Le pidió un milagro por la vista de su hijo y ahora camina 8 años seguidos para agradecer
El hijo no veía bien y la familia temía lo peor. Este salteño hizo una promesa y, ocho años después, sigue caminando cada Milagro con un motivo que solo él conoce. ¿Qué fue lo que pidió?
Un salteño volvió a ponerse en camino hacia la Catedral para cumplir una promesa que nació cuando su hijo atravesaba un grave problema en la vista. Con frío, cansancio y muchos kilómetros por delante, el hombre mantiene la palabra empeñada desde hace ocho años.
Hay promesas que nacen del miedo y otras que se transforman en agradecimiento. Para este peregrino, caminar hacia el Señor y la Virgen del Milagro se convirtió en una forma de devolver la fe que, según cuenta, recibió cuando más la necesitaba.
Su hijo tenía un problema en la vista y la posibilidad de que no volviera a ver llenaba de preocupación a toda la familia. En ese momento, decidió pedirle al Señor y a la Virgen del Milagro que intercedieran por él.
"Le pedí al Señor y a la Virgen del Milagro y me lo cumplió", contó el hombre durante la caminata.
A partir de entonces nació una promesa que sostiene desde hace ocho años. Cada Milagro vuelve a ponerse en camino para agradecer y cumplir con aquella palabra que dio en un momento de desesperación.
Una caminata que va mucho más allá de los kilómetros
Nuestro notero pudo acompañarlo mientras caminaba y conversar con él durante el recorrido. A su lado, entre el frío y el cansancio, el salteño contó su historia y explicó por qué, pese al esfuerzo físico, vuelve una y otra vez a caminar.
La emoción se notaba en su voz. No hablaba solamente de kilómetros recorridos ni de cansancio: hablaba de su hijo y de una promesa que para él tiene un significado enorme.
Cada paso representa ese agradecimiento.
El frío, el sueño y el agotamiento quedan en segundo plano frente al deseo de llegar y cumplir, una vez más, con lo que prometió hace ocho años.
"Le pedí por mi hijo y me lo cumplió", repite, como resumen de una historia que explica por qué miles de salteños y peregrinos de distintos puntos de la provincia vuelven a caminar cada año hacia la Catedral.
Algunos lo hacen por tradición, otros por una promesa, otros para pedir y muchos para agradecer. Y mientras avanza, cansado y con frío, hay algo que parece pesar más que cualquier dolor en los pies: la necesidad de agradecer por aquello que alguna vez pidió con desesperación.