La santiagueña que un gesto viral la tiene al borde de 15 años de cárcel en Brasil
Una joven santiagueña vive un calvario en Brasil por un video viral. Acusada de un grave delito, enfrenta una audiencia que podría mandarla a prisión por años. ¿Logrará su defensa que pueda responder el proceso desde Argentina?
Agostina Páez, una joven de Santiago del Estero, enfrenta un futuro incierto en Río de Janeiro, donde un video de una discusión en un bar podría costarle hasta 15 años de prisión. Acusada de injuria racial, lleva más de dos meses retenida con una tobillera electrónica, viviendo lo que ella describe como un “calvario” lejos de su hogar.
Todo comenzó el 14 de enero, durante una salida con amigas en la ciudad carioca. Una discusión por una supuesta doble cobranza en un local derivó en un intercambio de insultos y, finalmente, en un gesto de Agostina imitando a un mono que fue grabado por uno de los empleados. Ese video, que luego se viralizó, se convirtió en la prueba central de tres denuncias penales en su contra.
“He reaccionado mal y estoy muy arrepentida de eso”, confesó Páez en una entrevista desde el departamento que alquila en las afueras de Río. La joven explicó que su reacción se produjo después de que, según su relato, uno de los empleados del bar se agarrara los genitales frente a ella y sus amigas mientras se retiraban.
Un día a día marcado por el miedo
Desde que el video se difundió, la vida de Agostina cambió por completo. Declaró que vive en una “paranoia constante” y que ha recibido amenazas. Sus salidas se limitan a lo estrictamente necesario: las visitas mensuales al juzgado y al consulado argentino, y esporádicas salidas a comprar comida.
“Voy toda tapada para comprarme comida”, relató. “No voy a la playa y trato de no hablar o hablo en portugués para que no se den cuenta de que soy yo”. La presión es tal que asegura haber perdido todas sus esperanzas, aunque aún confía en que la justicia brasileña le permita responder el proceso desde Argentina.
La audiencia crucial que define su futuro
El próximo martes 24 de marzo se llevará a cabo una audiencia de instrucción clave. En ella, un juez evaluará las pruebas presentadas y decidirá si el caso se eleva a juicio oral. La fiscalía imputa a Páez por tres delitos de injuria racial en concurso material, lo que podría llevar a una pena de al menos seis años de prisión.
La defensa de la santiagueña, sin embargo, busca un objetivo inmediato diferente. Su abogada intentará revocar las medidas cautelares que la obligan a permanecer en Brasil, para que pueda seguir el proceso desde su país. “Lo único que quiero es volver a mi país, porque no me siento segura aquí y no puedo seguir viviendo de esta manera”, imploró Agostina.
La pena por cada uno de estos delitos va de dos a cinco años. Si el juez considera que los tres cargos se suman, la condena teórica máxima podría alcanzar los 15 años de cárcel. Agostina gasta alrededor de 4.000 reales mensuales para mantenerse, dinero que recibe de su familia, ya que no tiene permitido trabajar.
El relato del incidente que desató la tormenta
Páez reconstruyó los hechos de aquella noche de enero. Según su versión, después de pagar la cuenta, los empleados del bar intentaron cobrarles nuevamente. Una de sus amigas pagó para evitar mayores problemas, acto que fue recibido con burlas por parte del personal del local.
Al irse, escucharon gritos y, al darse vuelta, ella y su amiga vieron a uno de los empleados tocándose los genitales. “Ahí es donde yo reacciono horrible, reacciono mal y me arrepiento un montón de haber reaccionado de esa manera”, admitió. Fue en ese momento que hizo el gesto que quedó registrado en video.
La gravedad de la situación no la comprendió hasta el día siguiente, cuando comenzó a recibir mensajes que supuestamente eran de la policía. Tras presentarse en la delegación de Rocinha, las autoridades le informaron que no podía salir del país y le colocaron la tobillera electrónica. Fue allí mismo donde vio el video por primera vez y, según dijo, comenzó a recibir las primeras amenazas.
Pese a la situación, Agostina Páez insiste en que no es una persona racista. Afirma haberse interiorizado en el tema, estudiando el contexto histórico del racismo en Brasil para comprender el daño causado. “Sé que he ofendido a una gran cantidad de personas. Yo no soy así”, concluyó, a la espera de una decisión judicial que le devuelva, al menos, la posibilidad de esperar en casa.