La pregunta que resonó en Rosario durante la marcha más multitudinaria por los 50 años del golpe
¿Qué pregunta resonó desde el Museo de la Memoria y unió a más de 150 mil personas en las calles de Rosario? Los detalles de una jornada histórica donde el arte, los clubes y un reclamo que no cesa pintaron una nueva página en la lucha por la verdad.
Una instalación en la terraza del Museo de la Memoria interpeló a miles de rosarinos este 24 de marzo. Mientras la ciudad vivía una tarde con clima de domingo, la plaza San Martín comenzó a llenarse de columnas de militantes, familias y amigos para una marcha histórica. A 50 años del golpe de Estado de 1976, el reclamo por verdad y justicia tomó nuevas formas y una pregunta se convirtió en el grito unificador.
En la esquina de Córdoba y Moreno, el Museo de la Memoria abrió sus puertas en la previa con la muestra “50 veinticuatros”. Allí, el “Proyecto Pregunta”, del colectivo chileno Mil M2, lanzó una consigna: “¿Qué pregunta es urgente hacer hoy?”. La primera elegida, “¿Dónde están?”, se exhibió mirando hacia la plaza desde la terraza del museo.
Alejandra Cavacini, psicóloga del equipo, contó que recibieron 70 propuestas de preguntas durante la jornada. Esta intervención no fue casual. El hueco que representa la incógnita sobre el destino de los cuerpos de los desaparecidos y de los hijos y nietos apropiados resurgió como una bandera central frente a discursos que demandan una “memoria completa”.
Un recorrido por cinco décadas de memoria
Dentro del museo, la exposición principal ofrece un recorrido por los 50 años de marchas, que en realidad comenzaron en 1984, a ocho años del golpe. Aquella primera fue una “marcha de silencio” por la peatonal Córdoba, convocada por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
Los archivos muestran la evolución: en 1985 se habló de 6.000 manifestantes; en 1986, para el 10° aniversario, los medios describieron una “masiva marcha de repudio”. En 2006, las crónicas calcularon “12 cuadras” de columna y unos 25.000 manifestantes. La década siguiente registró picos de entre 90.000 y 100.000 personas.
La muestra, que se completará con los datos de la marcha de este martes, busca ser más que una colección de objetos. Propone herramientas para “interpelar y narrar”, entendiendo que “la memoria es terreno compartido y en disputa, un campo donde se mide la vitalidad de la democracia”.
Fotos que unen a una ciudad
Mientras la columna de Newell’s pasaba por la ochava del ex Segundo Cuerpo del Ejército, un hincha leproso sostenía una pancarta con la foto y datos de Marisol Pérez, detenida por la patota policial de Agustín Feced en diciembre de 1976. Más adelante, por calle Santa Fe, un simpatizante de Central portaba el mismo cartel, eligiéndolo porque era de una mujer, sin saber que era de Newell’s.
En la esquina de Dorrego, contra el muro de la ex Jefatura de Policía, decenas de carteles de detenidos-desaparecidos esperaban ser levantados. Claudia Ponce de León, de la organización Familiares, los acomodaba. Algunos tienen 40 años, otros son más nuevos. Esos carteles descansaban sobre la vereda de Dorrego, “por donde no se podía ni caminar en los años del Proceso”.
Marisol Pérez estuvo secuestrada en el centro clandestino Servicio de Informaciones (SI), que funcionaba en San Lorenzo. Su imagen, llevada por hinchas de ambos clubes, produjo un “milagro involuntario” de unidad en la memoria.
Arte, flores y el sonido de los timbres
La marea humana comenzó a moverse pasadas las 16 horas. Entre las columnas de derechos humanos, sociales, políticos y sindicales, surgieron expresiones artísticas únicas. Un cartel móvil que decía “La memoria florece en cada lucha”, rodeado de flores blancas hechas con botellas de plástico, era sostenido por Juan Carlos Luna del Movimiento Federal Belgrano.
Un grupo de 40 personas con remeras negras y el número “30.000” llamó la atención con su sonido: una orquesta mínima de timbres de bicicleta. La idea fue de Marta Oliva Dómina, inspirada en un poema sobre las bicicletas del artista Fernando Traverso, símbolo de los desaparecidos rosarinos. Los 40 timbres representaban a los que no pudieron volver.
La cabecera y un grito que ya no es pregunta
Mientras el Mono Saavedra de Arte x Libertad terminaba de pintar un pañuelo blanco gigante en el asfalto, la cabecera de la marcha se acercaba. Adelante, en silla de ruedas, Olga Barrera de Suárez, mamá de Daniel Suárez, aplaudía. A sus 90 años, esta madre de Casilda participaba “como podía”, cantando y repitiendo consignas.
Liliana Leyes, organizadora histórica del 24 de marzo en Rosario, calculaba que detrás de ellos había al menos 15 o 20 cuadras más de gente. A las 17:10, muchos ya esperaban en el Monumento a la Bandera. La batucada y la danza transformaron la tarde en una fiesta cívica. “¡Que digan dónde están!” ya era un grito, no una pregunta, y abría ovaciones en la multitud.
Santiago Garat, hijo de Eduardo, secuestrado en 1978, miraba a su alrededor y encontraba una comparación: “Hoy somos campeones del mundo”.
Una multitud que redefine los límites
Las columnas se acomodaron frente al escenario montado de espaldas al río. El Cenotafio de los Caídos de Malvinas se convirtió en una asamblea cívica. El parque desbordaba de picnics con mates y churros que se fusionaban con los manifestantes que llegaban. Los conductores del acto no paraban de repetir: “Es la marcha más multitudinaria que tiene la ciudad”.
Al anochecer, con un horizonte naranja y la luna asomando, se produjo un momento de tensión cuando un despliegue de pirotecnia de la columna de Newell’s lesionó a una chica y la intervención de un patrullero con sirenas encendidas generó malestar, que luego se disipó.
Los organizadores calcularon la concurrencia en unas 150.000 personas, superando los picos históricos. Algunos se basaron en imágenes de drone para hablar de cifras mayores; otros prefirieron destacar las cuatro horas de marcha o su extensión de más de 20 cuadras.
Entre las novedades políticas estuvo el debut del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Axel Kicillof, cuyo referente local, Matías, dijo que empezaron a reunirse en septiembre de 2025. La marcha, bajo las consignas “Contra el genocidio de ayer. Contra la entrega de hoy”, demostró, como dice la muestra del museo, que “la memoria no es un monumento inmóvil: es una marcha que se repite, se transforma y convoca”.