Ariana y Munira Parra compraron un local de churros en Roca y dejaron sus trabajos para apostar al proyecto. Cuando el negocio empezaba a despegar, el contrato de alquiler les jugó una mala pasada y estuvieron tres meses sin abrir. Lo que hicieron sus clientes en ese tiempo...
Munira y Ariana Parra se metieron en el negocio de los churros en 2025, cuando compraron el fondo de comercio de «Somos Churros» en Roca. Poco después, una mudanza obligada las dejó tres meses sin poder trabajar. Lejos de bajar los brazos, volvieron a abrir en una nueva sucursal.
Ariana tiene 30 años y es chef. Venía de varios meses sin empleo y acababa de regresar de San Martín de los Andes. Munira, de 34, todavía trabajaba como niñera y atravesaba un momento de cambio junto a su hijo recién nacido.
La oportunidad apareció el verano pasado, cuando supieron que el comercio estaba en venta. Se acercaron a conocer la propuesta y, aunque las dudas pesaban, la decisión se tomó igual.
«Cuando nos enteramos que vendían el fondo de comercio fuimos a hablar, al principio teníamos esas dudas de si era algo imposible para nosotras, pero se terminó dando porque se tenía que dar», recordó Ariana en diálogo con ANR.
Una renuncia, una cocina por aprender y el empujón de la familia
Para concretar la compra, Munira dejó su trabajo como niñera. Ariana, formada como chef, encaró un desafío distinto al que estaba acostumbrada. El acompañamiento de sus padres fue clave tanto para la inversión como para sostener el proyecto en marcha.
El conocimiento de la cocina no era parejo entre las dos. Ariana venía del rubro, pero Munira reconoció que arrancó casi de cero.
«Cero cocina lo mío, de hecho no es algo que me encanta, pero todo se aprende. Este negocio es algo nuestro, algo propio, así que había que aprender, meterle ganas y animarse», contó Munira sobre el salto que significó dejar su antiguo empleo y meterse en un local gastronómico.
Los dueños anteriores les pasaron las recetas y les explicaron el funcionamiento del negocio durante los primeros meses. Aun así, las hermanas quisieron imprimirle su propia identidad. El cambio más visible llegó con las tortas fritas: recuperaron sabores y recuerdos de familia. Las dos tenían claro que querían «las tortas fritas de la abuela».
Jornadas largas y un contrato que no se renovó
Los primeros meses de 2025 tuvieron jornadas extensas de adaptación y aprendizaje. La preparación arranca habitualmente entre las 7 y las 8, y la atención al público se organiza en dos turnos, mañana y tarde. A eso se suman la administración del comercio, la organización de la producción y el trato con los clientes que ya conocían el local.
Cuando el emprendimiento empezaba a consolidarse, apareció el problema. Las hermanas tuvieron que dejar el espacio original de «Somos Churros», sobre calle Tucumán, porque el contrato de alquiler no se iba a renovar. A la situación se sumaron diferencias y cuestiones económicas, y decidieron buscar otro lugar.
Consultadas sobre si en algún momento del cierre del antiguo local evaluaron la posibilidad de terminar con el proyecto, las dos fueron tajantes: nunca estuvo sobre la mesa.
«Nunca estuvo la idea de no seguir, la idea de seguir está siempre, el tema era salir de golpe y conseguir algo que nos sirviera, porque es difícil encontrar un local que se pueda adaptar a la gastronomía», sostuvo Ariana desde el nuevo local, sobre calle Mendoza casi San Martín.
Tres meses de búsqueda y una clientela que preguntaba
Encontrar el inmueble adecuado y acondicionarlo les demandó alrededor de tres meses sin trabajar. Fue un período de mucha inversión y reorganización: no alcanzaba con conseguir un espacio, había que reconstruir un lugar físico que acompañara la identidad que habían construido durante el primer año.
El regreso las sorprendió. Durante los meses sin atención, muchos clientes les escribieron para preguntar cuándo volvían a abrir. Algunos incluso creyeron que el emprendimiento había cerrado para siempre.
«Muchísima gente estaba desesperada, pensando ¿cerraron? Así que se alegraron un montón cuando supieron que no habíamos cerrado y que estábamos acá. Había un montón de gente esperándonos nuevamente», contó Munira sobre el vínculo con los clientes.
Para las hermanas, ese vínculo se volvió una de las partes más importantes del negocio. Muchas de las personas que se acercan ya son conocidas, y el trato cotidiano terminó armando una comunidad alrededor del comercio.
Churros al podio, tortas fritas y la «churroneta» que vuelve en verano
Entre los productos que ofrecen, los churros ocupan indiscutidamente el primer lugar. Las tortas fritas aparecen segundas y las donas completan el podio de los más pedidos. También elaboran cubanitos, aunque los churros siguen siendo la estrella del local.
El emprendimiento tiene además una modalidad que se adapta a las temporadas. Para el verano, las hermanas proyectan volver a poner en funcionamiento la «churroneta», con la que suelen trasladarse hasta el río a vender sus productos después de completar la producción del día.
Aunque reconocen que emprender no es sencillo, sobre todo por los costos, los alquileres y las inversiones que exige sostener un comercio, ambas destacaron el acompañamiento familiar y la respuesta de los vecinos de Roca.
De cara al futuro, Ariana ya imagina una nueva etapa de crecimiento: su objetivo es abrir otra sucursal y ampliar el alcance del emprendimiento.
Quienes quieran visitar «Somos Churros» pueden hacerlo en el nuevo local de Mendoza al 1679, de martes a sábado de 9 a 13 y de 16:30 a 20:30, y los domingos de 15:30 a 20 horas.