La vida de Araceli cambió para siempre en Catriel: lo que encontró en una máquina de coser

Una vecina de Catriel perdió una pierna tras un accidente y encontró en la costura una forma de sostener a sus tres hijos. Su historia de resiliencia incluye un sueño que todavía no puede alcanzar, y un detalle que pocos conocen.

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La vida de Araceli cambió para siempre en Catriel: lo que encontró en una máquina de coser
La vida de Araceli cambió para siempre en Catriel: lo que encontró en una máquina de coser

Una vecina del barrio Preiss perdió una pierna tras un accidente y hoy sostiene a sus tres hijos cosiendo. La historia de Araceli Duarte y la cadena de solidaridad que le devolvió las ganas.

Araceli Duarte tiene 43 años y vive en el barrio Preiss, en Catriel. Hace tres años, un accidente en moto le cambió la vida: iba como acompañante cuando se produjo la colisión y terminó con fracturas de tibia y peroné. Las complicaciones posteriores derivaron en la amputación de su pierna en febrero de este año. En el medio, días en terapia intensiva, dos infartos y cinco episodios de coma que la hicieron temer por su vida.

Se recuperó, obtuvo el alta, pero los trabajos que hacía antes —limpieza en casas, luego en una remisería— ya no eran una opción. Las necesidades se volvieron urgentes y la depresión la ganó por un tiempo. “Un día decidí levantarme, porque mis hijos, así como estoy, me necesitan. Como pueda, pero me necesitan”, contó con firmeza.

De la depresión a la máquina de coser

La mujer explicó que durante un tiempo recibió ayuda del municipio de Catriel, pero luego ese respaldo se cortó. “Durante un tiempo me ayudó el municipio de Catriel, pero después no pudieron más porque hay otras personas que también necesitan”, relató. La situación la llevó a probar con la venta de tortas fritas, pero no funcionó: “Hay mucha gente que vende y nos quedamos con todo. Está bien, los chicos comieron, pero no teníamos plata para comprar cosas”.

Hasta que un vecino visibilizó su situación y la solidaridad empezó a moverse. “Ahí me donaron una máquina de coser. El señor publicó que si la gente no usaba ropa o telas que me donaron y así empezaron a traerme”, recordó. Araceli eligió la costura porque es una actividad que puede hacer sentada, aunque no sabía coser. Buscó tutoriales en YouTube y arrancó de cero. Hoy confecciona set materos, bolsas para guardar el papel higiénico y otros artículos para el hogar que le permiten reunir algo de dinero.

“No vengo mucho, pero ahora por lo menos si hay algo para comer, porque hubo días que no teníamos ni para eso”, dijo. Dos de sus hijos son estudiantes y el otro hace trabajos temporarios o changas.

El sueño pendiente: la prótesis

La casa donde vive se la dejó su expareja, así que no paga alquiler, pero sí impuestos y servicios. Su idea es mejorar el espacio que usa como taller de costura, donde necesita tener ordenadas las telas, los hilos, los elásticos y las cintas.

“Todo lo que puedan ayudarme, lo voy a recibir. Sé que a toda la gente le cuesta porque a mí también, pero sé que con la ayuda de la gente puedo salir adelante, y ya no voy a tener que pedirles más ayuda”, sostuvo. Es la primera vez que se anima a pedir ayuda. “Capaz que así me escuchan en otros lugares y puedo tener mi prótesis”, anheló.

Mientras tanto, usa silla de ruedas —se la alquiló Cáritas de la iglesia católica— y en su casa se desplaza con muletas, aunque tiene miedo porque ya se cayó y volvió a lastimarse la pierna amputada. Los dolores persisten, aunque con menor intensidad. “No soy una persona tan grande. No es que yo digo, ya caminé y ya está, por eso quiero mi prótesis”, contó.

Por ahora, sigue entre telas, hilos y la máquina que llegó de la solidaridad de la gente para mantenerse y sostener a sus hijos.

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