La promesa de fe que nació en un momento difícil: la historia de José “Sueñito” Morales y San Cayetano

¿Qué llevó a un hombre a dedicar más de 50 años de su vida a San Cayetano? La historia de José “Sueñito” Morales, el impulsor de la ermita que se convirtió en símbolo de fe en Comodoro Rivadavia, con cifras que asombran.

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La promesa de fe que nació en un momento difícil: la historia de José “Sueñito” Morales y San Cayetano
La promesa de fe que nació en un momento difícil: la historia de José “Sueñito” Morales y San Cayetano

Hace más de tres décadas, un grupo de vecinos de Comodoro Rivadavia transformó un barrio entero con una ermita dedicada a San Cayetano. Entre ellos, José “Sueñito” Morales, un hombre cuya devoción nació en un momento de angustia y hoy se convierte en un legado de fe que perdura.

La ermita, ubicada en el acceso al barrio San Cayetano, es el resultado de una iniciativa que comenzó en 1990, cuando los vecinos se reunieron en la Escuela N° 160 para decidir el futuro de su comunidad. En ese encuentro, no solo se definió el nombre del barrio (dejando atrás el de María Auxiliadora), sino que también se sembró la semilla de un proyecto que marcaría a la ciudad.

¿Cómo nació la devoción de Morales?

La historia de Morales con el santo es anterior a la ermita. Hace 51 años, en plena situación de desempleo, comenzó a pedirle a San Cayetano por trabajo. Cuando lo consiguió, su fe se fortaleció y nunca más la abandonó. Fue esa experiencia personal la que lo impulsó a proponerle a Raúl Ledesma la idea de traer una imagen del santo y construir un espacio de encuentro para los fieles.

La inauguración de la ermita se realizó el 7 de agosto de 1990, con la bendición del padre Corti. Desde entonces, las celebraciones no hicieron más que crecer, convirtiéndose en un punto de referencia para los devotos de la región.

Los años de mayor convocatoria

En 1992, se formó la primera comisión de la ermita, y Morales asumió como presidente durante dos años. En ese período, los vecinos organizaron rifas y otras actividades para recaudar fondos y mantener el espacio. Las procesiones se convirtieron en el evento central: en 1992 participaron unas 7.500 personas, y en 1994 la cifra alcanzó las 10 mil, un récord que marcó una época de gran fervor religioso en la ciudad.

Sin embargo, la administración de la ermita cambió en 1994, cuando el Obispado decidió tomar el control del espacio. Con el tiempo, la concurrencia a las procesiones fue disminuyendo, aunque cada 7 de agosto la ermita sigue recibiendo visitas de fieles que mantienen viva la tradición.

Un legado que trasciende lo religioso

Para Morales, haber participado en la creación de la ermita es una de las experiencias más significativas de su vida. “Para mí es una gran satisfacción haber trabajado para Dios y San Cayetano”, confesó en la entrevista, recordando el camino recorrido desde aquella primera propuesta en 1990.

Este viernes 7 de agosto, la ermita volverá a ser el escenario de las celebraciones, con una misa programada para las 22, sujeta a las condiciones climáticas. Morales espera una importante presencia de vecinos y fieles que se acerquen a participar.

San Cayetano, conocido como el santo del pan y del trabajo, tiene un significado especial para quienes atraviesan dificultades laborales. Morales lo sabe bien: su devoción comenzó justamente en un momento de necesidad. Por eso, al ser consultado sobre qué mensaje daría a quienes hoy buscan empleo, fue contundente: “Que tengan fe, que tengan mucha fe porque este país va a salir adelante”.

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