La yerba mate arrancó bien, pero el granizo le apunta a lo que más duele
Economía · Misiones

La yerba mate arrancó bien, pero el granizo le apunta a lo que más duele

Los yerbales de Misiones muestran una brotación pareja, pero hay tres frentes que inquietan a los productores y uno de ellos puede golpear fuerte en la próxima cosecha. El Inym ya salió a recomendar qué hacer.

Los yerbales de Misiones muestran un panorama desparejo: buena brotación y renovación de hojas, pero con alertas sanitarias y climáticas que inquietan a los productores. Así lo describió Matías Bazila, jefe del Servicio de Extensión Yerbatero del Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym), quien repasó el estado de las plantaciones y los frentes que requieren atención.

El ciclo vegetativo se puso en marcha en julio, cuando la planta activa la circulación de savia y el desarrollo de raíces. Después llegan los brotes nuevos y la ampliación de la superficie foliar. Este año, según el técnico, hubo una brotación pareja, con ramas y hojas desarrollándose en forma generalizada.

El freno llegó con las noches frías de las últimas semanas: algunas plantas dejaron de emitir brotes nuevos. Lo que pase de acá en adelante dependerá del clima y de las temperaturas de los próximos meses.

Qué se está haciendo en los yerbales

En las plantaciones en producción, la tarea dominante es la limpieza. Donde hay cobertura de invierno, como el raigrás, esa labor se posterga hasta que el pasto madura: así el suelo queda cubierto más tiempo y se limita la aparición de otras especies vegetales.

En los yerbales nuevos el calendario fue distinto. Desde septiembre se limpian los líneos y los alrededores de las plantas, y se sumaron aplicaciones de fertilizantes fosfatados y otros compuestos para acompañar el desarrollo inicial del cultivo.

Plagas y enfermedades: dónde poner el ojo

La buena brotación vino de la mano de una menor incidencia del psílido, el conocido rulo de la yerba mate. Sin embargo, en las últimas semanas aparecieron zonas con mayor afectación. Por eso Bazila recomendó seguir de cerca a las orugas defoliadoras, también llamadas patoteras, capaces de dañar el follaje.

Para ese caso, el control puede ser mecánico: la eliminación manual de los insectos alcanza y no hace falta recurrir a otro tipo de intervención.

Otro frente es el Mal de la Tela, una enfermedad que encuentra su mejor escenario cuando se combinan temperaturas altas y mucha humedad. La indicación del especialista es recorrer los yerbales, monitorear las plantas y sacar las que muestren síntomas. Extraer el material infectado es clave para cortar la propagación.

En esta época también suele crecer la presencia de adultos del taladro o tigre de la yerba mate. Sobre ese insecto, Bazila fue claro: hoy no hay en el mercado un producto con extensión de uso que resulte efectivo para controlarlo.

El clima, el otro dolor de cabeza

Más allá de las plagas, el clima es un factor de peso. Según el técnico, en este momento las plantas pueden sufrir más por la exposición al sol que por las heladas, aunque también se registran mortandades por exceso de lluvia.

El problema se concentra en los sectores bajos, en terrenos con dificultades de infiltración o en lugares donde el agua queda acumulada cerca de la superficie. La yerba mate no aguanta anegamientos prolongados: las raíces se comprometen y la planta puede morir.

Pero hay un fenómeno que, para Bazila, es el más destructivo de todos. "El granizo es el fenómeno que mayor daño puede hacer a la planta de yerba mate", advirtió. Los eventos extremos de los últimos meses dejaron secuelas en varias zonas productoras y obligan a seguir de cerca la recuperación de los cultivos golpeados.

Cuando el daño es severo, la recomendación es actuar rápido y comunicarse con el Inym para recibir asesoramiento. La idea es que los profesionales del Servicio de Extensión Yerbatero acompañen a los productores y orienten las medidas para cada situación.

Flores, frutos y la zafriña de fin de año

Mientras las plantas siguen su desarrollo vegetativo, empieza a hacerse visible otro proceso del ciclo: la floración. Las yemas florales se diferencian y se individualizan, y arranca la formación de flores.

La yerba mate tiene flores masculinas y femeninas en plantas distintas. Por eso, al recorrer los yerbales se ven ejemplares que darán frutos y otros que no cumplirán esa función.

La fructificación llega después. Los frutos se recolectan entre enero y abril para obtener las semillas que se usarán en nuevas plantaciones.

Bazila también recordó que la yerba mate tiene tres picos de brotación por año, cada uno seguido por un receso vegetativo en el que las hojas maduran. Ese ritmo marca la organización de la cosecha.

Hacia fin de año, algunos productores hacen una zafriña, sobre todo en plantaciones de zonas bajas o en las que, por distintas circunstancias, no completaron la cosecha habitual. La recolección se hace después de la primera brotación, cuando la planta entra en un nuevo receso.

El balance, entonces, mezcla una buena respuesta vegetativa con desafíos sanitarios y climáticos que exigen seguimiento. El monitoreo permanente y la intervención a tiempo aparecen como las herramientas centrales para cuidar las plantaciones y acompañar su desarrollo.

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