Le pidió a los inquilinos que se fueran del local y la escena terminó con fuego, palos y una amenaza: "A la noche van a volver"

Lidia Copa alquiló su local en Santa Cecilia durante años y los consideraba "como familia". Cuando decidió desalojarlos, la tarde terminó en llamas. Después llegaron las motos, los palos y una amenaza que la tiene mirando la puerta de su casa.

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Le pidió a los inquilinos que se fueran del local y la escena terminó con fuego, palos y una amenaza: "A la noche van a volver"
Le pidió a los inquilinos que se fueran del local y la escena terminó con fuego, palos y una amenaza: "A la noche van a volver"

Un conflicto por el alquiler de un local de comidas en el barrio Santa Cecilia, en la zona sudeste de Salta, estalló este sábado con un incendio, destrozos, golpes y amenazas. Lidia Copa, dueña del inmueble sobre avenida Felipe Varela al 100, terminó con golpes en los brazos y una de sus hijas también fue agredida. La mujer pide una consigna policial porque teme por sus nietos.

El fuego y la familia a resguardo

El lugar funcionaba desde hacía cuatro o cinco años como Comedor El Gato. Según relató Copa a El Tribuno, durante el incendio tuvo que sacar de su casa a sus hijos y nietos, entre ellos dos nietos con discapacidad, por miedo a que las garrafas involucradas en el fuego provocaran algo peor.

Vecinos y transeúntes intentaron ayudar con arena y matafuegos, pero las llamas crecieron rápido. “El fuego ya estaba alto, incluso estaba la garrafa abierta y salía la llama, estaba todo hasta el techo”, recordó la mujer. Bomberos y Policía intervinieron en la emergencia.

La llegada de las motos y la agresión

Después del operativo, cuando los ocupantes empezaron a retirar sus cosas y una camioneta cargaba parte de los elementos, llegaron personas en motocicletas. Copa estimó que fueron entre 20 y 25 y que provenían del barrio 20 de Junio. Según su testimonio, algunas llevaban palos y cuchillos, y un hombre con remera amarilla habría entrado con un arma dentro de una mochila y un cuchillo.

“Yo a vos no te alquilé el local, yo no te conozco. Haceme el favor y salí”, contó que le dijo al hombre. Lejos de irse, según su relato, el sujeto la insultó y la agredió. “Ya empezaba a tirarme piñas, me agarró así, me bajó de los pelos hasta el suelo”, detalló. Una de sus hijas intervino para defenderla y entonces el hombre habría sacado un cuchillo del bolso.

Mientras la familia se protegía dentro de la vivienda, desde afuera les arrojaron botellas de vidrio y usaron palos de escoba cortados o con punta. Copa les pidió a sus hijas que llamaran a la Policía: “Llama a la Policía, hija, porque si ocurre algo malo, vamos a ser nosotros los responsables”.

En medio del caos, la mujer destacó la reacción de los vecinos. “Les agradezco infinitamente a los vecinos que han venido, porque todos los vecinos de acá me conocen”, sostuvo.

Un vínculo que se rompió con los años

La dueña explicó que los inquilinos llevaban cuatro o cinco años en el local, con meses en los que pagaban y otros en los que no. Durante mucho tiempo la relación fue cercana: “Yo los consideraba como familia de nosotros, eran como familia de nosotros”. Pero con el tiempo empezaron los problemas. Mencionó una ampliación hacia la calle, mesas en el exterior y varias llamadas a la Policía por esa situación. También dijo que había advertido sobre los riesgos del comedor y que ya había habido otro incendio.

Sobre el siniestro de este sábado, contó que los Bomberos le habrían indicado que una chispa de la plancha alcanzó la conexión de la garrafa. Se quemó la garrafa y la grasa acumulada detrás de la plancha, lo que hizo crecer las llamas.

El desalojo, las amenazas y el pedido de protección

Tras el incendio, Copa les pidió a los ocupantes que se fueran. Al principio se negaban y decían que no se irían por dos meses. Finalmente empezaron a retirar sus pertenencias. Cuando parecía que la situación se calmaba, llegaron las motos y las amenazas. “No saben con quién se han metido, que a la noche van a volver, van a hacer tiros, nos van a hacer tiros”, aseguró que le dijeron.

La mujer rechazó la versión que circuló sobre una supuesta puñalada a uno de los participantes del enfrentamiento: “Eso que dicen que la puñalada, eso es mentira. Es muy mentira”. Dijo que está dispuesta a presentarse para dar su versión.

También cuestionó el accionar policial. Afirmó que había pedido que demoraran al hombre que señalaba como portador de un arma y un cuchillo, pero que cuando llegó la Policía el sujeto se retiró en una moto. “Yo quisiera que la Policía se ponga firme y hagan algo”, reclamó.

El local quedó prácticamente destruido: vidrios rotos, objetos dañados y destrozos también en sectores de la vivienda. Para la propietaria, lo material pasó a segundo plano. “No me importaba si me pagaban o no me pagaban, pero que se vayan porque no podía haber ocurrido otra cosa más grave”, afirmó.

Ahora, con el local desalojado, Copa dice que quiere recuperar la tranquilidad, aunque admite que el miedo sigue. “Tengo mucho miedo”, confesó, y pidió medidas para proteger a su hija y a sus nietos. Su preocupación central es que las personas que participaron del episodio regresen: “Yo, la verdad, capaz que me hagan daño a mí, pero a mis nietos no”.

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