
La escena cotidiana de la cena familiar, con monosílabos y celulares boca abajo, se convirtió en un motivo de angustia para muchos padres tras el ataque armado en un colegio de Santa Fe. Expertos advierten sobre la desconexión emocional y la falta de diálogo real con los adolescentes, un problema que puede tener consecuencias extremas.
La rutina en la mesa de la familia de Beltrán, un adolescente de 15 años, es similar a la de muchos hogares. Preguntas como “¿Cómo te fue hoy?” o “¿Tenés tarea?” reciben respuestas breves. “A veces siento que vivimos en piloto automático”, confiesa su madre, Mariana. Esta dinámica, antes vista como parte normal de la adolescencia, ahora se mira con preocupación tras el incidente en San Cristóbal, Santa Fe, donde un estudiante armado mató a un chico de 13 años e hirió a varios más.
¿Cómo reconstruir la conexión emocional?
La psicóloga Marina Manzione, especializada en adolescencia, plantea preguntas incómodas: “¿Qué sabíamos de ese chico?, ¿qué lugar tenía para hablar?, ¿qué adultos estaban disponibles para escucharlo?”. Ella señala que el diálogo entre padres e hijos está debilitado o es inexistente en muchos casos. “Hay que reconstruir la conexión emocional, que es lo que hace que el vínculo sea funcional”, explica, destacando la necesidad de crear una “distancia óptima” que permita autonomía pero también cercanía para pedir ayuda.
Manzione advierte que el diálogo se ha reducido a un plano operativo, centrado en horarios y tareas, lo que no ayuda a los adolescentes a pensar en las consecuencias de sus decisiones. “La conexión implica otra cosa”, dice, recordando que incluso en la adolescencia es crucial que los padres dejen de lado las distracciones para conectar genuinamente.
La barrera invisible del juicio
Según un estudio de Unicef, menos del 40% de los adolescentes sienten que pueden hablar con sus padres sobre lo que realmente les preocupa. “Se sienten juzgados, y eso es malo porque evitan abrirse”, afirma Manzione. Esta sensación, incluso cuando los adultos actúan desde el cuidado, puede ser una barrera invisible. “Siempre miramos desde el amor, pero a veces, cuando se sienten juzgados, ese amor no llega”, resume.
Tomás, de 16 años, lo ejemplifica: “A veces no querés contar cosas porque sentís que no te van a entender o que te van a retar. Entonces te lo guardás o se lo contás a un amigo”. Este silencio no siempre se percibe como un problema, pero Manzione alerta: “Cuando se toman decisiones terribles, ahí hay algo que no se vio, no se percibió a tiempo”.
Un problema estructural más amplio
Gala Díaz Langou, directora del Panel Internacional para el Progreso Social, considera que el tiroteo en Santa Fe no es un hecho aislado, sino la manifestación de un deterioro del tejido social. “Los vínculos están en crisis”, afirma, señalando que fallan instituciones primarias como la familia y la escuela. En las familias, los cambios en morfología y naturaleza, junto con condiciones socioeconómicas vulnerables, fragilizan los lazos. En la escuela, hay una crisis de legitimidad y aumento del abandono.
La psiquiatra infanto-juvenil Juana Poulisis atribuye la dificultad al ritmo acelerado de la vida. “No hay tiempo, el acelere manda”, dice, proponiendo soluciones simples como sacar a los hijos de casa para generar espacios de diálogo sin presión. Ella también critica la falta de respuesta de las escuelas cuando los chicos reportan bullying, lo que agrava el dolor.
El momento sagrado y el mundo digital
Manzione enfatiza la importancia de aprovechar cuando los adolescentes se acercan a hablar. “Ese momento es sagrado”, dice, recomendando presencia real, preguntar antes de opinar y generar continuidad en el diálogo. Roxana Morduchowicz, especialista en adolescencia y usos de internet, agrega la necesidad de preguntar sobre la vida digital sin invadir la privacidad. “Evitar equipar la habitación con pantallas”, sugiere, ya que eso fomenta el uso en soledad y conspira contra el diálogo familiar.
Mariana, la madre de Beltrán, intentó cambiar la dinámica preguntando “¿hubo algo que no estuvo bueno hoy?”. Aunque la respuesta no fue extensa, notó una diferencia. No hay fórmulas rápidas, pero la convicción es clara: el puente entre padres e hijos se construye todos los días, no solo en momentos de crisis.