Llaryora y el dilema de ser realista sin rendirse al poder central

¿Realismo o sumisión? Llaryora marca el límite frente al ajuste, pero ¿se atreverá a ir más allá? La pulseada federal que puede definir el futuro de Córdoba.

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Llaryora y el dilema de ser realista sin rendirse al poder central
Llaryora y el dilema de ser realista sin rendirse al poder central

El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, marcó el rumbo con una advertencia que resuena más allá de los límites provinciales: **sin protección para la clase media, el modelo económico puede estallar en problemas sociales graves**. Pero ahora el desafío es si el realismo que pregona se convierte en obediencia silenciosa o en una verdadera defensa federal.

Sus definiciones a favor de la educación, la ciencia, la infraestructura y la capacidad productiva cordobesa son un punto de partida innegable. Sin embargo, el verdadero test no está en las palabras sino en la capacidad de cuestionar el paradigma económico que hoy genera exclusión y destruye empleo. ¿Alcanza con administrar las consecuencias de un modelo que no convence?

¿Modelo de desarrollo o espejismo extractivista?

La Argentina parece decidida a reducir su proyecto de país a minería, litio, hidrocarburos y grandes inversiones, aunque esos sectores no generen el trabajo que las mayorías necesitan. El crecimiento económico, tal como se plantea, pierde sentido si no se traduce en bienestar real, empleo digno y oportunidades para todos.

En este escenario, el federalismo que consagra la Constitución queda en papel mojado cuando las decisiones estratégicas se toman desde el puerto de Buenos Aires, ignorando las realidades regionales. Los gobernadores fueron elegidos para defender las autonomías provinciales y los intereses de sus pueblos, no para convertirse en administradores obedientes de políticas que pueden perjudicar a sus comunidades.

¿Qué debería hacer Córdoba?

Córdoba tiene su propia agenda: defender su industria, su campo, sus universidades, sus trabajadores, sus jubilados y sus pequeñas y medianas empresas. Necesita un modelo productivo que articule al Estado, al capital nacional, al trabajo y a las economías regionales. La modernización de verdad no consiste en abandonar a los vulnerables, sino en construir una economía capaz de incluirlos.

Aceptar el “cambio de paradigma” sin discutir sus costos sociales es resignarse a administrar una desigualdad cada vez mayor. Por eso, los gobernadores deberían recuperar su voz federal y construir una agenda común que no se limite a reclamos fiscales, sino que defienda producción, trabajo, educación, salud, ciencia y seguridad social.

¿Hora de un frente federal?

La propuesta es clara: provincias y municipios deben dejar de actuar aisladamente y construir una alternativa nacional. Un gran frente federal que reúna a trabajadores, jubilados, empresarios nacionales, universidades, organizaciones sociales, municipios y provincias afectadas. No se trata solo de oponerse a Milei, sino de defender otro proyecto de país frente al modelo que impulsan Trump y Milei para la Argentina.

Un país federal, productivo, soberano e inclusivo exige unidad, coraje y una decisión política: no aceptar que el futuro de las mayorías sea el precio de ningún cambio de paradigma.

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