La quinoa argentina que viajará al espacio: qué buscarán los científicos
La quinoa argentina se prepara para un viaje fuera de este mundo: un proyecto liderado por una científica local enviará semillas al espacio, y lo que buscan descubrir podría cambiar la agricultura tal como la conocemos.
Un proyecto internacional liderado por una científica argentina enviará semillas de quinoa a la órbita terrestre en 2026 para estudiar cómo resisten el vacío y la radiación. La iniciativa, impulsada por el INTA en San Juan, busca entender la adaptación de este superalimento en condiciones extremas y sentar bases para la agricultura del futuro.
La quinoa, reconocida por su alto contenido en proteínas, minerales y hierro, será protagonista de una misión espacial que apunta a analizar su comportamiento fuera de la Tierra. El proyecto, previsto para el segundo trimestre de 2026, es liderado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en San Juan y cuenta con colaboración internacional.
Las semillas que viajarán corresponden a la variedad Morrillos (Chenopodium quinoa Wild), conocida por su resistencia biológica a ambientes adversos. La iniciativa se denomina Q-Orbit y representa un salto significativo: pasar de las simulaciones en laboratorio a un entorno real de vuelo espacial, donde se podrá estudiar la germinación y el crecimiento de la quinoa bajo irradiación energética y condiciones orbitales.
Qué buscarán en el espacio
La Dra. Pamela Such Stelzer, investigadora argentina involucrada en la misión, explicó que "Q-Orbit no es solo un experimento de cultivo en el espacio: es un estudio sobre resiliencia biológica frente a procesos físicos extremos, conectando agricultura, física de superficies y adaptación futura tanto para la Tierra como para escenarios lunares y marcianos".
Su trayectoria científica comenzó en la geología volcánica-sedimentaria submarina, pero su pasión por la exploración espacial la llevó a especializarse en geología planetaria. Pamela describió su camino: "El tránsito hacia el espacio no fue abrupto; fue más bien una evolución natural. Entendí que la geología es la ciencia de los mundos y que estudiar la Tierra es aprender el lenguaje de todos los planetas".
Actualmente, como científica afiliada al SETI Institute, representa a Argentina y a la ciencia latinoamericana en investigaciones de primer nivel. Destacó que el principal desafío ha sido equilibrar su carrera profesional con responsabilidades familiares, priorizando la crianza de sus dos hijos antes de retomar con dedicación plena su labor científica.
Biominería y hábitats autosustentables
En relación con la biominería y los hábitats autosustentables en el espacio, la Dra. Such Stelzer explicó que la minería espacial busca utilizar recursos disponibles fuera de la Tierra para sostener la presencia humana, minimizando la dependencia del envío constante desde nuestro planeta. "La biominería consiste en utilizar organismos biológicos para facilitar la extracción o transformación de minerales", añadió.
Además, los hábitats autosustentables integran sistemas cerrados donde se reciclan agua, aire y alimentos, siendo las plantas un componente vital para generar oxígeno y alimento, y para estabilizar el microambiente. En este contexto, la quinoa destaca por su capacidad de tolerar salinidad, sequía, radiación intensa y suelos pobres, lo que la convierte en un modelo ideal para estudiar la adaptación en condiciones extremas.
La cápsula y el experimento espejo en Tierra
El proyecto espacial se integra en la cápsula GEN-1 de Genesis Space Flight Laboratories (Croacia), dentro del marco del proyecto ORION Generation Foundation (Hungría). Se combina un experimento orbital con otro complementario en Tierra que simula regolito lunar y marciano, buscando un análisis integral y comparable de la viabilidad de cultivos en futuros hábitats extraterrestres.
El mayor reto técnico fue armonizar las fases experimentales en entornos tan disímiles como el vacío y la radiación espacial con las simulaciones terrestres. Esto requirió estandarizar protocolos y asegurar la trazabilidad de las muestras para obtener resultados confiables y útiles.
Qué puede cambiar en la Tierra
El beneficio esperado de esta investigación va más allá de la exploración espacial. Pamela afirmó que "en los próximos 20 años, este tipo de experimentos puede impactar al campo argentino e internacional en desarrollo de cultivos más resilientes, innovación en suelos marginales, tecnología agro-biológica avanzada y posicionamiento científico estratégico".
Para que Argentina avance en tecnología espacial de manera sostenida, la científica enfatizó la necesidad de visión a largo plazo, inversión estable, infraestructura tecnológica propia y condiciones adecuadas para retener talento científico. Subrayó que "el espacio ya no es un lujo científico, sino una plataforma clave para el desarrollo económico y tecnológico del país en el siglo XXI".
Finalmente, Pamela trabaja en la creación de un laboratorio de ciencias planetarias en la Universidad de San Pablo-T, en Tucumán, para que el conocimiento generado también eche raíces en el país. Invitó a jóvenes a estudiar ciencias con curiosidad y rigor, porque "participar en la construcción del futuro" es clave para que Argentina tenga un rol protagonista en la nueva era espacial.