Las aulas de la UNR y la UTN volverán a quedar vacías: el reclamo que no cesa y la angustia de las familias
¿Se acabarán los paros? Las universidades vuelven a parar y las familias de los alumnos preuniversitarios ya no saben qué hacer. Conocé los detalles del conflicto que no tiene fin.
Este martes 26 de mayo, las aulas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) amanecerán completamente vacías. La medida, que se extenderá hasta el 30 de mayo, fue decidida en un plenario de secretarios gremiales nucleados en Conadu y se suma a una larga lista de paros docentes en reclamo de mejoras salariales y mayor financiamiento para las universidades públicas.
El conflicto se profundiza por el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario, reglamentada en octubre pasado pero nunca implementada. El Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Federación Universitaria Argentina (FUA) y el Frente Sindical de Universidades Nacionales emitieron un comunicado conjunto exigiendo su cumplimiento. Durante los días de paro, habrá jornadas de protesta, clases públicas y acciones callejeras en todas las universidades nacionales.
¿Qué pasa con los no docentes?
La Asociación del Personal de la Universidad Nacional de Rosario (APUR) también se suma a las medidas. El sector no docente realizará un paro total sin concurrencia el viernes 29 de mayo, y luego repetirá la medida durante 48 horas los días martes 3 y miércoles 4 de junio, afectando tareas administrativas, técnicas y de mantenimiento en todas las dependencias de la UNR.
Familias del Poli exigen soluciones
En medio del conflicto, madres y padres de estudiantes del Politécnico de Rosario difundieron una carta pública expresando su preocupación por el impacto de la falta de clases en los adolescentes. Señalaron que la educación pública no puede dejar solos a los alumnos y advirtieron sobre la pérdida de continuidad pedagógica y los vínculos cotidianos que brinda la escuela. Aclararon que no buscan enfrentarse con los docentes y reconocen su derecho a protestar, pero remarcaron que los estudiantes quedan relegados, afectando sus hábitos de estudio y su estabilidad emocional, especialmente en jóvenes de entre 12 y 15 años que necesitan rutinas y presencialidad escolar.