Le pidió la moto a su peluquero para comprar tintura y nunca volvió: la segunda maniobra que lo llevó a juicio
Un hombre condenado en San Juan por quedarse con la moto de su peluquero tras ofrecerse a comprar tintura. La segunda maniobra, con un rodado robado, agravó su situación.
Un favor que parecía de unos pocos minutos terminó en una condena judicial. Federico Daniel Gutiérrez fue sentenciado en San Juan a dos años y seis meses de prisión condicional por quedarse con una motocicleta que le habían prestado y por una estafa con otro rodado que tenía pedido de secuestro por robo.
La pena fue impuesta tras un juicio abreviado en el que Gutiérrez reconoció su responsabilidad. El juez Matías Francisco Parrón homologó el acuerdo y lo declaró autor de los delitos de retención indebida y estafa.
Aunque no irá a prisión, el condenado deberá cumplir una serie de reglas de conducta durante el plazo de la pena. Entre ellas, permanecer bajo control del Patronato de Liberados y Condenados y no acercarse ni realizar actos molestos contra los dos denunciantes.
El primer episodio: la tintura que nunca llegó
El primer hecho ocurrió a fines de agosto de 2024 y tuvo como víctima a un peluquero de apellido Basso Brizuela, quien conocía a Gutiérrez por ser cliente habitual de su negocio.
Mientras lo atendía, el peluquero se dio cuenta de que necesitaba comprar tintura. Según quedó establecido en la investigación, Gutiérrez se ofreció a hacerle el favor de ir hasta un comercio cercano para conseguir el producto.
Basso Brizuela confió en él y le prestó su motocicleta para que realizara la compra. Pero el viaje tuvo un final muy diferente al esperado: Gutiérrez se llevó el rodado y no volvió al local ni devolvió la moto.
El dueño intentó comunicarse mediante llamadas y mensajes, aunque no obtuvo respuestas. Ante la falta de noticias, comenzó a realizar averiguaciones por su cuenta. Así logró encontrar indicios que vinculaban el vehículo con domicilios relacionados con Gutiérrez, entre ellos una vivienda de Villa del Carril, en Rawson, y el domicilio de su pareja, en el barrio La Estación.
La Justicia encuadró este episodio como retención indebida, debido a que la motocicleta había sido entregada voluntariamente para un uso específico, pero quien la recibió decidió no restituirla.
La segunda maniobra: un intercambio que salió mal
El segundo episodio ocurrió más de un año después y tuvo como protagonista a otro hombre, de apellido Echegaray. Todo comenzó con una publicación de WhatsApp en la que ofrecía su Yamaha Criptón 110.
Gutiérrez, que era pareja de una prima del denunciante, se contactó con él y le hizo una propuesta de intercambio. El acuerdo consistía en entregar una Honda Wave 110 modelo 2024 y dinero a favor de Echegaray.
El 27 de diciembre de 2025 concretaron la operación. Echegaray entregó su Yamaha, la documentación del vehículo y $1 millón en efectivo. A cambio recibió la Honda Wave, aunque Gutiérrez le aseguró que los papeles de esa motocicleta llegarían una semana después.
El problema apareció cuando la nueva moto comenzó a ser utilizada. Según la investigación, la Honda Wave tenía un pedido de secuestro vigente por un robo anterior, una circunstancia que Gutiérrez habría ocultado al momento de realizar la operación.
El 19 de enero de 2026, Echegaray circulaba con la Honda Wave por Pocito cuando fue interceptado durante un operativo policial. Los efectivos detectaron que el vehículo tenía un pedido de secuestro y procedieron a incautarlo. El comprador quedó involucrado en una investigación por presunto encubrimiento, aunque no fue detenido.
Finalmente, la motocicleta fue restituida a su propietario original. Cuando Echegaray intentó comunicarse con Gutiérrez para obtener explicaciones, no consiguió respuestas. Después descubrió otro dato que complicó todavía más la situación: su Yamaha Criptón había sido publicada para la venta.
La Justicia consideró acreditada la maniobra y la encuadró como una estafa.
La condena
Los dos episodios terminaron unificados en el acuerdo de juicio abreviado que aceptó Gutiérrez. El hombre recibió una pena de dos años y seis meses de prisión condicional, por lo que permanecerá en libertad siempre que cumpla con las condiciones fijadas por la Justicia.
Entre las obligaciones impuestas figuran fijar domicilio, someterse al control del Patronato de Liberados y Condenados y presentarse cuando sea requerido. Además, tiene prohibido acercarse o molestar a los dos denunciantes.
La condena quedó establecida luego de que Gutiérrez reconociera su responsabilidad por los hechos investigados.