La Puna caminó días enteros y en la Catedral pasó algo que nadie pudo contener

Caminaron días enteros desde los rincones más altos de la Puna. Cuando por fin llegaron a la Catedral, miles de bombos y un baile ancestral se desataron. Pero hubo un momento que quebró a todos.

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La Puna caminó días enteros y en la Catedral pasó algo que nadie pudo contener
La Puna caminó días enteros y en la Catedral pasó algo que nadie pudo contener

Después de días de caminata bajo el frío, la altura y el viento de los cerros, los peregrinos de la Puna llegaron a Salta y protagonizaron un ingreso cargado de emoción frente al Señor y la Virgen del Milagro. Hubo lágrimas, abrazos, cantos, bombos, quenas y un baile ancestral que hizo vibrar el corazón de la fe salteña.

Llegaron con los ojos llenos de lágrimas y los pies marcados por el camino. Algunos avanzaban en silencio, agotados después de días de peregrinación; otros cantaban con las últimas fuerzas que les quedaban. Y cuando la Catedral apareció frente a ellos, el cansancio pareció quedar atrás.

Los bombos comenzaron a sonar. Las quenas y las flautas acompañaron los cantos. Se levantaron las plumas y la Puna, esa tierra de altura, frío y viento, volvió a hacerse presente en el corazón del Milagro salteño.

Eran ellos. Los que salen primero. Los que caminaron durante días enteros atravesando los caminos de la Puna para llegar hasta el Señor y la Virgen del Milagro. Los que dejaron atrás sus casas, sus familias y sus comunidades para emprender una vez más el camino de la fe.

De dónde vienen y cuántos son

Desde Antofagasta de la Sierra, Tolar Grande, Tincalayu, Mina Patito, Sijes, Santa Rosa de los Pastos Grandes y Olacapato, fueron llegando hasta San Antonio de los Cobres. Allí se congregaron y, unidos en una enorme caravana, emprendieron el último tramo hacia la Catedral. En total fueron 16.000 caminantes.

Cada paso llevaba una historia. Había pies ampollados, piernas cansadas y rostros golpeados por el frío y el viento. Pero también había una promesa que cumplir. Una intención que dejar. Una persona por quien rezar. Una familia que esperar. Un pedido que llevar hasta los pies del Señor y la Virgen.

Encabezados por monseñor Bernacki, los peregrinos ingresaron a la ciudad después de recorrer kilómetros y kilómetros. El cansancio se mezclaba con la emoción y, en muchos rostros, las lágrimas aparecieron cuando finalmente pudieron estar frente a las imágenes que habían tenido presentes durante todo el camino.

"El corazón de esto es el Señor y la Virgen"

Para Bernacki, ese momento resume el sentido profundo de toda la peregrinación. “El corazón de todo esto es el Señor del Milagro y la Virgen del Milagro, que nos contiene en estos momentos difíciles que nos toca vivir”, expresó.

Y mientras los peregrinos se encontraban con el final de su recorrido, la plaza comenzó a transformarse en una verdadera fiesta de fe.

Entre los miles apareció Damiana, la peregrina más famosa de La Puna. Frágil y gigante a la vez, avanzó escoltada por Gendarmería y recibió el cariño de un pueblo entero que se rinde a sus pies por la admiración, el respeto y el amor que le tienen.

Entonces sonaron más fuerte los bombos. Las quenas y las flautas llenaron el lugar y las plumas comenzaron a moverse al ritmo de un baile ancestral que solo la Puna sabe interpretar.

Bailaron los niños. Bailaron los mayores. Bailaron quienes acababan de llegar después de días de camino. Y por unos instantes, frente al Señor y la Virgen, pareció que no existían el cansancio, las ampollas ni el frío que habían soportado durante la peregrinación.

La escena tuvo algo de desahogo y de celebración. Después de tantos kilómetros, de tantas noches, de tanto frío y de tantos rezos, finalmente estaban allí. Las lágrimas que aparecieron en el camino se mezclaron con sonrisas, abrazos y cantos.

“María siempre acaricia el alma, siempre nos anima a continuar con esperanza en el camino de la vida”, sostuvo Bernacki, quien pidió que cada peregrino pudiera regresar a sus comunidades llevando consigo ese mensaje de esperanza.

El religioso también puso el foco en las familias y en las distintas generaciones que forman parte de esta expresión de fe. “Que cada uno de los peregrinos se lleve al Señor Jesús viviente en sus corazones, para que bendiga a nuestros jóvenes, nuestros niños, nuestros ancianos, a todos los trabajadores, a cada una de las familias”, expresó.

Ellos llegaron con lo puesto, pero con el alma llena. Trajeron sus historias, sus pedidos y sus promesas desde los lugares más profundos de la Puna. Dejaron sus intenciones a los pies del Señor y la Virgen del Milagro y, después de renovar una vez más el pacto de fe, emprendieron el regreso hacia la altura.

El camino de vuelta será largo. Volverán el frío, el viento y los kilómetros. Pero algo habrá cambiado.

La misma fe que los hizo caminar hasta Salta será ahora la que los acompañe durante todo el año. Porque para los peregrinos de la Puna, llegar a la Catedral no significa solamente alcanzar el final de un recorrido: es renovar una promesa, agradecer, pedir y volver a casa con la certeza de que, una vez más, cumplieron con el Señor y la Virgen del Milagro.

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