Laura Azcurra se convirtió en Frida Kahlo y San Luis no se lo quiso perder
San Luis ya la tenía en cartelera y la respuesta no se hizo esperar: dos funciones completas para ver a Laura Azcurra convertirse en Frida Kahlo. Lo que pocos sabían es el dato que arrastra la obra por el mundo.
El fin de semana dejó dos funciones que quedaron en la memoria de los sanluiseños: ‘Frida, ¡Viva la vida!’, el unipersonal que protagoniza Laura Azcurra, pasó por San Francisco del Monte de Oro y por la ciudad de San Luis con localidades completas.
La primera cita fue el viernes 2 en el Teatro de San Francisco del Monte de Oro. La segunda llegó el sábado, en la Sala Berta Vidal de Battini del Centro Cultural Puente Blanco. En ambos casos, el público respondió y acompañó una propuesta que ya tiene rodaje internacional.
Una gira que ya recorrió el mundo
La obra forma parte de una gira que la compañía viene realizando por distintos puntos del país. No es un estreno improvisado: el espectáculo ya pasó por 28 países y fue visto por más de 25.000 espectadores.
Ese recorrido le dio a la puesta una madurez que se nota en escena. La versión que llegó a San Luis permitió que el público del interior y de la capital accediera a un montaje con trayectoria nacional e internacional.
El Día de los Muertos como excusa teatral
Lejos de la biografía convencional, la obra arma una situación concreta: es el Día de los Muertos y Frida Kahlo cocina y prepara un altar mientras aguarda a sus invitados. Desde ahí, la artista mexicana repasa episodios de su vida, sus amores, su relación con Diego Rivera, el accidente que le cambió la existencia, sus dolores físicos y su vínculo con la pintura y con la muerte.
El texto es del dramaturgo mexicano Humberto Robles y la dirección está a cargo de Julia Morgado. Azcurra es la única intérprete en escena y sostiene todo el espectáculo con actuación, corporalidad, voz y caracterización.
La Frida que también se ríe
La propuesta no se queda con la imagen sufriente de Kahlo. También aparece su humor negro, su sarcasmo, su picardía y esa manera particular de celebrar la vida. En entrevistas, Azcurra contó que uno de los aspectos que más la atraen del personaje es justamente esa capacidad de seguir viviendo y reinventarse a pesar del dolor.
Ponerse en la piel de la artista mexicana le exigió un trabajo intenso. La actriz tuvo que entrenar la voz y el acento mexicano para acercarse a su forma de hablar, además de construir corporalmente a una mujer marcada por enfermedades, accidentes y dolores permanentes.
Durante aproximadamente una hora, Azcurra mantiene la atención total del público con una caracterización que combina tragedia, humor, sensualidad, política, diversidad, arte, resistencia y una enorme voluntad de vivir.

