Lidia con la muerte a diario, pero lo que más le cuesta no pasa en el quirófano

Miguel Salva trabaja en terapia intensiva en Jujuy y asegura que lo más difícil no es poner o sacar un respirador. Hay una escena que vivió durante su formación y que todavía recuerda como su aprendizaje más duro.

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Lidia con la muerte a diario, pero lo que más le cuesta no pasa en el quirófano
Lidia con la muerte a diario, pero lo que más le cuesta no pasa en el quirófano

El médico intensivista Miguel Salva (MP 3297) trabaja en terapia intensiva en hospitales de Jujuy y conoce el oficio desde adentro. En diálogo con TodoJujuy, contó que lo más difícil de su especialidad no está en los respiradores ni en los protocolos, sino en algo que la facultad no enseña: comunicar una tragedia a una familia.

Su vocación nació durante la residencia de Medicina General, cuando una rotación lo puso frente a los respiradores y a la tecnología de una sala donde, según recordó, se toman decisiones que cambian drásticamente el destino de las personas. "Ahí tomé mi amor por la terapia intensiva", expresó.

El día a día: protocolos, evidencia y una muerte que se vuelve costumbre

Desde afuera, la terapia intensiva parece un espacio dominado por la urgencia y las decisiones extremas. Salva sostuvo que también hay una rutina técnica apoyada en evidencia médica, y que muchas decisiones clínicas están tan protocolizadas que dejan de sentirse difíciles.

"Decidir poner un respirador, sacar un respirador o dializar a una persona está todo tan escrito que quizás no nos parece una decisión tan difícil", explicó. Sobre la muerte, fue crudo: "Uno en la terapia intensiva lidia con la muerte a diario, pero se transforma en una especie de gaje del oficio".

El lado humano: lo que la facultad no enseña

Para Salva, el mayor desafío aparece al acompañar el dolor de las familias. "Lo más difícil es ver el lado humano en la terapia intensiva", afirmó. Y recordó uno de los golpes más fuertes de su formación: no haber sabido cómo comunicar su primer fallecimiento. "Fue quizás el momento más fuerte de aprendizaje", contó.

La formación universitaria, sostuvo, prepara para diagnosticar y tratar, pero no para atravesar emocionalmente esas escenas. "La facultad te enseña a hacer un diagnóstico y un tratamiento, pero no cómo comunicar una tragedia", expresó.

Familias que no entienden cómo alguien puede morir de un día para el otro

Cada familia vive la internación de un ser querido de manera distinta. Algunas comprenden la gravedad del cuadro; otras no logran dimensionar cómo una situación puede cambiar en cuestión de horas. "Hay familias que sí lo entienden y otras que no. La verdad que no se explican cómo una persona de 18 años puede estar muriéndose cuando estaba el día anterior en un gimnasio", señaló.

Según explicó, no existe una fórmula única para dar una noticia dolorosa: "No hay forma de encontrar las palabras para comunicar una tragedia". Por eso destacó la importancia de que los médicos en formación acompañen a profesionales con más experiencia durante los informes a familiares.

El equipo como refugio y el canto como reconexión

En un ámbito atravesado por el estrés y la muerte, la contención entre colegas se vuelve central. "Tratamos de armarnos nuestro lugar, nuestro nido o nuestro hogar dentro de la terapia intensiva", explicó. Las revistas de sala, contó, no solo sirven para definir tratamientos: también son un espacio para compartir y sostenerse. "Nos apoyamos todo el tiempo, no solamente entre colegas, sino con todo el equipo: médicos, enfermeros y otros especialistas", sostuvo.

También reconoció que, sobre todo al inicio de la carrera, algunas situaciones superan emocionalmente a los profesionales. "Muchos especialistas han tenido que ir a llorar a algún lugar donde uno no quiere que lo vean", relató.

Fuera del hospital, Salva encontró en el canto una vía para desconectarse. Empezó clases hace aproximadamente un año y ese espacio se volvió importante en su rutina. "Puedo estar destruido de una guardia y tener mi clase de canto, e ir con sueño pero con alegría, porque era mi momento de reconexión a la vida", expresó. Al cerrar la entrevista, agradeció la posibilidad de mostrar una parte menos visible del trabajo médico: "Muchas gracias a ustedes por mostrar este lado que no se ve tanto de nuestro trabajo como médicos".

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