La trampa del placer: cómo los ultraprocesados secuestran tu cerebro y te hacen adicto

¿Sabías que los snacks y gaseosas pueden generar una adicción similar a la de las drogas? Científicos revelan cómo estos productos alteran tu cerebro y qué puedes hacer al respecto.

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La trampa del placer: cómo los ultraprocesados secuestran tu cerebro y te hacen adicto

Un estudio de la Universidad de Michigan reveló que hasta el 20% de los adultos y el 15% de los niños y adolescentes presentan signos de adicción a los alimentos ultraprocesados. Snacks, gaseosas y comidas rápidas activan el sistema de recompensa cerebral de forma similar a sustancias adictivas, generando antojos persistentes y pérdida de control.

La evidencia científica, publicada por el periodista Leonardo Coscia en EconomiaSustentable.com, muestra que la formulación industrial de estos productos, con combinaciones específicas de grasas, azúcares refinados y aditivos, busca generar estímulos sensoriales intensos que favorecen el consumo reiterado.

¿Qué pasa en el cerebro cuando comemos ultraprocesados?

Los alimentos ultraprocesados activan el sistema de recompensa cerebral mediante la liberación de dopamina. Este neurotransmisor, que en condiciones normales se relaciona con conductas necesarias para la supervivencia, responde de manera intensa ante productos de alta densidad energética.

El mecanismo es similar al de sustancias que generan dependencia: el cerebro registra estos estímulos como señales de recompensa inmediata, alterando la relación natural con la comida y desplazando la ingesta basada en necesidades fisiológicas.

Estudios experimentales desde la década de 1980 mostraron que animales de laboratorio incrementaban la actividad dopaminérgica al acceder a alimentos ricos en azúcar y grasa. Investigaciones posteriores en humanos observaron patrones comparables.

La doctora Irina Kovalskys (MN 80.503), médica pediatra y especialista en Nutrición, explicó que “el cerebro tiende a recibir como más apetecible sabores dulces o alimentos con más contenidos de grasa por lo que nos cuesta parar de comerlo”.

“Cuanto más capaces seamos de controlar nuestro hábito alimenticio, cuanto menos nos acostumbremos a sabores hiperdulces o hipergrasos más nos acostumbraremos a que estos alimentos inicialmente no nos parecen tan ricos”, indicó.

Los productos en la mira de los expertos

La investigación se centra en productos con alto contenido de grasas, azúcares refinados y aditivos potenciadores del sabor. Estos alimentos combinan ingredientes modificados mediante procesos industriales intensos. Las categorías identificadas incluyen:

  • Snacks salados: Cheetos, Doritos, Pringles, Lay’s. Combinan grasas y sal en niveles que generan rápida absorción y antojos intensos.
  • Bebidas azucaradas: Coca-Cola, Pepsi, Fanta, Sprite. Su alto contenido de azúcar libera dopamina y crea ciclos de consumo repetitivo.
  • Chocolates y golosinas: Snickers, Hershey’s, KitKat, Oreo. Los chocolates con leche o blancos son considerados altamente adictivos por su combinación de grasa y azúcar.
  • Comida rápida: Hamburguesas con queso de McDonald’s y Burger King, nuggets de pollo congelados.
  • Cereales y panadería industrial: Kellogg’s (Zucaritas, Froot Loops), Nestlé (Nesquik), productos Bimbo.
  • Postres lácteos: Helados Nestlé, yogures azucarados con sabor a frutas de Danone.

Las listas extensas de ingredientes con nombres técnicos y aditivos químicos son la señal más clara de que un alimento ha sido sometido a procesamiento industrial intenso.

¿Cómo reconocer una conducta adictiva?

La hipótesis de la adicción a alimentos ultraprocesados se apoya en comportamientos específicos documentados en investigaciones clínicas. Entre ellos se destacan los antojos intensos y la dificultad para limitar el consumo.

También se registra persistencia en la ingesta a pesar de consecuencias negativas conocidas. Este patrón replica lo observado en trastornos por consumo de sustancias.

Estudios preliminares describen síntomas compatibles con abstinencia en personas que reducen o eliminan estos productos. Aparecen irritabilidad, fatiga y dolores de cabeza, lo que refuerza la hipótesis del componente adictivo.

Investigaciones recientes incorporan el análisis del microbioma intestinal como factor relevante. Personas con patrones de consumo compulsivo presentan composiciones microbianas similares a las identificadas en otras conductas adictivas.

Gabriel Vinderola, doctor en Química e investigador principal del CONICET-UNL, explicó el impacto de aditivos: “La presencia de colorantes, conservantes y saborizantes tiene un impacto directo en el sistema nervioso”.

“Está demostrado científicamente que la tartrazina impacta en nuestro sistema inmunológico por la permeabilidad intestinal. Atraviesan la barrera intestinal pasan a la sangre, atraviesan la barrera hematoencefálica y llegan al cerebro, alterando el comportamiento”, agregó.

Enfermedades vinculadas al consumo excesivo

El consumo elevado de alimentos ultraprocesados se asocia con mayor riesgo de enfermedades no transmisibles. Entre ellas se incluyen obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, depresión y ansiedad.

