La victoria que desató la locura: así festejó Estudiantes por las calles de La Plata
La euforia pincharrata no se quedó en el estadio: la victoria ante el clásico rival desató una fiesta que recorrió La Plata. ¿Hasta dónde llegó la celebración?
La tarde del sábado quedó marcada por la euforia albirroja. Estudiantes venció al clásico rival y la alegría se desbordó desde el estadio hacia cada rincón de la ciudad.
El estadio Uno, que había sido un hervidero durante los 90 minutos bajo la lluvia, se convirtió en el epicentro de la celebración. Las cuatro tribunas estallaron en un grito único cuando el árbitro Yael Falcón Pérez marcó el final del partido. Los jugadores, empapados pero sonrientes, se fundieron en abrazos con los hinchas que invadieron el campo de juego para compartir la hazaña.
La marea albirroja no se detuvo ahí. Mientras las calles aledañas al estadio, como 1 y 57, comenzaban a despejarse, los fanáticos tomaron rumbo hacia el centro de La Plata. La zona de 7 y 50 fue testigo de una caravana de autos y personas que, con banderas y camisetas, mantenían viva la fiesta.
¿Cómo vivieron los hinchas el triunfo?
Grupos de amigos y familias enteras recorrieron las calles platenses analizando cada jugada, cada atajada, cada gol. El sabor de la victoria ante el rival de toda la vida era más que tres puntos: era una reivindicación, una alegría contenida que finalmente explotaba.
En los barrios, la celebración se prolongó con fuegos artificiales, redoblantes y banderas que colgaban de los balcones. Los más apurados, desde sus autos, hacían sonar las bocinas y agitaban sus trapos por las ventanillas, convirtiendo el regreso a casa en un desfile improvisado.
La fiesta continuó hasta bien entrada la noche, y muchos ya piensan en la próxima cita: el martes, Estudiantes visitará a Universidad Católica en Chile por la Copa Libertadores, dirigido por Alexander Medina. Pero eso será después; por ahora, el hincha pincharrata saborea una victoria que quedará en la memoria.
Así se vivió una jornada histórica para el fútbol platense, donde la pasión albirroja tiñó cada rincón de la ciudad y demostró que, cuando se gana un clásico, la alegría no tiene fin.