La referente de Ammar contó qué hay detrás de las detenciones de trabajadoras sexuales en Rosario

Lo que contó la referente de Ammar sobre los operativos en las zonas de trabajo sexual y las razones que, según ella, están llevando a las compañeras a la cárcel cambia la forma de mirar el barrio. El detalle que más incomoda no está en las estadísticas.

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La referente de Ammar contó qué hay detrás de las detenciones de trabajadoras sexuales en Rosario
La referente de Ammar contó qué hay detrás de las detenciones de trabajadoras sexuales en Rosario

Georgina Orellano presentó en Rosario su segundo libro, "Vidas de putas, calle, sexo y mentiritas", y describió un escenario que se agrava: operativos de saturación, narcomenudeo como estrategia de supervivencia, alquileres impagables y una Justicia que, según ella, no entiende cómo sobreviven los sectores populares.

La referente del sindicato Ammar pasó por la ciudad este jueves 17 para participar de la cuarta edición del Festival Nación Trava. Allí presentó el libro que sitúa en el barrio porteño de Constitución, alrededor de la Casa Roja, aunque las problemáticas que relata se replican en Rosario, San Juan, Salta, Mar del Plata, La Plata y la ruta 4.

Orellano aclara que no se considera escritora: "Soy una trabajadora sexual o una prostituta a la que le gusta escribir". Su prioridad, dice, es la militancia política. Escribe en los tiempos que le deja la organización, sin computadora propia, con la que le prestan en Ammar. Todo lo que aparece en el libro, insiste, es parte de una construcción colectiva.

De la pelea con los feminismos al narcomenudeo

El primer libro de Orellano, "Puta feminista", buscaba dialogar con los feminismos. El segundo corre ese eje: "Hoy ya no queremos escribir para dialogar con los feminismos", plantea, y apunta a deconstruir las narrativas victimizantes desde una perspectiva de derecho laboral y sindical.

El dato que marca el cambio de contexto es contundente. "Ahora, en este contexto, las trabajadoras sexuales no van presas por la ley de trata o por un código contravencional de prostitución callejera, van presas por la ley de drogas", afirma. Y agrega que la mayoría de las compañeras, para pagar el alquiler de las habitaciones, está haciendo narcomenudeo en la calle.

La distinción le importa: "Lo que vemos en la zona de trabajo sexual no es narcotráfico, es narcomenudeo. No son mafias criminales que se organizan". Lo describe como un modo de subsistencia de compañeras "muy rotas, totalmente por fuera del sistema", que no se enriquecen ni andan en 4x4, sino que siguen viviendo en los mismos lugares mientras el alquiler de una habitación pasó de 16.000 pesos a un millón.

Operativos de saturación y violencia institucional

Según Orellano, en Constitución las detenciones pasaron de entre una y tres por semana hace tres años a producirse todos los días. "Hay semanas en las que nos encontramos con 10 compañeras detenidas", asegura, en alcaidías y comisarías.

Describe los operativos de saturación en hora pico: el barrio se cierra y las compañeras terminan contra la pared, desnudadas en el espacio público, haciendo flexiones porque la Policía busca envoltorios en el cuerpo. "Te piden que abras la boca, que te sueltes el pelo, que te bajes el jean o te subas la pollera, te hacen el tacto con guantes", relata. Si no encuentran nada, las intiman a retirarse.

Frente a eso, el sindicato armó una formación interna en alfabetización judicial para entender el lenguaje de la Justicia y acompañar a las detenidas. También un sistema de alerta: si una compañera ve a otra contra la pared, avisa por WhatsApp para que la organización identifique su situación procesal y avise a la defensoría.

Vivienda, tuberculosis y consumo

Las mayores demandas que llegan a la organización son habitacionales. Muchas compañeras están en situación de calle: si un día no tienen los 50.000 pesos que cuesta una habitación en una pensión, duermen en la calle o en una plaza. Otras viven en ranchadas bajo la autopista y denuncian que agentes del espacio público las echan a las 3 de la mañana, les tiran agua con cloro y les levantan todo.

Orellano también menciona el crecimiento de la tuberculosis y el consumo problemático. Cuenta que intentaron asistencia con el Ministerio de Salud, pero les ponían un camión en la Plaza Garay, con el estigma que eso genera. Las compañeras no hacen público el diagnóstico porque comparten baño y cocina, y llegan al sistema de salud con la enfermedad avanzada: la prioridad es trabajar, pagar el alquiler y comer.

Femicidios, travesticidios y pobreza estructural

En el libro aparece el caso de Rachel, una compañera encontrada muerta en un hotel de Constitución. Según relata Orellano, estaba con dos jóvenes de 19 y 25 años en una situación de consumo, violencia y robo. La Policía la redujo boca abajo con precintos en pies y manos y sufrió un paro cardiorrespiratorio. "Para las activistas fue travesticidio", dice, y cuestiona que no se aplicara un protocolo de salud mental.

También menciona a una compañera de Rosario víctima de femicidio cuando fue a dar un servicio a un departamento a una cuadra, porque no habían tenido trabajo ese fin de semana. Y describe el fenómeno de las "viudas negras": pibas muy jóvenes que roban a clientes bajo efectos de sustancias, sin evaluar el riesgo de terminar presas cuatro o cinco años.

Plataformas, OnlyFans y el rol de los sindicatos

Sobre el trabajo sexual en plataformas digitales, Orellano critica el relato de "ser tu propia jefa". Señala que las creadoras de contenido tienen una carga horaria como cualquier jornada laboral y que responden a un algoritmo que impone cómo producir. También advierte sobre el acoso virtual: robo de contenido, difusión en páginas gratuitas y clientes que hostigan en redes personales sin un dispositivo estatal claro para denunciar.

El lenguaje, para ella, es político. Por eso reivindica la palabra "puta" y diferencia cliente de fan: "No son tus fans, son personas que pagan por un servicio". Y reclama a los sindicatos tradicionales que escuchen a sus afiliadas que hacen OnlyFans para llegar a fin de mes.

"Se rompió el tejido social", repite. Y sostiene que el problema del narcomenudeo lo tiene que resolver la política, no el Poder Judicial: "Queremos anteponer a la solución del derecho penal la justicia social".

Georgina Orellano

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