Estudios epidemiológicos identificaron una relación con mayor mortalidad por distintas causas. También se detectaron vínculos con cáncer colorrectal en adultos jóvenes y aparición de pólipos intestinales.

En población infantil, investigaciones recientes detectaron niveles elevados de glucosa y colesterol en niños con dietas basadas en estos productos. Ensayos controlados indicaron que las personas expuestas a dietas ultraprocesadas consumen, en promedio, más calorías diarias.

El impacto no se limita al contenido calórico. La composición de estos productos, con bajo aporte de fibra y micronutrientes, junto con la presencia de aditivos, puede influir en procesos metabólicos y en la regulación del apetito. El efecto sobre el microbioma intestinal es clave.

La realidad en Argentina

En Argentina, el consumo de alimentos ultraprocesados forma parte de una transformación más amplia del patrón alimentario. La incorporación cotidiana de galletitas, snacks y bebidas azucaradas se vincula con cambios en los hábitos familiares.

Especialistas en pediatría y nutrición señalan que estos cambios se observan desde edades tempranas. Entre los factores identificados se encuentran la reducción de la lactancia materna exclusiva y el aumento en el uso de fórmulas infantiles, junto con mayor exposición a productos industrializados desde los primeros meses.

Según datos oficiales, en Argentina la lactancia exclusiva está por debajo del 50% desde hace algunos años. Vinderola reconoció que “se observa un pequeño incremento, gracias a campañas de concientización”.

“Igual hay que entender el contexto, la sociedad no se la hace fácil a la mamá para que mantenga la lactancia exclusiva, porque tiene que volver a trabajar rápido y no hay lugares preparados para amamantar”, remarcó.

La introducción de alimentos ultraprocesados en la dieta infantil se relaciona con la aparición de enfermedades no transmisibles en etapas tempranas: obesidad, diabetes tipo 2, dislipidemias e hipertensión arterial. También se investigan posibles vínculos con pubertad precoz y alergias alimentarias.

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advierte que estos productos presentan altos contenidos de azúcares, sodio y grasas. Entre sus recomendaciones, plantea evitar su consumo en la infancia y limitar su oferta en entornos escolares. Además, respalda la implementación de la Ley de Etiquetado Frontal 27.642.

El momento clave para formar hábitos saludables

El entorno familiar cumple un rol central en la formación de hábitos alimentarios durante la infancia. La oferta de alimentos disponible en el hogar y las prácticas de los adultos responsables influyen en las preferencias de los niños.

Especialistas destacan la importancia de la alimentación complementaria a partir de los seis meses. “La gran oportunidad es cuando comienza la alimentación complementaria, a los 6 meses, cuando la que está sentada en la mesa no es la industria, sino mamá y papá: es el momento de crear hábitos y ofrecer alimentos reales”, enfatizó Vinderola.

“Si uno a ese niño le ofrece alimentos reales nunca va a elegir alimentos industrializados. El tema es que a veces uno puede hacer el mejor trabajo posible en casa pero cuando comienza a socializar, va al colegio y va a cumpleaños, el niño está expuesto a una cantidad de alimentos industrializados, lo que puede perjudicar los hábitos aprendidos en casa”, agregó.

Kovalskys se mostró más a favor “de regular que de prohibir, ya que eso en la infancia hace que sea más apetecible”. “Si yo genero un ambiente favorable, donde predomina la alimentación saludable y aparecen ocasionalmente alimentos industrializados, no hay problema. Está bien si se reduce a ese momento, a un cumpleaños, un evento social”, añadió.

Políticas públicas y regulación

Distintos países implementaron medidas orientadas a regular el consumo de alimentos ultraprocesados: sistemas de etiquetado, restricciones a la publicidad dirigida a niños y programas de educación alimentaria.

En Argentina, la Ley de Etiquetado Frontal establece la obligatoriedad de advertencias en productos con exceso de nutrientes críticos. Esta herramienta busca facilitar decisiones informadas al consumidor.

Especialistas plantean la necesidad de mejorar el acceso a alimentos frescos y fortalecer estrategias de educación nutricional en ámbitos escolares y comunitarios.

La médica especialista Miryam Gorban, fallecida en octubre de 2025, fue pionera en el campo de la soberanía alimentaria. “No hay que dejarse llevar por la publicidad engañosa porque esos productos son lo peor, están llenos de conservantes, aditivos y químicos. Todo eso altera y enlentece el metabolismo por el exceso de energía, de nutrientes, de sal, de azúcar y de grasas, y son los grandes responsables de la pandemia de obesidad y sobrepeso”, explicaba en una de sus últimas entrevistas.

El cardiólogo Jorge Tartaglione graficó la exposición constante: “Cuando vas al supermercado, te da una sensación de que te los querés comprar todos porque están bien presentados. Cuando los probás, generan una adicción, porque están alterados artificialmente con conservantes”.

“Si comés una galletita de chocolate, no podés comer una sola. Generan una sensación en el paladar que, cuando la mordés, hace que te guste mucho más”, sostuvo.

La investigación sobre alimentos ultraprocesados continúa en desarrollo. Las líneas actuales incluyen el estudio del microbioma, la neurobiología de la alimentación y el impacto de los entornos alimentarios. El reconocimiento de patrones de consumo asociados a conductas adictivas introduce nuevas perspectivas en el análisis de la alimentación contemporánea.

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