La Bolsa de Comercio de Mendoza salió a advertir que hay pymes que pagan más caro por no conocer una herramienta de financiamiento que ya existe. Qué dijo su director sobre las tasas y por qué la vitivinicultura es la clave del debate.
La Bolsa de Comercio de Mendoza quiere dejar de ser vista solo como un ámbito de operaciones financieras y convertirse en un puente entre el Gobierno, los empresarios y la sociedad. Así lo planteó su director, Santiago Pérez Araujo, durante la presentación de “Consensos Económicos para la Mendoza que viene”, un encuentro que se realizó este miércoles en la sede de la entidad.
La iniciativa fue impulsada por el presidente provisional del Senado, Martín Kerchner Tomba, y reunió a Nicolás Aroma, Enrique Griffouliere, Rubén De La Llana, Rodrigo González, Sebastián Laza, Gustavo Rivarola, Julián Sadofschi y Pablo Salvador.
Un espacio para el debate y el encuentro
Pérez Araujo valoró la posibilidad de sentar en la misma mesa a representantes de distintos sectores para pensar el futuro de la provincia. “Es muy bueno que haya debate, es muy bueno que haya encuentro”, afirmó.
En esa línea, consideró que la Bolsa debe cumplir un rol de articulación entre el sector público, el privado y la comunidad en general, y no limitarse a las transacciones financieras.
El costo de no saber: tasas más altas para las pymes
Uno de los ejes que más le importa transmitir al director es el acceso al financiamiento de las pequeñas y medianas empresas. Según explicó, el mercado de capitales ofrece alternativas para las pymes desde hace tiempo, pero muchas no las usan por desconocimiento.
“Esa falta de información se paga con tasas”, advirtió. Para Pérez Araujo, conocer las herramientas disponibles permite bajar costos, prepararse para ser proveedoras de grandes compañías y cumplir con las exigencias de las cadenas productivas.
Ese acompañamiento, sostuvo, también genera beneficios para otros actores de la economía mendocina.
Economías regionales: la vitivinicultura como termómetro
El director de la Bolsa de Comercio puso el foco en la necesidad de instituciones que entiendan las particularidades de cada actividad regional. Como ejemplo mencionó a la vitivinicultura, que atraviesa un momento complejo y requiere una mirada cercana a productores y empresas.
“Y la economía regional es motor”, remarcó. Además, destacó que algunas entidades locales registran pocas operaciones incumplidas en el sector vitivinícola, algo que atribuyó al conocimiento directo de la actividad y de sus protagonistas.
Minería, petróleo y una reconversión que lleva tiempo
Durante la entrevista, Pérez Araujo se refirió a la transformación productiva de Mendoza. Señaló que a las actividades tradicionales se suman oportunidades vinculadas con la minería y el petróleo, aunque aclaró que esos procesos requieren tiempo.
Como antecedente recordó la reconversión vitivinícola de las décadas de 1980 y 1990, cuando la provincia pasó de producir principalmente vino común a desarrollar varietales. Aquella transformación, dijo, necesitó la participación de distintos sectores y una estrategia sostenida en el tiempo.
Por último, resaltó el valor de la paciencia y la cultura del trabajo para impulsar cambios productivos. “Cuando vos plantás una viña esperás cuatro años para tener una producción plena”, ejemplificó. Y cerró con una idea: Mendoza tiene una tradición de esfuerzo que puede acompañar los desafíos económicos que vienen.