Le dio 96 horas a su propia empresa para evitar un impuesto y la jugada salió a la luz

Un impuesto a las grandes fortunas avanzaba en California y Zuckerberg no estaba dispuesto a pagarlo. Les puso a los directivos de Meta un plazo de 96 horas y una amenaza que iba a trascender los muros de la empresa.

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Le dio 96 horas a su propia empresa para evitar un impuesto y la jugada salió a la luz
Le dio 96 horas a su propia empresa para evitar un impuesto y la jugada salió a la luz

Mark Zuckerberg apuró a la junta directiva de Meta con un ultimátum: o le resolvían el problema del impuesto a las grandes fortunas de California o ponía en venta su casa de Palo Alto y el anuncio se volvía público. La presión funcionó y el desenlace quedó registrado en papeles que la empresa presentó ante la Comisión de Bolsa y Valores.

El reloj corría para el fundador de la red social. En su estado natal avanzaba una iniciativa fiscal histórica sobre los multimillonarios y él necesitaba que el directorio de su compañía moviera ficha para quedar a resguardo. Las conversaciones venían desde julio y tuvieron su punto más tenso en una cena con integrantes de la junta el 9 de septiembre.

La amenaza que destrabó la negociación

En ese encuentro, Zuckerberg dejó las cartas sobre la mesa: si no había acuerdo, sacaba su vivienda de Silicon Valley al mercado. Según los documentos, pensaba publicar la operación el 13 de septiembre, lo que le dejaba a la mesa chica apenas 96 horas para evitar un dolor de cabeza mayúsculo en materia de imagen.

Meta, con oficinas centrales en Menlo Park, a pocos kilómetros de esa casa, reaccionó rápido. El miércoles la compañía comunicó la salida: a partir de enero emitirá una nueva clase de acciones para los accionistas. Así, el empresario podrá vender títulos para afrontar el eventual tributo sin que se licúe su poder de voto, que hoy llega al 60,6 por ciento. La operación, además, le sirve al gigante tecnológico para financiar sus fuertes apuestas en inteligencia artificial.

Todo el forcejeo quedó documentado en un lote de presentaciones ante el organismo regulador de los mercados de Estados Unidos. Esos papeles muestran, con lujo de detalles, las maniobras que despliegan las grandes fortunas para esquivar el riesgo que implica la propuesta californiana. También dejan a la vista el peso que Zuckerberg tiene sobre el directorio de la empresa que creó en 2004, cuando era un estudiante en su cuarto de la Universidad de Harvard.

Desde Meta optaron por el silencio y no hicieron declaraciones.

Qué dice la Propuesta 40 y cuánto le costaría

La movida preventiva del fundador refleja la inquietud que recorre Silicon Valley de cara a las elecciones del 3 de noviembre, donde se define la suerte de la llamada Proposición 40. La norma prevé un impuesto único del 5 por ciento sobre todas las tenencias de los multimillonarios que residieran en California al 1 de enero de 2026.

Con el patrimonio que se le calcula, Zuckerberg, de 42 años, podría tener que pagar cerca de 12,5 millardos de dólares. El problema es que ni los más ricos tienen ese dinero disponible en efectivo. Si para cubrirlo tuviera que desprenderse de sus acciones actuales de Meta --las llamadas de "supervoto", que le dan más peso en las decisiones--, su poder de voto podría caer al 53 por ciento, según reconoció la compañía en la documentación.

Si la iniciativa se aprueba, los litigios parecen inevitables. Se espera que los opositores argumenten que la medida no debería alcanzar a quienes ya vivían en el estado antes de su sanción. Varias de las mayores fortunas californianas, como el cofundador de Google Sergey Brin, se mudaron antes del Año Nuevo. Ninguna empresa del estado, sin embargo, adoptó una medida tan drástica como Meta.

Un ida y vuelta que arrancó en julio

El 8 de julio, Zuckerberg inició una serie de charlas con algunos miembros de la junta sobre la reestructuración de las acciones, movido por el temor a tener que abandonar California igual que Brin. En la mesa directiva encendió alarmas la posibilidad de que el fundador, muy involucrado en el desarrollo de la inteligencia artificial de la empresa, se fuera del estado y se llevara consigo a los investigadores del área, lo que frenaría el avance del negocio.

El 4 de agosto les comunicó que "tenía la intención de establecer su residencia fuera de California, algo que, según le habían aconsejado, tendría que hacer antes de las elecciones del 3 de noviembre de 2026", de acuerdo con los papeles.

Meta sostuvo que si Zuckerberg ponía en venta su casa de Silicon Valley eso "sería público e inevitablemente notado y comentado por los empleados de la empresa y, en consecuencia, plantearía dudas para la dirección de la empresa en el futuro". Y si después se iba del estado, el golpe sería comparable al que provocó el trabajo remoto durante la pandemia de covid, según los documentos.

Alrededor del Día del Trabajo, el empresario advirtió a los miembros de la junta que "necesitaría comenzar a tomar medidas a mediados de septiembre para establecer su residencia fuera de California para mediados de octubre". Ya evaluaba contarles sus planes a los directivos de la compañía.

Para el 14 de septiembre aparecieron las bases del entendimiento. Un "Acuerdo de Alineación del Fundador" difundido el miércoles establece que Zuckerberg deberá residir en California durante ocho años más, salvo que Meta se mude, que él deje la conducción de la empresa o que aparezcan "circunstancias imprevistas".

El multimillonario reparte buena parte de su tiempo entre la casa de Palo Alto y otra residencia californiana en el lago Tahoe. También tiene propiedades en Miami, Hawái e Irlanda.

La pelea que divide a los gigantes tecnológicos

En los últimos meses, decenas de ejecutivos del sector, entre ellos Brin, volcaron más de 330 millones de dólares a un grupo político que combate el impuesto a la riqueza. El dinero financió una lluvia de avisos que, para algunos, le dio ventaja a los detractores de la iniciativa.

Zuckerberg no se pronunció en público sobre el tributo ni aportó a la campaña en su contra. Varios integrantes de la junta de Meta sí lo hicieron: Patrick Collison, fundador de la fintech Stripe y amigo cercano del fundador, donó 33 millones de dólares. Otro de los grandes aportantes es Tony Xu, director ejecutivo de DoorDash, que además integró el comité especial de tres miembros que negoció con Zuckerberg el nuevo esquema de acciones.

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