La robot riocuartense que desafía los límites: ya conversa y hasta se enoja

¿Una robot que se enoja y negocia? Conocé a Inanna, la creación del Itec que ya conversa y apunta a caminar. Los detalles que pocos saben.

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La robot riocuartense que desafía los límites: ya conversa y hasta se enoja
La robot riocuartense que desafía los límites: ya conversa y hasta se enoja

Un grupo de estudiantes del Itec de Río Cuarto logró lo que parecía exclusivo de laboratorios internacionales: crear una robot humanoide capaz de interactuar, responder y mostrar una personalidad propia. Se llama Inanna, mide 1,90 metros y ya es el centro de atención.

¿Cómo nació Inanna?

El proyecto surgió en las aulas del Instituto Técnico (Itec) como trabajo final de la carrera de Técnico Superior en Mecatrónica. Bajo la dirección del profesor Jorge Estrella, el alumno Maximiliano Medina lideró la parte técnica y, junto a Agustín Devia, Guillermo Tisera, Luz Guzmán y Martina Echar, dedicaron cerca de 11 meses para darle vida.

La construcción demandó un trabajo artesanal: impresión 3D de piezas que, en algunos casos, requirieron hasta 20 horas continuas. En total, se utilizaron unas 30 bobinas de filamento, equivalentes a unos 7 kilómetros de material, según explicó Medina a Puntal.

Más que metal y cables

Pero Inanna no es solo estructura. El equipo desarrolló sistemas que le permiten comunicarse y adaptar sus respuestas. Actualmente, funciona como un banco de pruebas para modificar programas y escenarios, y una de sus versiones incorpora inteligencia artificial con redes neuronales, incluyendo herramientas de Google y ChatGPT.

Esa interacción, según Medina, le permite construir una personalidad única. Tanto que durante las largas jornadas de calibración de ojos y servomotores, la robot “se enojó” y propuso un trato: si lograba mover los ojos como él quería, exigía que le consiguiera un blazer que había visto en internet, proporcionando incluso el enlace y el código del artículo.

¿Qué sigue para Inanna?

El nombre elegido rinde homenaje a la antigua diosa sumeria. Y mientras Inanna ya puede mirar, responder y mantener conversaciones, sus creadores tienen un objetivo claro: “Darle piernas y conseguir que el primer prototipo humanoide riocuartense pueda dar sus primeros pasos”, adelantó Medina.

El proyecto demuestra que la tecnología de vanguardia también puede gestarse en las aulas y que la edad no es un límite para innovar.

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