La promesa que miles de jujeños repiten cada año y que nació hace 400 años
Miles de jujeños caminan cada año hacia el santuario de Río Blanco con una promesa a cuestas, y lo que hay detrás de esa devoción tiene raíces que van mucho más atrás de lo que se cree: una antropóloga explicó el origen y por qué atraviesa a tantas familias de la provincia.
Detrás de cada caminata al santuario de la Virgen de Río Blanco hay una historia familiar, una promesa o un agradecimiento que se sostiene desde hace siglos. Una antropóloga jujeña explicó qué significa esa devoción para la identidad de la provincia y de dónde viene.
Las peregrinaciones religiosas en Jujuy son mucho más que una expresión de fe: forman parte de la identidad cultural de la provincia. Cada recorrido hacia el santuario de la Virgen de Río Blanco arrastra relatos familiares, promesas y tradiciones que se mantienen vivas desde hace siglos.
En diálogo con Canal 4, Mónica Montenegro, doctora y magíster en Antropología, analizó el sentido de estas manifestaciones, su origen histórico y cómo la fe se transmite de una generación a otra.
Una devoción que se remonta al 1600
La Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya tiene raíces históricas profundas en Jujuy. Su presencia se ubica en los primeros siglos de la evangelización y con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos religiosos más representativos de la provincia.
"El pueblo de Jujuy tiene una profunda tradición mariana. Si bien en este caso vamos a referirnos a la Virgen de Río Blanco, que es nuestra Virgen del Rosario, es una advocación mariana muy importante que está presente en la provincia desde el 1600 aproximadamente", explicó Montenegro.
Para la especialista, esa larga historia explica el lugar que la imagen ocupa en la sociedad jujeña. "La tradición es muy, muy larga y es la imagen que más nos representa, es la patrona de la provincia y de la diócesis", sostuvo.
La veneración de la Virgen está ligada a los primeros procesos de evangelización en América. La imagen del Rosario llegó al noroeste argentino de la mano de la orden de los dominicos y en Jujuy su presencia inicial se vinculó con el valle de Río Blanco, zona habitada por los pueblos originarios paipayas.
Fe cristiana y tradiciones ancestrales, entrelazadas
Montenegro remarcó que las manifestaciones culturales y religiosas de Jujuy no se entienden solo desde la llegada del cristianismo, porque en la región ya existían creencias y prácticas anteriores a la evangelización.
"Todo lo que son manifestaciones culturales tienen elementos propios del cristianismo, pero también hay otros elementos presentes de las culturas que antecedieron en estos territorios", señaló.
Esa convivencia de tradiciones integra la historia cultural de la provincia. Las prácticas religiosas actuales se desarrollan en un territorio donde las comunidades originarias construyeron sus propias formas de entender el mundo, la espiritualidad y el vínculo con el entorno.
La antropóloga aclaró, de todos modos, que la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya es específicamente una advocación mariana católica y que las peregrinaciones de hoy expresan la continuidad de la devoción cristiana.
La Virgen madre, el modelo que explica la devoción
Otro de los puntos que abordó Montenegro es la relación entre la devoción a la Virgen María y su representación como figura materna. Desde la mirada católica, su imagen está asociada al amor, el cuidado, la protección y el acompañamiento, valores que también se vinculan con la maternidad.
Esa identificación ayuda a entender por qué la Virgen ocupa un lugar tan importante en la vida religiosa de los jujeños, sobre todo en fechas significativas como el Día de la Madre.
"Es por esa presencia maternal de la Santísima Virgen María que encarna un modelo de valores muy asociados a lo maternal", explicó Montenegro.