Le disparó a un mecánico en un taller, pero el juicio terminó con una reacción que nadie esperaba
El juicio por el crimen del mecánico en Trelew terminó con una condena, pero lo que pasó en la sala dejó a todos sin palabras. Un hermano de la víctima tomó la palabra y su reacción no fue la que nadie esperaba.
En la Cámara Penal de Trelew se vivió una jornada cargada de tensión y emoción. Alexis Maximiliano Schmidt aceptó una condena de 12 años de prisión efectiva por el homicidio agravado por el uso de arma de fuego de Jonathan Prim, el mecánico asesinado el 8 de septiembre de 2025 en el barrio Los Pensamientos.
El juicio abreviado, que se desarrolló en las últimas horas, tuvo un momento que quebró a todos los presentes. Antes de escuchar la sentencia, Schmidt pidió la palabra y, frente al juez Marcos Nápoli y a los familiares de la víctima, se mostró visiblemente conmovido.
“Nunca quise hacer lo que hice, les pido perdón de todo corazón”, expresó el condenado. Y agregó: “Nunca tuve nada en contra de ustedes ni quise tenerlo. Les pido perdón, sé que lo que hice es irreparable, les pido perdón, espero alguna vez me puedan perdonar”.
La respuesta de uno de los hermanos de Jonathan llegó en el momento y sorprendió a todos los presentes. Elián Prim tomó la palabra y decidió aceptar las disculpas del condenado, pero acompañó ese gesto con un pedido relacionado con el futuro del hijo pequeño de Schmidt.
“Yo te perdono, loco, pero este tiempo aprovechalo y dale un buen ejemplo a tu hijo chiquito”, le dijo. El gesto conmovió a los familiares y también al juez Nápoli, quien destacó la actitud de la familia Prim durante todo el proceso.
Sin embargo, no todos vivieron el pedido de perdón de la misma manera. Soraya Prim, hermana de Jonathan, expresó después de la audiencia el profundo dolor que atraviesa la familia y reconoció que para ella el perdón no resulta posible.
“Me cuesta perdonar a un asesino”, dijo en alusión a lo que acababa de suceder dentro de la Cámara Penal de Trelew. La mujer describió la jornada como “triste” y “durísima” y remarcó los valores con los que fue criada junto a sus hermanos.
“Nosotros somos una familia con valores muy sanos. Los valores que nos inculcaron nuestros padres son muy sanos, no tenemos maldad, no tenemos nada, solo tenemos dolor”, manifestó. Y agregó: “A mí me cuesta perdonar a un asesino que merece perpetua o, si existiera, la pena de muerte”.
El crimen en el taller mecánico
Jonathan Prim fue asesinado el 8 de septiembre de 2025, pasado el mediodía, mientras trabajaba como mecánico en el barrio Los Pensamientos de Trelew. Según reconstruyó la investigación, Schmidt llegó hasta la zona de Gales y Gualjaina a bordo de una moto de baja cilindrada, después de haber dejado a su hijo en otra casa. Desde allí efectuó disparos hacia el patio donde Prim arreglaba una camioneta junto a su hijo.
Prim recibió un balazo y murió poco después en el hospital. El arma utilizada en el ataque nunca fue encontrada, pero las cámaras de seguridad del barrio permitieron reconstruir buena parte del recorrido del acusado antes y después del crimen.
Volvió una hora después y descubrió que se había equivocado de víctima
Uno de los elementos centrales de la investigación fueron las imágenes que registraron que Schmidt regresó al lugar aproximadamente una hora después del ataque. De acuerdo con la reconstrucción incorporada al expediente, volvió para comprobar si había alcanzado a la persona a la que pretendía atacar. Fue entonces cuando se estableció que había cometido un error y que Jonathan Prim no era su objetivo original.
Por esa circunstancia, el caso fue encuadrado bajo la figura de “aberratio ictus”, conocida como “error en el golpe”: el autor dirige la acción contra una persona determinada, pero termina causando la muerte de otra.
Una condena de 12 años
Schmidt reconoció su responsabilidad y aceptó la pena acordada entre el fiscal Mauro Quinteros y su defensor, Carlos del Mármol. La condena fue fijada en 12 años de prisión efectiva por el homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
Durante la audiencia, el fiscal explicó a los familiares que la pena no pretendía ponerle un valor a la vida de Jonathan ni dimensionar en años la pérdida de la familia. “Una vida no puede expresarse en una cantidad de años”, sostuvo Quinteros.
La pena mínima prevista para el delito era de 10 años, pero la situación de Schmidt se vio agravada por sus dos condenas previas, que elevaron el piso de la sanción acordada.