Le dijeron "volvé a tu olla": hoy maneja la máquina que ninguna mujer de la Puna se animaba a tocar
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Le dijeron "volvé a tu olla": hoy maneja la máquina que ninguna mujer de la Puna se animaba a tocar

¿Qué hizo Elena Siquila cuando le dijeron que solo servía para la cocina? La respuesta está en la máquina que hoy maneja y que, según su testimonio, ninguna otra mujer de la Puna salteña aprendió a operar.

Elena Siquila tenía 37 años, séptimo grado completo y ninguna experiencia al volante cuando entró a trabajar en la mina Lindero, en Mansfield. Lo suyo era la cocina: un servicio de catering que le daba un lugar conocido y seguro. Ocho años después, a los 46, opera maquinaria pesada y es la única mujer de la Puna salteña que sabe manejar una motoniveladora.

Su historia arranca en 2017, cuando el empleo minero parecía un mundo ajeno. No sabía conducir, no tenía formación técnica y escuchaba que para capacitarse hacía falta el secundario. Ella había llegado hasta séptimo grado. Todo indicaba que su carrera iba a seguir ligada a las ollas.

La oportunidad que parecía imposible

La empresa abrió la posibilidad de formarse para operar camiones fuera de ruta. Elena dudó. "En ese entonces eran los camiones fuera de ruta, que en un principio lo veía difícil porque no sabía manejar nada. Mi lugar, que siempre me gustó y en lo que trabajaba, era la cocina, y más que eso no sabía", recordó.

Los comentarios sobre los requisitos académicos sumaban freno: "Había muchos comentarios de que había que tener secundario y esas cosas. Entonces no le veía la posibilidad, porque yo estudié hasta séptimo grado".

Aun así se presentó. El curso le exigió aprender a manejar desde cero, incorporar nociones de física y entender cómo funcionan máquinas de gran porte. La dificultad fue tal que pensó en volver atrás. "En el momento se me cruzó decir: 'Bueno, me vuelvo a seguir cocinando'", contó.

No lo hizo. "Tuve que ponerle todas las ganas que podía, así que aprendí y logré llegar a aprender a manejar los camiones fuera de ruta". Ese primer logro le mostró que ni el nivel de estudios ni la falta de experiencia previa tenían por qué marcar su techo laboral.

La motoniveladora y el prejuicio de género

Con los camiones ya dominados, Elena quiso más. Se propuso aprender a operar una motoniveladora, un equipo que, según le decían, ninguna mujer había manejado. "Después también quise aprender otros equipos y decían: 'No, si las mujeres nunca operaron ese equipo'. Por ejemplo, la motoniveladora. No había mujeres que lo hubieran aprendido y yo les discutía, porque ya era más fuerte, sabía que podía y quería lograrlo", relató.

Lo consiguió. Según su propio testimonio, sigue siendo la única mujer de la Puna salteña con esa experiencia. Para ella no fue solo una habilidad técnica: fue la prueba de que las mujeres pueden asumir responsabilidades operativas en puestos históricamente ocupados por hombres.

De la máquina a la computadora

Su recorrido no se quedó en el volante. Con el tiempo, la empresa le ofreció desempeñarse como controladora de flota, una tarea que exige manejo de computación y herramientas tecnológicas.

"Hay otra oportunidad que me dio la empresa misma, que es una tarea de controladora de flota, donde tenés que saber mucho de computación y todas esas cosas, pero sin saber nada aprendí y estoy ahí también en ese sector", explicó.

Hoy alterna esa función por temporadas con otras tareas de la operación minera. También sumó experiencia con camiones de menor porte, los que en su relato aparecen como camiones de escaña. Cada nuevo puesto significó aprender procedimientos distintos y salir de su zona de comodidad.

"Mejor volvé a tu olla"

Los prejuicios no aparecieron solo cuando quiso subirse a un equipo nuevo. Durante su formación escuchó frases que buscaban devolverla al lugar que otros consideraban el apropiado para ella. "Me decían: 'No vas a aprender, mejor volvé a tu olla'. Hacían comentarios como que solamente servía para la olla y no para poder aprender", recordó.

Lejos de retroceder, esas palabras la empujaron. "Eso, en cierto modo, me daba más fuerza para decir: 'Bueno, yo sí voy a demostrar que puedo'".

El machismo volvió a cruzarla cuando quiso aprender otros equipos. "Por ahí los hombres dicen: 'No, si vos no podés', o, por ejemplo, cuando querés aprender una topadora, dicen que la mujer no puede porque se golpea. Yo creo que eso también es machismo", reflexionó.

El motor de sus tres hijos

Detrás de cada paso de Elena estuvieron sus tres hijos. Cuando surgió la chance de capacitarse para manejar camiones, fueron ellos quienes la empujaron a intentarlo. "En su momento, mis hijos eran niños jóvenes y fue la pregunta de ellos también, de si me animaba a ir a aprender eso", contó.

Ella respondía con sus propios miedos. "Yo les decía que no tenía secundario ni nada, pero ellos me decían: 'Vos podés, porque podés con muchas cosas'". Ese respaldo fue clave para sostener el esfuerzo. "Siempre fue el apoyo de mis hijos", destacó.

La familia también se adaptó a la rutina de la mina. Mientras Elena pasa 14 días trabajando, sus hijos siguen con sus estudios y organizan la vida cotidiana. "En los 14 días que yo estaba acá, supieron estudiar y estar bien para que yo pueda seguir aprendiendo", expresó.

Catorce días lejos de casa

El régimen laboral es exigente: 14 días consecutivos en la mina y 14 de descanso. Durante el período de trabajo cumple jornadas de 12 horas que alternan turnos diurnos y nocturnos. Cuando le toca la noche, arranca alrededor de las 18, hace el relevo y sigue en actividad hasta las 6.30 o 7 de la mañana.

La modalidad implica perderse cumpleaños, reuniones y celebraciones que quedan pendientes hasta el regreso. "No estar con tu familia en eventos especiales es el momento más difícil que se vive acá en la mina", manifestó.

Para Elena, la distancia no se mide solo en kilómetros: es el tiempo que no comparte con los suyos y el esfuerzo por sostener los vínculos durante las ausencias. "Acá se tiene que tener más que nada en el corazón, porque no estar con tu familia en eventos especiales es el momento más difícil que se vive acá en la mina", expresó.

El sueño que quiere cumplir a los 46

Elena no piensa en frenar. Entre sus próximos desafíos están aprender a operar una topadora y una retroexcavadora. "Quizás poder aprender unos dos o tres equipos más, como te decía, topadora, retroexcavadora. Esa sería mi conclusión como aprendizaje", contó.

A los 46 años sostiene que su recorrido demuestra que nunca es tarde para empezar de nuevo. "Yo hoy por hoy tengo 46 años y aprendí de muy grande", expresó.

Pero su objetivo más ambicioso no es personal. Quiere enseñar a otras mujeres de la Puna salteña a operar maquinaria pesada y ayudarlas a encontrar oportunidades dentro de la actividad minera. "Mi objetivo, mi sueño, es poder enseñar a las mujeres de la Puna, para que puedan quedar", afirmó.

Su intención es acompañar sobre todo a las jóvenes que buscan capacitarse y construir una trayectoria laboral en su propia región. Sabe que el primer paso puede ser difícil: ella misma empezó sin saber manejar, sin secundario y con dudas sobre sus posibilidades. Por eso quiere que otras trabajadoras accedan a una formación y a un entorno donde las oportunidades no dependan de los prejuicios.

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