La trampa solar que estudiantes jujeños crearon para salvar a la quínoa sin usar químicos
¿Sabías que un grupo de estudiantes de la Puna creó una trampa solar para proteger la quínoa sin dañar el ambiente? Conocé los detalles de esta innovadora iniciativa.
En El Cóndor, un pequeño pueblo de la Puna jujeña, un grupo de estudiantes del Colegio Secundario Nº 10 desarrolló una innovadora trampa solar para proteger el cultivo de quínoa, conocido como el "oro blanco" de la región. La iniciativa, que evita el uso de pesticidas, busca combatir las plagas que amenazan la producción local.
¿Quiénes están detrás del proyecto?
Thiago Martínez y Melina Ramos, alumnos de la institución, fueron los impulsores de esta propuesta agroecológica, con la guía del docente asesor Federico Giménez. La idea surgió al detectar que las polillas y los gusanos estaban dañando seriamente los cultivos de quínoa, un cereal de alto valor nutricional y económico.
"Cuando sembramos la quínoa vimos que nos invadieron plagas", relató Melina Ramos, quien destacó que la solución debía ser amigable con el ambiente.
¿Cómo funciona la trampa?
La trampa está construida con materiales reciclados: bidones de aceite, un foco LED solar y varillas de metal. Este sistema atrae a los insectos mediante la luz y los atrapa, sin necesidad de recurrir a productos químicos. De esta manera, se protege tanto la atmósfera como la fauna benéfica que habita en la zona.
El proyecto no solo busca cuidar la producción, sino también posicionar a los estudiantes como "guardianes del oro blanco" de la Puna, tal como ellos mismos se definen.
El valor de la quínoa en la región
Según explicaron los estudiantes, el kilo de quínoa alcanza un valor cercano a los 10 mil pesos, lo que la convierte en un recurso fundamental para la economía local. Además, destacaron que es un cereal rico en nutrientes y minerales, ideal para una alimentación saludable.
El proceso de cultivo, que comienza entre septiembre y octubre, requiere de abundante agua y atraviesa etapas como siembra, cosecha, secado, trillado, lavado y selección. Tras la cosecha, la quínoa se deja secar durante tres meses, luego se trilla, se lava en Yavi y finalmente se selecciona a mano.
Una escuela comprometida con la producción local
El Colegio Secundario Nº 10 de El Cóndor, que cuenta con solo 35 alumnos, trabaja activamente en invernaderos y desarrolla proyectos vinculados a la producción local. Federico Giménez, docente asesor, señaló que los chicos son productores de quínoa y colaboran junto a ingenieros y profesores para mejorar sus técnicas.
Este proyecto no solo representa un avance tecnológico para la región, sino también una muestra de cómo la educación puede integrarse con las necesidades reales de la comunidad, ofreciendo soluciones sostenibles y respetuosas con el entorno.