La visita del Papa desata una nueva batalla entre Milei y el kirchnerismo
¿Sabías que la visita del Papa podría reavivar la grieta? Milei ya tiene un plan para usar la ocasión y el kirchnerismo no se queda atrás. Conocé los detalles de esta pulseada que promete revolucionar la política argentina.
La llegada de León XIV a la Argentina en noviembre promete ser mucho más que un acontecimiento religioso: se perfila como el escenario de una nueva pulseada entre el oficialismo y la oposición. El Papa pisará suelo argentino por primera vez desde 1987, cuando Juan Pablo II visitó el país en plena presidencia de Alfonsín.
Para Javier Milei, la visita es una oportunidad dorada: podrá fotografiarse con el Pontífice, algo que no lograron sus antecesores Cristina Fernández, Mauricio Macri ni Alberto Fernández, a pesar de ser connacionales de Francisco y de haber intentado convencerlo. Pero el presidente también sabe que el riesgo es alto, porque los planteos de León XIV, aunque no tan anticapitalistas como los de su predecesor, sí siguen la doctrina social de la Iglesia.
¿Qué puede salir mal para el Gobierno?
La curia local, más alineada con las ideas de Bergoglio, podría usar la visita para criticar el ajuste y las reformas económicas. Y la dirigencia opositora, católica o no, podría colgarse de esas sotanas para golpear al Ejecutivo. El clima para esa ofensiva espiritual ya se viene gestando desde hace tiempo.
Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires y con reconocida militancia peronista, fue contundente la semana pasada en la misa por San Cayetano en Liniers: dijo que el pueblo está cansado de las promesas incumplidas, de que el sueldo no alcance y del aumento constante de tarifas. Y reclamó que "las personas y las familias sean valoradas por encima de las leyes del mercado y del capital".
Los kirchneristas no ocultaron su entusiasmo. Durante días se relamieron con la idea de que una intervención divina los ayude a dejar en el olvido sus propias responsabilidades en la crisis, y de empezar la campaña del año que viene con la bendición, implícita pero indisimulable, de un Pontífice.
Lo llamativo fue el silencio del oficialismo. Un mutismo que también se notó en mayo, durante el Tedeum en la Catedral, cuando García Cuerva criticó la situación económica y el liberalismo, y el Gobierno lo consideró "moderado" por no mencionarlos con nombre y apellido.
La estrategia de Milei para contrarrestar
En la Rosada ya estaban negociando la visita con el Vaticano y no querían hacer olas. Pero ahora parece que encontraron la vuelta: convertir la visita del Papa en una oportunidad para levantar las banderas que sí comparten con la Iglesia, como el rechazo al aborto, la educación sexual y los derechos reproductivos.
El Gobierno acaba de adherirse al Consenso de Ginebra, una campaña internacional impulsada por Trump contra el derecho al aborto y a favor del "fortalecimiento de la familia". ¿Qué dirán García Cuerva y compañía si Milei aprovecha la visita para promover una revisión de la ley que despenalizó el aborto en Argentina, aprobada durante el gobierno de Macri y no de los Kirchner?
Si los pañuelos verdes y celestes vuelven a enfrentarse en las calles de Buenos Aires, Córdoba y otras ciudades, el Gobierno podría salir ganando: podrá decir que se libra una batalla por el futuro de la libertad, en la que no solo está en juego la economía, sino también los valores. Y que solo hay dos opciones: ser "occidental y cristiano" o "woke".