La verdad oculta de las bebidas energizantes: lo que nadie te dice sobre su consumo en Argentina
¿Son realmente inofensivas las bebitas que tomás para aguantar la noche o el gym? Un informe revela los componentes ocultos, el riesgo real de mezclarlas con alcohol y las estrictas contraindicaciones que muy pocos conocen.
Desde que la ANMAT autorizó su venta en el año 2000, las bebidas energizantes se instalaron en la vida cotidiana de los argentinos. Sin embargo, la evidencia científica revela riesgos y efectos que pocos conocen, especialmente cuando se mezclan con alcohol o se consumen en exceso. Un análisis detallado desentraña qué hay realmente dentro de esa lata y por qué la OMS prefiere llamarlas “estimulantes”.
Su llegada al mercado local fue avalada por la Disposición Nº 6611/2000 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica. Desde entonces, se enmarcan como suplementos dietarios dentro del Código Alimentario Argentino y diversas marcas están registradas en el Instituto Nacional de Alimentos (INAL).
Diseñadas para ofrecer un beneficio específico, también se las considera alimentos funcionales, destinados a aportar vitalidad ante un esfuerzo físico o mental extra. No obstante, la escasa información pública ha generado dudas persistentes sobre su seguridad.
¿Quiénes son los principales consumidores?
Su presencia se ha expandido notablemente en discotecas, fiestas nocturnas y eventos sociales, donde a menudo se las promociona como una opción para mantenerse despierto. También son populares en gimnasios y contextos deportivos, con la esperanza de mejorar el rendimiento físico.
Los expertos aclaran que la recomendación para deportistas solo aplica a quienes realizan entrenamientos intensos por más de dos horas. Incluso en esos casos, aconsejan ingerirlas al menos dos horas antes o después de la actividad, ya que pueden entorpecer la hidratación adecuada.
La fórmula secreta: azúcar, cafeína y más
Estas bebidas aportan entre 40 y 45 calorías cada 100 centímetros cúbicos y se diferencian claramente de las isotónicas. Su alto contenido de azúcares, entre un 10% y un 12%, sumado a la cafeína, puede dificultar la absorción de agua a nivel intestinal y favorecer la deshidratación.
Entre sus componentes habituales se encuentran los azúcares, que aportan la mayor parte de las calorías; la cafeína, estimulante del sistema nervioso central; la taurina, un aminoácido; el ginseng; el guaraná, cuyo principio activo es similar a la cafeína; vitaminas del complejo B; y otros compuestos como carnitina, creatina y magnesio.
En Argentina, la ANMAT dispuso reducir el contenido de cafeína de 35 a 20 miligramos por cada 100 mililitros para ajustarse al Código Alimentario. El consumo de tres o cuatro latas puede ya provocar efectos adversos leves como nerviosismo, insomnio o palpitaciones.
La combinación peligrosa que preocupa a los médicos
Uno de los riesgos más graves es su combinación con alcohol, una práctica extendida en la noche. Esta mezcla envía al cerebro estímulos opuestos: la excitación de la cafeína y el efecto depresor del alcohol.
Esta interacción puede retrasar la percepción de la embriaguez, llevando a la persona a consumir más alcohol sin advertirlo. Por este motivo, la recomendación general es evitar absolutamente mezclarlas con alcohol, medicamentos u otras sustancias.
Las precauciones que no puedes ignorar
A partir de la evidencia disponible, el consumo moderado no parece riesgoso para adultos sanos. Sin embargo, los especialistas enumeran precauciones clave: no consumirlas antes de dormir, evitarlas en menores de 18 años y no usarlas con sensibilidad a la cafeína.
Están contraindicadas en embarazo, lactancia, hipertensión, problemas cardíacos o renales, diabetes y trastornos de ansiedad. No se deben consumir más de dos latas por día, no reemplazan una alimentación equilibrada, no sirven para hidratarse y no deben mezclarse con alcohol ni medicamentos.
En definitiva, las bebidas energizantes o “estimulantes”, como sugiere la OMS, no son perjudiciales en sí mismas si se consumen con moderación y respetando las indicaciones. La clave está en la información y en desterrar prácticas peligrosas que ponen en riesgo la salud.
Viviana Viviant es licenciada en Nutrición, especialista en nutrición deportiva y autora de varios libros sobre alimentación y salud.