La promesa que hicieron en El Algarrobal tras la muerte de Brisa y Carolina: qué encontraron un año después
Brisa y Carolina murieron atropelladas en el carril Lavalle. Sus vecinos lograron que instalaran reductores de velocidad frente a la escuela. Un año después, el recorrido por ese tramo mostró algo que nadie esperaba encontrar.
Brisa tenía 7 años y Carolina, 10. El 24 de septiembre de 2025, las dos hermanas Segovia bajaron del colectivo en el carril Lavalle al 10.530, en El Algarrobal, Las Heras. Un micro de la línea 650 las atropelló cuando se disponían a tomar otra unidad que las llevaría a su casa. Las dos murieron.
Lo que debía ser un regreso más después de la escuela se transformó en la peor noticia para una familia y para toda una comunidad educativa. La Escuela Luis Candelaria, a la que asistían las nenas, quedó atravesada por el dolor.
El reclamo que unió al barrio
El 30 de septiembre, apenas unos días después del entierro y con la causa ya cerrada, vecinos de El Algarrobal, padres y miembros de la comunidad educativa de la Luis Candelaria se reunieron para exigir medidas de seguridad vial en la ruta provincial 28, el conocido carril Lavalle.
El pedido apuntaba a proteger a los chicos que van a la escuela y a los vecinos que se acercan a la posta sanitaria. En el encuentro con representantes del municipio de Las Heras y del Ministerio de Justicia de la provincia también se pusieron sobre la mesa otros problemas del barrio: la falta de limpieza de la vía pública, la escasa iluminación y la necesidad de más presencia policial por los robos.
De esa reunión salió un compromiso concreto: instalar reductores de velocidad sobre la ruta 28, antes y después de la calle San Esteban.
Qué encontraron un año después
La medida se colocó tiempo más tarde. Un año después del accidente que la originó, un recorrido por ese tramo de la ruta mostró otro panorama. Hay carteles preventivos que avisan a los conductores que se acercan a una zona escolar, aunque varios fueron adelantados metros más adelante de su ubicación original.
Lo que más llama la atención es el estado de los reductores. Se instalaron en dos pares, con pocos centímetros de separación entre sí, a ambos lados del tramo cercano a la escuela primaria. Hoy la mayoría no cruza de punta a punta la calzada: está arrancada.
Las huellas de neumáticos que quedaron marcadas en el lugar y el estado de los pocos topes que siguen en su sitio apuntan a una misma explicación: el paso constante de vehículos, incluidos los de gran porte, fue desprendiéndolos. No se trata solo de la calidad de los materiales o de cómo se colocaron, sino del desgaste que provocó el tránsito.
Sin esos reductores completos, los autos y colectivos pueden circular a mayor velocidad por la zona escolar. Hasta ahora no hay confirmaciones sobre una posible reparación, y la seguridad vial de los alumnos de la escuela vuelve a quedar en el centro de la discusión.