La Tercera que Mata: el homenaje eterno a la cantera que revolucionó a Estudiantes
La cantera que formó a los héroes de Estudiantes ya tiene su tribuna en el estadio UNO. ¿Qué secretos guarda ese equipo que cambió la historia del club?
La mística de Estudiantes de La Plata tiene una cuna bien concreta: la cantera que formó a una generación de jugadores que cambió la historia del club y del fútbol argentino. Hoy, ese legado tiene un lugar físico imborrable en el estadio UNO.
Corría el año 1965 cuando Osvaldo Zubeldía tomó las riendas del primer equipo pincharrata. Lo que encontró no fue un plantel común: se topó con una estructura física, mental y táctica esculpida por Ignomiriello, el hombre que había moldeado a un grupo de jóvenes de la Tercera división con una disciplina y una idea de juego que ya funcionaban como un reloj.
Zubeldía supo leer esa base y la potenció. Mezcló la frescura y el hambre de aquellos pibes con futbolistas de experiencia foránea, como Carlos Bilardo y Raúl Madero. Esa combinación explosiva dio inicio al ciclo más glorioso que recuerde la institución albirroja, con logros que todavía hoy son motivo de orgullo.
¿Qué fue “La Tercera que Mata”?
No fue un apodo casual. Aquella Tercera división de Estudiantes se ganó el respeto del fútbol local a base de juego agresivo, entrega total y una identidad inconfundible. Su impacto fue tal que alteró el mapa del fútbol de la zona y sentó las bases de un estilo que el club mantiene hasta el día de hoy.
Esos jóvenes no solo llegaron a Primera: se convirtieron en la columna vertebral de un equipo que haría historia a nivel nacional e internacional. El semillero dejó de ser una promesa para transformarse en una realidad contundente.
Un homenaje de hormigón en el estadio UNO
La leyenda de esos chicos ya no vive solo en los relatos orales o en los libros de historia. Hoy, el Estadio UNO Jorge Luis Hirschi tiene una cabecera que lleva su nombre: la Tribuna “La Tercera que Mata”, ubicada sobre la calle 55, fue bautizada oficialmente así.
La decisión no es un simple gesto simbólico. Garantiza que las futuras generaciones de hinchas y jugadores pinchas jamás olviden el origen de su mística de trabajo y sacrificio. Cada vez que la tribuna se llene de voces, el eco de aquellos pibes que revolucionaron el fútbol seguirá presente.
El homenaje es un recordatorio permanente de que la grandeza de Estudiantes no nació de la casualidad, sino de un proyecto serio, de formación y de identidad. La Tercera que Mata sigue viva, ahora en cada rincón del estadio que la vio nacer como leyenda.