La prueba que hicieron en vivo en Canal 4 para entender qué le pasa a un chico con dislexia
En plena entrevista en Canal 4 les hicieron leer palabras inventadas a los conductores y el resultado dejó a todos pensando. Dos especialistas jujeñas explicaron qué mirar en los chicos y por qué la consulta no puede esperar.
Las especialistas Agustina Marro (MP 344) y Paula Russito Araya (MP 188) pasaron por Canal 4 de Jujuy y armaron un ejercicio simple pero revelador: les pidieron a los conductores que leyeran una lista de palabras conocidas y otras inventadas, llamadas pseudopalabras. La consigna mostró en pocos segundos cómo funciona el mecanismo de la lectura y qué obstáculos enfrenta alguien con dislexia.
La clave está en un proceso que la mayoría hace sin pensar: relacionar cada letra con su sonido. Quienes tienen dislexia necesitan mucho más esfuerzo para reconocer y decodificar palabras, y eso golpea dos frentes a la vez, la fluidez para leer y la comprensión de lo que se lee.
El motivo es una suerte de embotellamiento: la atención se concentra casi toda en identificar letras y sonidos, y queda poco margen para entender el texto. Por eso las especialistas insisten en que no se trata de falta de voluntad ni de inteligencia.
Las señales que los padres pueden observar
Uno de los ejes de la entrevista fueron los indicadores que las familias pueden detectar durante los primeros años de aprendizaje. Entre las principales señales aparecen:
• Dificultades para reconocer los sonidos de las letras y vincularlos con su forma escrita.
• Problemas para identificar rimas o jugar con sonidos.
• Lectura lenta, poco fluida o que exige un esfuerzo excesivo.
• Dificultades que persisten para reconocer palabras.
• Rechazo o evitación de actividades con letras, lectura o escritura.
• Frustración frecuente ante las tareas escolares de lectoescritura.
Marro y Russito Araya aclararon que estas señales, por sí solas, no alcanzan para diagnosticar: lo que indican es la necesidad de una evaluación especializada. También remarcaron que la dislexia debe diferenciarse de otras dificultades vinculadas a la visión, la audición o el lenguaje.
Los mitos que conviene dejar atrás
Las profesionales apuntaron contra las creencias más instaladas. Una de ellas es reducir la dislexia a confundir la B con la D o la P con la Q. Esas confusiones pueden aparecer, pero no son suficientes para identificarla.
El otro mito es el que asocia la dislexia con menor capacidad intelectual o con falta de esfuerzo. Nada de eso: una persona con dislexia puede tener un desarrollo intelectual acorde a su edad y aprender los mismos contenidos que sus compañeros, siempre que cuente con estrategias y herramientas distintas.
¿Se va con los años?
No. Por su origen neurobiológico, la dislexia acompaña a la persona toda la vida. Lo que sí cambia es la intensidad de las dificultades: con intervenciones adecuadas, acompañamiento y estrategias específicas, las habilidades lectoras pueden mejorar de forma significativa y la persona puede desarrollar recursos para compensar.
Por eso las especialistas subrayaron la importancia de detectarla en la infancia, cuando el trabajo temprano tiene más impacto. El acompañamiento conjunto entre profesionales, docentes y familias es central para que el estudiante no quede atrás.
El costo emocional de un diagnóstico tardío
Hay un aspecto que suele quedar en segundo plano: lo que siente el chico. La frustración, la inseguridad y la baja autoestima aparecen cuando se enfrenta una y otra vez a actividades que le cuestan más que a sus compañeros.
En algunos casos, esas dificultades se interpretan erróneamente como falta de capacidad o de voluntad. Las especialistas contaron que en el consultorio reciben niños con diagnósticos tardíos y muchas veces deben trabajar primero lo emocional antes de abordar lo específico de la lectura y la escritura.
La conclusión que dejaron es clara: detección temprana, evaluación profesional y acompañamiento adecuado mejoran la experiencia educativa. Reconocer las señales y correr las etiquetas de encima es el primer paso para que cada estudiante aprenda según sus necesidades.