La receta de los chorizos que sostuvo a una familia de Paraná durante un siglo
Una familia de Paraná empezó con una carnicería en el Mercado Central en 1926. Hoy, un siglo después, siguen al frente del negocio y revelan qué lleva la receta de sus chorizos.
Meucci, la empresa familiar que nació en el Mercado Central, cumplió 100 años y lo festejó con una choriceada solidaria. Marcela Cian repasó en el ciclo UNO a UNO la historia de un emprendimiento que atravesó generaciones, crisis económicas y una pandemia sin bajar la persiana.
"Es algo llamativo y, sobre todo, en este país es mucho", dijo Cian sobre el centenario. Para tomar dimensión, comparó: la empresa lleva la mitad de los 200 años que cumplió Paraná como ciudad.
De militar a carnicero: el origen en el Mercado Central
Todo empezó en 1926, cuando el bisabuelo de Marcela llegó a Paraná y montó una carnicería y una fábrica. Antes había sido militar y había participado de expediciones en el norte del país. Ya instalado en la capital entrerriana, abrió un puesto de venta en el antiguo Mercado Central, frente a la radio.
La segunda generación fue la de su abuelo, Gino Meucci, un personaje singular: nació en una reserva de Formosa, donde su madre fue asistida por una mujer indígena durante el parto. En Paraná se hizo conocido no solo por el negocio familiar, sino también por su costado artístico: era cantante y animaba las reuniones.
Con los años, Meucci fue mutando y sumando rubros para responder a las demandas de cada época. Una de esas transformaciones fue el servicio de viandas, algo impensado en los inicios. "Se fue adaptando a la realidad que nos tocaba vivir", explicó Marcela.
Crisis, familia y el sostén de siempre
Sostener una empresa durante un siglo implica atravesar tormentas. Marcela recordó la hiperinflación de fines de los 80, la crisis de 2001 y, más cerca en el tiempo, la pandemia. En ese recorrido, el acompañamiento familiar fue clave. Recordó especialmente a su abuela, a quien describió como una mujer firme y trabajadora, capaz de sostener a los demás en los momentos de mayor incertidumbre.
"Siempre hay una gran contención familiar. Eso fue lo que nos ayudó", señaló.
La pandemia planteó otro desafío: aunque los alimentos eran esenciales, las restricciones impedían que los clientes se acercaran al comercio. Reorganizaron la distribución y llevaron los pedidos directamente a los domicilios. Marcela recuerda las conversaciones con clientes a través de las rejas de sus casas, mientras dejaban los productos para que pudieran retirarlos. De esa experiencia quedaron vínculos que todavía se mantienen. "Es una cosa maravillosa, desde ese lugar", sostuvo.
La adaptación también significó encontrar nuevas formas de responder a quienes confiaban en el comercio. En medio de la incertidumbre, la distribución permitió sostener el contacto y acompañar a muchas personas angustiadas por la situación.
El conocimiento que se transmite
La incorporación de las viandas tuvo un motor concreto: la participación de su hermana Pepi, nutricionista. Su formación permitió organizar preparaciones para personas con distintas necesidades alimentarias. Marcela explicó que ese conocimiento se fue incorporando al trabajo cotidiano y que hoy el equipo reconoce las particularidades de cada dieta. Como ejemplo, mencionó las viandas para pacientes con problemas intestinales o renales, que requieren cuidados específicos en la selección de los alimentos.
La empresa sigue siendo un espacio de trabajo compartido entre familiares. Marcela contó que, aunque pueden surgir diferencias y discusiones propias de la convivencia laboral, tienen una regla clara: resolverlas puertas adentro y seguir trabajando juntas.
Sobre su tarea, dijo que se siente más cómoda en la elaboración que en la atención al público. Aunque también se ocupa de cuestiones administrativas, disfruta estar en el sector de producción y participar directamente del trabajo. "A mí me gusta estar adentro, en la parte de elaboración. Hay que empujar el carro y esa es la parte que me gusta", contó.
El secreto de los chorizos y una celebración solidaria
Entre los productos que identifican a Meucci, los chorizos ocupan un lugar especial. Marcela explicó que su sabor está relacionado con una receta familiar que se transmitió de generación en generación y con la selección de los ingredientes.
"Lo que va pasando es el condimento, ahí está la diferencia", afirmó. También destacó el uso de carne seleccionada y de una tripa fina, llamada chinesca, que aporta una textura crocante durante la cocción. Según explicó, esa combinación distingue al producto de otros que utilizan condimentos prefabricados.
Los chorizos fueron protagonistas del festejo por el centenario. La celebración, que originalmente estaba prevista para el sábado 24 de octubre, finalmente se realizó el 31. La actividad comenzó a las 19 y se extendió hasta las 22 en Ramírez 2049. Hubo música en vivo, un brindis y choripanes para compartir.
La propuesta tuvo además un componente solidario. En lugar de entregar gratuitamente los choripanes, la familia convocó a Suma de Voluntades para que se encargara de venderlos a un precio accesible y destinara lo recaudado a sus actividades. Así, quienes se acercaron a compartir el aniversario también pudieron colaborar con el trabajo que realiza la entidad.
El centenario de Meucci fue una oportunidad para reunir a clientes, amigos y vecinos, celebrar una historia ligada a Paraná y reconocer a quienes formaron parte de ella. Entre los recuerdos familiares, Marcela destacó especialmente a su madre, Marita Meucci, de 86 años, quien todavía continúa trabajando en la empresa.
Después de un siglo de actividad, la celebración reunió pasado y presente: la memoria de quienes iniciaron el emprendimiento, el trabajo de las generaciones que lo sostuvieron y el compromiso de una familia que continúa al frente y adaptándose a los tiempos que vienen.