Le Pen ya saborea los disturbios en Francia: el dato que ilusiona a la extrema derecha

Las cenizas del ayuntamiento de Limoges todavía humeaban cuando Marine Le Pen ya tenía su estrategia lista. Mientras Macron y la oposición se acusan por los disturbios, la líder de la Reunión Nacional se posiciona como la candidata del orden y las encuestas previas la daban arriba. ¿Qué pasará con la violencia callejera a seis meses de las presidenciales?

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Le Pen ya saborea los disturbios en Francia: el dato que ilusiona a la extrema derecha
Le Pen ya saborea los disturbios en Francia: el dato que ilusiona a la extrema derecha

PARÍS.- Mientras el gobierno de Emmanuel Macron y la oposición apuntan contra la ultraizquierda por los disturbios que sacudieron Francia, en el búnker de Marine Le Pen hay motivos para el optimismo. A seis meses de las presidenciales, la líder de la Reunión Nacional (RN) se posiciona como la candidata del orden y las encuestas previas ya la mostraban arriba.

El primer ministro Sébastien Lecornu no dudó en atribuir la violencia a la izquierda radical: “Grupos de ultraizquierda organizaron la violencia en varias ciudades de Francia”, acusó el sábado por la noche. Y el lunes fue más allá: les adjudicó la intención de sostener “un desorden profundo” hasta los comicios.

Macron habló de “facticios”; Éric Ciotti, alcalde de Niza aliado de RN, denunció un “fascismo rojo”. Detrás de la ultragauche, las miradas apuntan a Jean-Luc Mélenchon, el líder de La Francia Insumisa (LFI).

El saldo de los disturbios es contundente: más de 2.300 detenciones, al menos 1.500 comercios afectados y cerca de mil policías, gendarmes y bomberos heridos, según las autoridades.

Un partido que no necesitó marchar

La Reunión Nacional no participó de las manifestaciones. No le hizo falta. Le bastó con erguirse como el partido del orden. Jordan Bardella, presidente formal del partido, prometió “restablecer el orden de forma duradera” a partir de mayo de 2027. Le Pen, por su parte, pronosticó que la violencia empujará a los votantes hacia su vereda.

“Cada edificio o cada auto destruido es un magnífico panfleto para el RN”, graficó un ministro que pidió reserva de su nombre. Un diputado macronista, de regreso de su circunscripción, fue más directo: “Fue un regalo para el RN”.

Los politólogos coinciden. Benjamin Morel sostiene que la crisis favorece al RN porque proyecta la imagen de un poder agotado y hace que el recambio aparezca como necesario. Mathieu Gallard, de Ipsos, suma otro beneficio: “El caos ha logrado desplazar de la actualidad las revelaciones de Mediapart sobre las declaraciones antisemitas atribuidas a Jordan Bardella”.

El terreno ya estaba allanado. Antes de los disturbios, Le Pen alcanzaba un 37% de intenciones de voto en la primera vuelta, según Odoxa, y se imponía con un 67% frente a Mélenchon en la segunda, según Toluna-Harris Interactive. Aún no se publicó ninguna encuesta posterior a los actos de violencia.

La acusación cruzada

Mélenchon condenó los saqueos, pero cargó contra las cadenas de noticias que “inundan la pantalla con imágenes de violencia” mientras “decenas de miles de personas” marchaban “pacíficamente”. También responsabilizó al Gobierno por “una dirección aberrante que abrió la puerta al caos”. Lecornu le respondió que se trataba de una “inversión de responsabilidades peligrosa y cínica”.

Desde LFI, Eric Coquerel aseguró que el partido está del lado de los manifestantes pacíficos, y Mathilde Panot señaló a Macron como el “artífice del caos”.

Pero el golpe más duro llegó desde la propia izquierda. Raphaël Glucksmann, líder de Place publique y primero en las primarias socialistas, acusó a Mélenchon de haber “apostado por el caos durante años” y de ser “incapaz de condenar claramente” la violencia. “¿Quién se va a beneficiar de este caos si no es la señora Le Pen?”, se preguntó. Para él, el tribuno de LFI es “el escalón para el ascenso de la extrema derecha”.

Un estratega socialista confesó temer “tanto la impotencia del gobierno como la demanda de orden que esta ha generado”. En esa línea, varios dirigentes ven en Mélenchon al principal responsable de regalarle la presidencial a la extrema derecha.

Los Insumisos rechazan ese escenario. Antoine Léaument recordó que el RN abandonó las grandes movilizaciones sociales y acusó a los medios de centrarse solo en los actos de destrucción. Coquerel apeló a la historia: según él, movimientos como el de la ley Devaquet en 1986 o las huelgas de 1995 beneficiaron a la izquierda en las urnas. La indignación social, insistió, no conduce mecánicamente al RN.

El calendario, un factor clave

Faltan seis meses para las elecciones y nada está definido. Gallard advierte que los votantes podrían olvidar estas imágenes para la primavera, a menos que se repitan. Morel, en cambio, sostiene que nuevos episodios de violencia el 1 de mayo jugarían a favor del RN.

El poder adquisitivo sigue siendo la principal preocupación de los franceses: lo menciona el 56% de la población, muy por encima de la inmigración (34%). Ese malestar fue el que llevó a 550.000 personas a las calles esta semana, una reivindicación mucho más amplia que las demandas de los estudiantes secundarios.

La próxima prueba no tardará: los chalecos amarillos convocan a un “nuevo acto” para el sábado 24 de octubre, y los sindicatos a manifestar el 5 de noviembre. Si la calle vuelve a estallar, el juicio contra Mélenchon podría reforzar aún más la plataforma de Le Pen. Si la calma se impone, la izquierda podrá argumentar que acompañó el descontento social sin atizarlo. En cualquier caso, las elecciones de 2027 ya se están dirimiendo en las calles francesas.

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