La Quiaca esperó casi 40 años por la Zona Franca: quiénes firmaron la adjudicación que cambia la frontera
Casi cuatro décadas de promesas, una licitación internacional y una firma que llegó este año. La Quiaca ya tiene Zona Franca adjudicada: quiénes firmaron y qué falta para que el proyecto llegue al territorio.
El gobernador Carlos Sadir y el intendente Dante Velazquez quedaron como las dos caras visibles de un proyecto que Jujuy venía postergando desde hacía casi cuatro décadas. La Zona Franca de La Quiaca ya tiene adjudicatario y el norte provincial empieza a moverse.
El Gobierno de Jujuy reactivó en 2026 la licitación nacional e internacional para construir, explotar y administrar el complejo. El proceso terminó con la adjudicación definitiva a International Bonded Warehouses and Free Zone Argentina S.A., habilitada para operaciones generales y comercio minorista.
El marco oficial define a la Zona Franca como una herramienta estratégica para el desarrollo económico, turístico y comercial de la frontera, con vínculo directo con Bolivia, Chile y el NOA. Para Sadir, la apuesta es abrir una etapa nueva en la historia comercial jujeña: que la Puna deje de mirarse por su distancia geográfica y empiece a medirse por su capacidad de generar circulación económica, inversiones y cadenas de valor.
Una red que se tejió desde el territorio
La concreción no se explica sin el trabajo que Velazquez venía haciendo en la Puna. Convenios con intendentes y autoridades de la zona, y acuerdos estratégicos con Villazón, Tupiza, Tarija, Potosí, Uyuni, Colchacá e Iquique, armaron una red de integración que ahora adquiere sentido económico concreto.
Esos despliegues diplomáticos y comerciales no fueron gestos protocolares: anticiparon la idea de una La Quiaca conectada con el sur de Bolivia, el norte de Chile y el espacio andino. La Zona Franca convierte esa estrategia en plataforma real.

Velazquez obsequió una pintura del tren como símbolo de una memoria que vuelve a proyectarse. Hace más de un siglo, la llegada del ferrocarril conectó a La Quiaca con el país y la puso en el mapa de los grandes intercambios. La Zona Franca plantea un desafío de magnitud histórica similar: volver a convertir a la ciudad en puerta de entrada, nodo comercial y punto estratégico de la región andina.
El empleo, la prueba de fuego
El desafío central será que esa transformación llegue al empleo. Una Zona Franca de esta escala no se limita al comercio minorista: puede extender sus efectos hacia logística, transporte, depósitos, servicios, construcción, gastronomía, hotelería, tecnología y, sobre todo, actividades capaces de incorporar valor agregado dentro de la provincia.
El propio proceso licitatorio exige un plan maestro de desarrollo, cronogramas de obra e inversiones comprometidas. Para La Quiaca y la Puna, donde el empleo privado tuvo históricamente menos desarrollo que en los grandes centros urbanos, esa expansión puede traducirse en capacitación, nuevos oficios, empresas proveedoras y oportunidades para que los jóvenes no tengan que irse para encontrar futuro.
La licencia social que construyó Velazquez
Ahí adquiere dimensión la tarea del intendente. Después de cuatro décadas de pequeños pasos, uno de los elementos decisivos fue reconstruir confianza alrededor del proyecto. Velazquez trabajó para generar una licencia social: acercar a la comunidad a una iniciativa que durante mucho tiempo se percibió como lejana o incumplida y convertirla en expectativa compartida de desarrollo.
Esa articulación entre territorio, comunidad y futuro es la que permite pensar en inversiones transformadoras sin que la ciudad quede reducida a ser apenas el lugar físico donde se instala la infraestructura. El objetivo político y social es más profundo: que La Quiaca participe de la riqueza, del trabajo y de las oportunidades que genere la nueva actividad económica.

Casa de Gobierno, cámaras y un nombre clave
La presentación en el Salón Blanco de Casa de Gobierno reunió a autoridades provinciales, representantes de cámaras empresariales y referentes del sector privado. Entre los participantes estuvo el empresario Miro Falic, vinculado al Grupo Falic, licenciatarios del emprendimiento.
El antecedente institucional es sólido: el llamado a licitación fue autorizado oficialmente, la apertura de sobres se hizo en Casa de Gobierno y la adjudicación quedó formalmente establecida este año. La presencia de cámaras de distintos sectores amplía la perspectiva: la Zona Franca no debe leerse solo como una obra de La Quiaca, sino como una plataforma desde la cual empresas jujeñas podrían ampliar mercados, servicios y cadenas productivas.

Qué viene ahora
La próxima presentación en La Quiaca tendrá otro significado. Será el momento de trasladar al territorio una decisión que tardó casi cuarenta años en empezar a materializarse. Sadir aporta la determinación provincial de usar la Zona Franca como instrumento de desarrollo, comercio e inversión; Velazquez aporta el vínculo territorial y la confianza indispensable para que esa transformación tenga legitimidad social.
Si ambos niveles del Estado logran articular infraestructura, capacitación, inversión privada y participación de las empresas locales, Jujuy puede estar frente a algo más grande que la apertura de un complejo franco: el arranque de una nueva economía para la Puna, con La Quiaca como epicentro de empleo, valor agregado e integración comercial con la América andina.