La sobreviviente que desafió al horror nazi: el secreto que guarda desde los 4 años
A sus 88 años, carga con el recuerdo de una papa cruda, la huida por las cloacas y la pérdida de todo. ¿Cómo una sobreviviente del Holocausto encontró la fuerza para convertir su dolor en un mensaje de paz y advertencia para el mundo? Su historia es un llamado que no se puede ignorar.
Irene Shashar, a sus 88 años, carga con una historia que el mundo no puede olvidar. Sobreviviente del Holocausto, escapó del gueto de Varsovia siendo una niña y hoy, desde Israel, su relato es un testimonio vivo contra el antisemitismo y un llamado a que la historia no se repita. Su lucha es su victoria definitiva.
Nacida como Ruth Lewkowicz el 12 de diciembre de 1937 en Polonia, su vida cambió para siempre el 1 de septiembre de 1939, con la invasión alemana. Su madre, Helena, le cambió el nombre a Irene, que significa “paz”, en un intento por protegerla. Un año después, fueron trasladadas al Gueto de Varsovia.
El hambre y la miseria marcaron sus primeros años. Irene recuerda con una claridad sobrecogedora el sabor de una papa cruda y sucia que encontró en la calle, partida en dos por su madre hambrienta. “Hasta hoy recuerdo el gusto de esa papa: cruda y sucia. Para mí eso es el amor de madre. Esa madre me dio vida más de una vez”, afirma.
La huida a través de las cloacas
La tragedia se profundizó con el asesinato de su padre, Dawid Lewkowicz. Irene lo recuerda tendido en un charco de sangre. Ese hecho fue el punto de quiebre. Su madre decidió que debían escapar o morir. La salida fue a través de las alcantarillas mugrientas de Varsovia. Una niña de 4 años y una mujer de 32, abriéndose paso por las cloacas hacia una libertad incierta.
Al emerger en la “parte aria” de la ciudad, donde estaba prohibido que estuvieran los judíos, comenzó su vida como una “niña escondida”. Se refugiaba en armarios y aparadores de las casas donde su madre trabajaba cuidando niños, siempre huyendo cuando el peligro de ser descubiertas acechaba.
Su única compañía en la oscuridad de los escondites era su muñeca, el único juguete rescatado del gueto. “Con ella he tenido conversaciones filosóficas como ‘¿por qué los judíos nos merecemos esto?’”, confiesa Irene. La guerra terminó, pero la desgracia persistió. Tras mudarse a París, su madre murió de un infarto, dejándola huérfana.
Una vida reconstruida con un propósito
Irene fue acogida por unos familiares en Perú, Fela y Michel Topilsky, quienes le dieron la oportunidad de una vida normal. Estudió, se graduó, obtuvo una beca para los Estados Unidos y finalmente se estableció en Israel, donde formó una familia. A sus hijos les puso Ilana y David, en honor a sus padres.
Sin embargo, el pasado nunca la abandonó. Investigó toda su vida sobre los muertos del gueto, buscando sin éxito el destino del cuerpo de su padre. “No tengo foto. No tengo tumba. Lo único que tengo es mi memoria”, dice con resignación, sabiendo que hoy se camina sobre las fosas comunes donde yacen miles como él.
En 2022, publicó su historia en el libro “Yo vencí a Hitler”. Su misión es clara: hablar. Recientemente, en enero de 2024, dio su testimonio frente a más de 2000 personas en el Parlamento Europeo. “Como sobreviviente del Holocausto tengo que contar mi historia. Tengo que luchar contra el antisemitismo”, declara con una determinación inquebrantable.
El infierno del Gueto de Varsovia
El lugar del que Irene escapó fue el más grande de los 400 guetos creados por los nazis en Polonia. En solo 3,4 km², el 2,4% de la superficie de Varsovia, hacinaron a unas 450.000 personas. Las raciones para judíos eran de 184 calorías diarias, frente a las 2400 de los alemanes.
El acceso al exterior fue cerrado el 16 de noviembre de 1940, primero con alambres de púa y luego con un muro de 3 metros de alto y 18 kilómetros de largo. Allí, entre abril y mayo de 1943, se produjo el Levantamiento del Gueto de Varsovia, una de las primeras revueltas masivas contra el nazismo en Europa.
Frente al Museo Polin, que narra la historia de los judíos polacos, se alza el Monumento a los Héroes de aquel levantamiento. Irene Shashar es uno de esos héroes que sobrevivió para contarlo. A la pregunta de por qué Hitler quería matar a una niña de un año y ocho meses, ella responde con amor: “Yo creo que la vida es bella y, tal como lo dice Mercedes Sosa, doy gracias a la vida”. Su voz, a los 88 años, es más fuerte que el odio que intentó silenciarla.