Leyeron una novela sobre bullying y armaron un taller que ya recorre escuelas: cómo lo hacen los propios alumnos
Una docente de Santiago del Estero les propuso leer una novela sobre bullying y sus alumnos terminaron armando un taller que ya llevan a otras escuelas. Lo que escribieron en unas gotas de papel fue el punto de partida.
Un grupo de estudiantes de segundo año del Colegio San Francisco de Asís convirtió la lectura de una novela en un taller sobre bullying que este año llegó a la 16ª Feria Internacional del Libro de Santiago del Estero. La propuesta se llama “Huellas Invisibles” y se desarrolló en el 5º Espacio Infanto Juvenil y Cómics del Centro Cultural del Bicentenario (CCB).
El punto de partida fue Invisible, la novela del escritor español Eloy Moreno, que los alumnos trabajaron junto a su docente, Mariana Rivadero, en la materia Lengua y Literatura.
De la lectura a la reflexión
“Hemos leído la novela Invisible, de Eloy Moreno, una novela que nos ha llevado a reflexionar acerca del bullying en la escuela”, contó Rivadero durante la actividad. La docente explicó que la idea fue ir más allá del análisis del libro: “Hemos pensado traer este taller, no orientado solamente en la lectura de algunas frases de la novela, sino en cómo repercute ese bullying, esa violencia en la escuela”.
El taller invita a los chicos a detenerse en las situaciones que les hacen mal en el ámbito escolar, a reconocer cuándo pueden sentirse invisibles y a pensar cómo abordar esas experiencias desde la comunidad educativa. Para la docente, el tema exige un trabajo sostenido: “Necesitan ser trabajados, reflexionados desde la escuela y desde afuera también para ver posibles soluciones, cómo mejorar esta situación que nos invade hoy en día en todo momento en las escuelas”.
Pequeñas acciones que dejan huellas
Las dinámicas apuntan a que los estudiantes revisen sus propias vivencias y la convivencia dentro del aula. Uno de los puntos que más aparece en las conversaciones son las burlas y esas actitudes que parecen menores, pero que se agrandan cuando se repiten todos los días.
“Reflexionan mucho sobre la burla, sobre las pequeñas cositas que por ahí decimos o hacemos en la escuela que parecen menores, pero cuando las vamos reiterando cotidianamente se van haciendo una cosa más grande”, señaló Rivadero.
En una de las actividades, los chicos escribieron en pequeñas gotas de papel aquellas situaciones que los afectan, una forma de poner en palabras sentimientos que muchas veces quedan ocultos. Según la docente, el proyecto también sirvió para que los alumnos se miren a sí mismos y revisen cómo construyen los vínculos en el aula: “Ha servido el proyecto, que yo lo he comenzado en la escuela y ahora lo traemos a la Feria del Libro, para que ellos reflexionen sobre sí mismos, sobre cómo grupo clase, cómo trabajan y para mejorar la convivencia entre sí”.
Los alumnos, ahora talleristas
Uno de los rasgos que distingue a esta experiencia es que los propios estudiantes que participaron del proyecto pasaron a ocupar un nuevo rol: son ellos los que coordinan el taller y lo comparten con otros chicos. Rivadero contó que es la primera vez que prepara a sus alumnos para esa tarea y valoró el desafío que implica.
“Primera vez que preparo a mis alumnos para talleristas, así que están muy contentas de animarse ya también a preparar esto, que no es fácil: pararse frente a un público y hacer una dinámica que te permita una introspección, una reflexión”, expresó.
La docente reconoció que no siempre los chicos se animan a contar lo que sienten, pero que cuando lo hacen se abren conversaciones que después siguen en las escuelas: “A veces pasa que los chicos se animan a contar y otras veces no, pero cuando se animan pasan estas cosas ricas, verdaderamente importantes, para poder trabajarlo después en la escuela cada uno de los maestros que se llevan”.
Tres meses de trabajo en el aula
El proyecto no salió de un día para el otro. Se gestó a lo largo de unos tres meses en la materia Lengua y Literatura de segundo año. Primero fue la lectura de la novela y después la selección de actividades y estrategias didácticas para trabajar los temas que aparecían en la historia.
“Lo hemos trabajado en la materia de Lengua y Literatura en segundo año y lo que hemos hecho es un trabajo de aproximadamente tres meses”, detalló Rivadero.
Después, esas actividades se adaptaron para poder llevarlas a otros espacios y compartirlas con estudiantes de escuelas primarias: “Primero fue una lectura en clase, se han seleccionado de ahí distintas didácticas que yo he tenido en cuenta para hacerlos reflexionar a ellos y ahora los replicamos para que los traigamos a las escuelas primarias también”.
La meta es que la experiencia quede como una herramienta para que docentes y alumnos sigan trabajando el bullying, la convivencia y la violencia escolar. “Podamos ayudar a los maestros para trabajar esta problemática en la escuela y que les sirva”, cerró la docente.
Así, una novela que empezó como lectura de aula terminó cruzando las paredes del colegio, llegó a la Feria del Libro y dejó instalada una pregunta: qué huellas pueden dejar en los demás esas situaciones que muchas veces parecen chicas o directamente invisibles.
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