La quinta categoría del traidor: la hipocresía que hoy sacude la política argentina

Una columna explosiva denuncia la doble moral de quienes conmemoran el “Nunca Más” mientras piden a gritos la caída de gobiernos electos. ¿Quiénes son los traidores a la democracia que hoy operan en la Argentina? Los detalles que muchos prefieren ocultar.

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La quinta categoría del traidor: la hipocresía que hoy sacude la política argentina

Una columna de opinión mordaz pone el foco en quienes, mientras condenan los golpes de Estado históricos, trabajan activamente para derribar gobiernos democráticos. En un nuevo aniversario del 24 de marzo, el discurso público se tiñe de acusaciones cruzadas y de una pregunta incómoda: ¿cuánto vale la palabra de un demócrata que pide un helicóptero?

La reflexión arranca con una definición de diccionario: impostor es quien finge ser lo que no es para engañar. Y rápidamente traza un paralelismo con la política local, agregando una quinta categoría a los traidores que describía Dante: los traidores a la democracia.

¿Condenar con un dedo y pedir el derrocamiento con el otro?

El texto es contundente al señalar una contradicción que, según el autor, es moneda corriente. Mientras se conmemora el “Nunca más” a los golpes militares, algunos actores “se dan vuelta y piden llevarse puesto un gobierno democrático”. Esta vez, se aclara, sin tanques ni fusiles, pero con la misma intención de interrupción.

Se menciona expresamente a Estela de Carlotto como ejemplo de esta dualidad, sugiriendo angustia por quienes con un dedo condenan el golpe del 76 pero con el otro dicen que gobiernos como el de Mauricio Macri o Javier Milei “se tienen que ir antes”. La lista de expresiones golpistas se extiende con citas de varias figuras.

El autor enumera: Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, dijo que Javier Milei no llega al 10 de diciembre de 2027. Eduardo Belliboni afirmó que Milei debe irse “por las buenas o por las malas”. Rodolfo Aguiar, líder del sindicato ATE, declaró: “Mi trabajo es desestabilizar al gobierno”. Sergio Berni y Rubén Sobrero también aportaron frases en la misma línea.

Una historia de ocho gobiernos expulsados

Para contextualizar la gravedad de estos llamados, el artículo repasa la historia argentina. Recuerda los seis golpes militares que derrocaron a Yrigoyen, Ramón Castillo, Perón, Frondizi, Illia e Isabel Perón. A estos suma dos gobiernos radicales expulsados por estallidos sociales: el de Raúl Alfonsín en 1989 y el de Fernando de la Rúa en 2001.

La lección, se afirma, es que “romper el orden constitucional siempre trae miseria”. Sin embargo, la acusación central es que muchos de quienes hoy están en la Plaza de Mayo “hicieron y hacen todo lo posible” para que De la Rúa, Macri y Milei no terminen sus mandatos.

Crítica a la doble moral en la conmemoración del 24 de marzo.
Una columna cuestiona la coherencia de algunos discursos en una fecha sensible. (Foto: Provincia de Buenos Aires).

La conclusión es lapidaria: “Esta gente odia las botas, pero ama los helicópteros. Odia los fusiles pero ama las piedras. Repudia los tanques pero aplaude el caos organizado”. Por ello, el autor se declara incrédulo ante sus discursos republicanos, tildándolos de “impostores” y “actores de una moral de cartón”.

Un gobierno en problemas, pero una oposición sin credibilidad

El análisis no elude la compleja situación del oficialismo. Cita un índice de la Universidad de San Andrés que le otorga un 59% de desaprobación y un 38% de aprobación, marcando su peor momento. Los principales problemas de la gente, según la encuesta, son económicos: bajos salarios (37%), falta de trabajo (36%), pobreza (27%) e inflación (20%).

Sin embargo, señala una “buena noticia” para el gobierno: la oposición no capitaliza este mal momento porque la opinión pública tampoco confía en ella. Para demostrarlo, lista la imagen negativa de varios referentes, liderada por Máximo Kirchner (-71%), seguido por Sergio Massa (-70%) y Guillermo Moreno (-65%).

La razón de este descreimiento, argumenta, es que “se ven los hilos”. Acusa a un sector de la política de haberse “apropiado” culturalmente de símbolos como el 24 de marzo, el fútbol, los derechos humanos y la Plaza de Mayo, transformando una fecha de memoria colectiva en “un territorio político”.

Crítica a los 'republicanos de micrófono'.
La columna afirma que en política, la gente no es lo que dice, sino lo que hace. (Foto: NA – Hugo Villalobos).

El texto va más allá y apunta contra lo que llama un “relato editado”. Menciona que los Kirchner “se llenaron de plata con la Circular 1050 ejecutando propiedades en esos años oscuros”, mientras hoy son presentados como héroes. También señala los pasados en la dictadura de figuras como el ex juez Eugenio Raúl Zaffaroni, la ministra Alicia Kirchner y el gobernador Gildo Insfrán, acusando a sus defensores de “taparlos”.

La columna cierra con una advertencia: se puede reescribir la memoria y maquillar los hechos, “pero nunca abolir la realidad”. Y remata con una frase que pretende ser un faro en el debate: “Opiniones libres; hechos sagrados”.

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