Limpian vidrios en las esquinas de San Juan: "Me juego el día para llevar un plato de comida a mi casa"
Nahuel sale a la mañana y vuelve a la noche. Con un secador y una botella de agua, se juega el día en una esquina de San Juan para llevar un plato de comida a su casa. Pero hay una regla que no puede romper.
El semáforo en rojo no solo frena el tránsito. Para decenas de jóvenes en San Juan, es el inicio de una jornada que se extiende entre 10 y 15 horas. Con un secador casero y una botella con agua, recorren las calzadas para ganarse la moneda que les permita llevar alimento a sus familias.
Nahuel tiene 30 años, vive con su pareja y tres hijos, y lleva cuatro años en el mismo cruce. A pesar de contar con la tarjeta Ieric de la construcción y haber cursado hasta noveno año, no consigue empleo formal. "Salgo a la mañana y vuelvo a la noche", relata. Y marca una regla no escrita del oficio: "Si la persona te dice que no, es no. No podés ir a apurarlo. Yo me juego el día para llevar un plato de comida a mi casa".
Del campo a la calle
La falta de continuidad en las tareas rurales empuja a muchos hacia los semáforos. Matías, de 21 años y padre de un bebé, llegó tras terminar la temporada en el campo. "Mi vieja me enseñó a trabajar en la cosecha de uva, cebolla y ajo, pero dura tres meses nomás", cuenta. Para él, limpiar vidrios es un recurso digno: "Es una moneda bien ganada. Si me dicen que no, no tiro agua".
La vulnerabilidad se profundiza cuando no hay techo. Sergio lleva seis años limpiando cristales ante la imposibilidad de conseguir un puesto como ayudante de albañil. "No consigo trabajo, es la única manera que tengo de hacer una moneda", dice mientras junta lo indispensable para comer. Su día a día no tiene certezas: "Duermo donde me agarra la noche".
Un refugio para pasar la noche
El Estado provincial cuenta con espacios de contención nocturna. Lorena, referente del refugio Teresa de Calcuta en calle Córdoba, explica los requisitos: "El acceso a nuestros refugios es voluntario. Se exige DNI, ser mayor de edad y no estar en conflicto con la ley ni tener pedido de captura". El centro ofrece cena, duchas, cama y capacitaciones de oficio de 17 a 9 horas.
En las esquinas también resisten trabajadores con experiencia, como Óscar, un albañil que usa el secador para complementar sus ingresos. "Medianamente puedo comer y ayudar a los míos", sostiene desde el cordón de la vereda. Pese a la incertidumbre, mantiene un objetivo firme: "No tengo que bajar los brazos. Quiero un trabajo estable y poder darle otra rutina a mi hijo".