Le pagaban una changa en un club de polo de Caucete: lo que empezó a llegarle por WhatsApp después terminó en condena
Un club de polo, una changa de un mes cuidando caballos y un vínculo que parecía cerrado. Meses después, los mensajes que le llegaron al chico de 14 por WhatsApp terminaron con un hombre condenado.
Un hombre de Caucete fue condenado por grooming contra un adolescente de 14 años al que había conocido mientras el chico hacía una changa en un club de polo del departamento. La Justicia de San Juan resolvió el caso en juicio abreviado y le impuso ocho meses de prisión de ejecución condicional, con reglas de conducta.
El condenado es Néstor Abel Álvarez Gallardo, según la información difundida por fuentes judiciales. El delito encuadra en el artículo 131 del Código Penal, que castiga el acoso sexual a menores de edad a través de medios digitales.
El vínculo que se cortó y los mensajes que volvieron
El imputado y el menor no eran desconocidos. Se habían cruzado en un club de polo de Caucete, donde el chico trabajó alrededor de un mes en tareas vinculadas al cuidado de caballos. En ese período, ambos tuvieron trato directo.
Cuando esa relación laboral terminó, el contacto pareció cerrarse. Pero en octubre de 2025 el hombre volvió a buscarlo, esta vez por su cuenta y de manera directa: le escribió por WhatsApp desde su celular personal. Según la acusación fiscal, en esos mensajes de contenido sexual le pedía al adolescente conductas inapropiadas.
La reacción que frenó el acoso
El chico no se quedó callado. Le contó lo que estaba pasando a su hermana, que avisó de inmediato a la madre. La mujer radicó la denuncia y esa respuesta rápida permitió cortar el acoso antes de que escalara a una situación más grave.
La fiscal de la UFI ANIVI, Andrea Insegna, explicó en rueda de prensa que la condena pudo quedar en suspenso porque el acusado no registraba antecedentes penales. Ese es un requisito indispensable para acceder a la ejecución condicional. En concreto, no irá a prisión efectiva siempre que cumpla con las reglas de conducta que le fijó el tribunal.
Un patrón que se repite
El caso ilustra una modalidad que los especialistas vienen señalando con frecuencia: el acoso a menores no siempre llega desde un extraño escondido detrás de un perfil falso. Muchas veces lo ejerce alguien del entorno cotidiano, que se apoya en la confianza construida en un espacio de trabajo o de actividades compartidas.
Por eso los investigadores remarcan la importancia de lo que ocurrió en esta causa: que el adolescente hablara en su casa y que la familia denunciara fue lo que detuvo el avance de la situación.