Las diez reglas que Bariloche debería discutir para los próximos veinte años
Todos esperaban una reforma de cargos y mandatos, pero la propuesta va mucho más allá: incluye inteligencia artificial, control ciudadano y una cláusula contra la burocracia eterna.
Bariloche se prepara para una discusión que excede cualquier elección: la reforma de su Carta Orgánica, el marco que regirá la convivencia durante las próximas dos décadas. Lejos de una simple actualización de cargos y mandatos, la propuesta que impulsa el presidente del Tribunal de Contralor municipal busca sentar bases modernas y exigentes para la gestión pública.
El texto original, publicado en Río Negro, plantea diez ejes que van desde la simplificación administrativa hasta la preparación para la inteligencia artificial. La idea central es clara: no hace falta una Carta más extensa, sino una más eficiente, que ponga el foco en resultados y en la participación ciudadana real.
Menos trámites, más transparencia
Uno de los primeros puntos cuestiona la lógica de que más controles burocráticos equivalen a más transparencia. Por el contrario, se propone avanzar hacia el expediente digital y procedimientos trazables, donde cada decisión pueda responder quién la tomó, por qué, cuánto costó y qué resultado tuvo.
También se remarca la necesidad de que cada poder cumpla su rol: el Ejecutivo gobernando, el Concejo legislando y controlando, y el Tribunal de Contralor auditando con independencia y herramientas tecnológicas para detectar sobreprecios o concentración de proveedores.
Una gestión que rinda cuentas por resultados
El Estado no debería medirse únicamente por su presupuesto, sino por lo que logra. Con objetivos públicos y medibles en cada área, se podría saber si la inversión en calles mejoró el tránsito o si el transporte aumentó sus frecuencias. Una institución debe justificarse por lo que hace, no por existir.
En materia de infraestructura, se propone un Fondo Permanente que evite que cada gestión redescubra los mismos problemas. La mirada debería proyectarse a veinte años, no al próximo mandato.
Tierra, vivienda y representación
El acceso a la tierra y la vivienda es otro de los ejes. Ante un territorio extenso pero con familias que no encuentran lugar para vivir, se plantea que parte del valor generado por el Estado vuelva a la comunidad para crear suelo urbano y soluciones habitacionales. La inversión privada es necesaria, pero con reglas claras.
En cuanto a la representación política, se advierte que el Oeste, el Alto, el Este y el Centro tienen realidades distintas. Por eso, se propone un sistema mixto que combine concejales elegidos por toda la ciudad con otros de base territorial, para que ningún sector quede sin voz.
Democracia digital y el desafío de la IA
La participación no debería limitarse al voto cada cuatro años. Una plataforma ciudadana digital permitiría hacer trámites, presentar iniciativas, consultar expedientes y audiencias, y conocer obras y contrataciones en tiempo real.
El punto más innovador es el que aborda la inteligencia artificial. Dado que las reglas que se escriban hoy regirán hasta cerca de 2050, no se puede ignorar su impacto. La IA podría optimizar el tránsito, anticipar incendios o detectar irregularidades en contrataciones. Pero se exige que toda decisión asistida por algoritmos sea conocida por el vecino, que exista revisión humana en casos que afecten derechos y que los datos de Bariloche permanezcan bajo control local.
Ambiente y desarrollo sin falsas dicotomías
Proteger bosques, lagos y montañas no está reñido con el crecimiento. La pregunta no es si Bariloche se desarrolla, sino qué tipo de desarrollo quiere: inteligente, planificado y compatible con el entorno.
Finalmente, se propone una cláusula que obligue a revisar periódicamente organismos, trámites y tasas, con el coraje de eliminar lo que ya no sirve.
El autor, presidente del Tribunal de Contralor Municipal, advierte que el peor escenario sería discutir durante meses solo nombres y estructuras para cambiar algunas palabras. La verdadera pregunta es qué ciudad se quiere dejar a las próximas generaciones, porque una Carta Orgánica se escribe para quienes vivirán en Bariloche cuando los gobernantes actuales ya no estén.