Ladridos insistentes en San Pedro: el pozo de dos metros que escondía un labrador atrapado
Una empleada del Juzgado de San Pedro escuchó ladridos que no paraban y salió a ver qué pasaba. En un terreno lindante, un labrador había caído a un pozo de casi dos metros y no podía salir. Lo que hicieron dos compañeros para sacarlo, y el detalle del terreno que encendió las alarmas.
Los oídos atentos de una empleada judicial destrabaron un rescate inusual en San Pedro. Un perro de raza labrador había caído a un pozo de casi dos metros de profundidad en un terreno lindante al edificio del Juzgado Multifuero y no podía salir por sus propios medios.
Todo empezó durante la mañana de este lunes, cuando una de las trabajadoras del Juzgado, a cargo de la abogada Mariángel Koziarski, escuchó unos ladridos que no paraban y venían de un terreno cercano. El personal salió a ver qué pasaba y se topó con la escena: el animal estaba en el fondo del pozo, sin forma de trepar.
Quiénes se metieron en el pozo
Sin dudarlo, dos hombres que cumplen funciones en el Juzgado se pusieron al frente del operativo. Se trata de Pedro Fernández, efectivo policial que hace la guardia en la sede, y el jefe de Despacho Iván Viera. Entre los dos lograron sacar al labrador y ponerlo a salvo.
El gesto excedió sus tareas habituales y quedó registrado como una muestra de solidaridad y compromiso con la vida animal por parte del personal judicial.
El reencuentro con su familia
Mientras el rescate avanzaba, se acercaron vecinos que reconocieron al perro y señalaron que era de una familia del barrio Cristo Resucitado. Poco después se pudo contactar a la propietaria, que llegó al lugar.
Los funcionarios no se quedaron ahí: colaboraron con el traslado del animal y de su dueña hasta el domicilio familiar, donde el labrador pudo recibir los cuidados necesarios después del mal momento.
Un pozo abierto que sigue siendo un peligro
Más allá del final feliz, el episodio dejó al descubierto un riesgo que podría tener consecuencias graves. Desde el Juzgado se comunicaron con el dueño del terreno para alertarlo por la existencia del pozo abierto.
La advertencia no es menor: al lugar también ingresan niños y el hueco representa un peligro para cualquiera que transite por el sector.
Foto: El Territorio