La UNLPam, en la mira: el docente que cobra del Estado y pide ajustar la universidad
Mientras Milei ajusta a las universidades, un docente de la UNLPam que cobra del Estado justifica el recorte. La contradicción que nadie quiere ver y el dato que complica a la oposición local.
En un contexto de definiciones históricas, el economista y vocero presidencial Adrián Ravier quedó en el centro de la escena pampeana por una contradicción que la comunidad universitaria no olvida: cobra su salario como docente de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) mientras desde su rol en el gobierno nacional justifica el estrangulamiento presupuestario de esa misma casa de estudios.
La crítica no es aislada. Forma parte de un plan sistemático que, según el análisis del columnista Carlos De Laturi, el presidente Javier Milei ejecuta contra todas las universidades nacionales. No se trata de un reordenamiento técnico ni de un ajuste contable: es una demolición cultural, social y productiva que busca fracturar la sociedad para que unos pocos concentren la riqueza mientras millones de trabajadores precarizados obedecen.
La universidad que iguala donde el mercado descarta
La UNLPam es el ejemplo cabal de lo que el oficialismo quiere destruir. En sus aulas, el hijo de un peón rural de Victorica, de una enfermera de Santa Rosa o de un empleado de comercio de General Pico comparte banco con el hijo de un gran productor agropecuario. Esa movilidad social ascendente, construida durante generaciones, resulta insoportable para un proyecto que necesita una sociedad dividida.
La historia pampeana lo demuestra: la universidad no fue una concesión del poder central, sino una conquista de la propia comunidad. En 1958 se creó la universidad provincial y en 1973 se logró su nacionalización para que los jóvenes no tuvieran que emigrar a las grandes capitales. Ese piso de dignidad colectiva no se entrega a cambio de un tuit presidencial ni de una orden de ajuste redactada desde Puerto Madero.
Ciencia para el pueblo, no relato de laboratorio
Cuando desde la Casa Rosada y los canales de streaming afines repiten la cantinela del «adoctrinamiento» o inventan fantasmas de corrupción, no describen a la universidad real. Ignoran que en la sede de la calle Gil, en Santa Rosa, y en el campus sobre la Ruta 35, las facultades de Agronomía y de Ciencias Exactas y Naturales investigan la calidad de los suelos, el mejoramiento de las pasturas, la conservación del agua de los acuíferos y la riqueza de los ecosistemas.
En el Centro Universitario de General Pico conviven Ingeniería, Ciencias Veterinarias y Ciencias Humanas. Allí no hay castas ni privilegios: hay docentes con dedicación exclusiva que cobran salarios que perforan la línea de pobreza, nodocentes que mantienen aulas y laboratorios con compromiso admirable, y científicos que desarrollan tecnología para el entramado productivo, la sanidad de los rodeos y el sostenimiento de las cooperativas eléctricas y de servicios.
Desfinanciar la universidad no es ahorrar dinero público: es condenar a La Pampa al atraso científico y a la dependencia absoluta de los monopolios foráneos.
El caballo de Troya local
El desguace planificado en los despachos metropolitanos no podría avanzar en la llanura sin ejecutores locales. Adrián Ravier encarna ese porteñismo ilustrado que desembarcó en La Pampa con ínfulas de civilizador y recetas dogmáticas de la Fundación Faro. Su paradoja es inaceptable: construyó su carrera y cobra puntualmente su sueldo del Estado a través de sus cátedras en la UNLPam, pero no tiene pudor en usar su vocería presidencial para justificar el estrangulamiento de la misma institución que le da de comer.
Todavía resuena en la memoria universitaria cuando denigró a sus propios estudiantes de Contador, acusándolos de tener una «aspiración pobre» por desear un empleo estable en organismos públicos o en la administración provincial. Ese desprecio de clase refleja el modelo que pretenden imponer: desprecian lo pampeano, desprecian la educación pública y buscan transformar la universidad en una factoría arancelada solo para quienes puedan pagarla.
Y un detalle ineludible para estos abanderados de la moral fiscal: ya que tanto les preocupa la eficiencia del gasto, deberían controlar a los funcionarios y gerentes acomodados a dedo en las delegaciones nacionales en La Pampa, como el PAMI o el ANSES. Mientras un docente pone el cuerpo frente al aula por ingresos miserables, hay jefes de oficina cobrando cifras millonarias del Estado que aparecen a trabajar cuando se les ocurre. Vociferan contra el Estado en las redes, pero a fin de mes no tienen problema en embolsar sumas obscenas del mismo erario que dicen combatir.
La marcha del jueves y la doble moral opositora
Este jueves, la comunidad universitaria, las organizaciones gremiales y el pueblo pampeano vuelven a ganar las calles en una nueva Marcha Federal Universitaria. En las plazas de Santa Rosa y General Pico se verán las postales de siempre: dirigentes de la oposición local —referentes políticos y del conservadurismo provincial— caminando al frente de las columnas, buscando el lente de las cámaras y recitando con impostada solemnidad los legados de la Reforma Universitaria de 1918.
A todos ellos hay que decirles con claridad: bienvenidos a la marcha; pongan la cara por la UNLPam como corresponde a cualquier ciudadano que ame su provincia. Pero también hay que decir lo que nadie se atreve a decir en voz alta: si este jueves marchás del brazo de estudiantes y docentes para exigir presupuesto educativo, después no te queremos ver en un café roscando una alianza electoral con los mismos verdugos que votaron a favor de vetar los fondos universitarios. Esa doble moral no va más. No se puede encender velas por la educación pública los jueves a la tarde y los viernes a la noche entregarse a los brazos de Ravier, del PRO y de los operadores de Karina Milei a cambio de dos lugares en una lista.
En la política pampeana se terminó el tiempo de la especulación y la tibieza. No se puede invocar la memoria de Yrigoyen o de Alfonsín en el discurso partidario mientras en el Congreso tus diputados se calzan la peluca para blindar el veto de Milei contra la universidad. O se está con la UNLPam y con el futuro de los jóvenes de nuestros pueblos, o se es cómplice directo de su liquidación.
Las aulas no se negocian
Los estudiantes que hoy sostienen tomas, vigilias y clases públicas ya eligieron de qué lado pararse. Han demostrado una madurez cívica y un coraje colectivo que interpela y avergüenza a la dirigencia tradicional. Entendieron que la defensa de la universidad no es una pulseada gremialista ni una disputa sectorial: es la defensa de la patria chica y del futuro común.
En La Pampa nos conocemos todos y la memoria popular no se disuelve con propaganda digital. Las aulas de la UNLPam no se clausuran, no se entregan y no se rifan en ninguna mesa de negociación política. Este jueves la calle dará su veredicto, y la historia juzgará con severidad a quienes pretendieron vender nuestro porvenir por una cuota efímera de poder.
Por Carlos De Laturi*